martes, 5 de febrero de 2013

Libros usados




"Sus páginas amarillas tienen memoria, conservan la personalidad e historia del que los leyó y alegran a su nuevo dueño con las mismas palabras usadas"


Imaginemos que optamos por leer un libro, cuya edición impresa no logramos encontrar en las bondadosas librerías del país (contadas con los dedos una mano) . Si es un libro relativamente actual lo más probable es que lo encontremos en formato electrónico,  si es un clásico es seguro que estará en algún rincón cibernético, pero  y ¿qué si nuestro orgullo literario nos exige tener el papel en nuestras manos y dejar de lado la tecnología? ¿Qué si el título que buscamos simplemente es especial y queremos preservarlo en nuestro estante?

Hace un par de meses en el club quisimos leer "La vida exagerada de Martín Romaña" del peruano Bryce Echenique, desistimos porque por más que googleamos no encontramos la versión electrónica, probablemente nuestras habilidades de búsqueda no fueron las óptimas. En cuanto a la edición impresa le sabía a chino a los empleados de las librerías.

No yendo tan lejos, cuando leímos "Cuentos de cipotes" del ícono del costumbrismo salvadoreño Salvador Salazar Arrué, no había ni un solo ejemplar en las librerías, fue ahí cuando me surgió la idea: ¡Buscar en los libros usados!, casualmente en ese mes salió a la venta una recopilación de la obra del escritor en dos tomos, al final me quedé con las ganas del ejemplar con los dibujos de Maya en la portada y mirar con envidia -de la buena- a los que desempolvaron sus libros con recuerdos escolares.  Entre otras cosas esto me llevó a pensar que las nuevas generaciones no leerán cuentos de cipotes y muchas cosas más, pero bueno, ésta es harina de otro costal.

Leyendo este artículo me surge la gran pregunta: ¿Dónde encontrar libros usados en El Salvador? 
De mis recuerdos puedo nombrar el parque San José en el centro de San Salvador donde había pequeños negocios que hasta la reciente reestructuración del centro histórico fueron desalojados y tal vez reubicados, ¿alguien sabe qué fue de ellos?

También está el famoso negocio- por llamarle de alguna forma, supongo que este tipo de negocio es más por amor que por las ganancias que puedan obtenerse- “Segunda Lectura” situado en Mejicanos que fue fundado hace unos veinte años. Aquí un reportaje de hace un tiempo.

Haciéndolo más personal, ¿qué título desearían tener, que ha sido imposible obtener y que estarían dispuestos a aventurarse -no por peligroso, si no por difícil- a buscarlo de segunda mano?

7 comentarios :

  1. Gracias por tu post Judith, se nota que a pesar de usar y valorar la tecnología, tenés en gran estima el libro impreso y todo lo que esto implica a nivel emotivo.

    Esta entrada me trae a la mente el post en el que Vicent propuso que discutiéramos el tema de las "Batallas inútiles. Libros vs. Internet", y en el que se me pasó por alto comentar.

    Más allá de lo que pueda opinar sobre las tendencias de la modernidad, de la extinción de algunos medios y la evolución de los métodos, del impacto ecológico del uso y abuso de algunos recursos naturales, etc., personalmente nunca he tenido preferencia por leer de una forma en particular. Siempre me resultó cómodo leer en libros impresos, en la computadora o, más recientemente, en un lector electrónico. Tampoco ha sido demasiado importante para mi que los libros fueran míos. La inmensa mayoría de cosas que he leído han sido libros prestados de alguna biblioteca o de algún amigo. Hay otros que compré, leí y luego presté o regalé (y es que tantas veces prestar libros equivale a regalarlos). El resto de mis lecturas han sido en formato digital.

    Pero si reconozco que tengo un apego muy especial por unos pocos libros impresos que representan algún recuerdo que atesoro, y por eso creo captar bastante bien la esencia de tu post sobre los libros usados.

    Los Cuentos de Cipotes de Salarrué que llevé al club, es un librito que me regaló un tío que fue como mi segundo padre, y que murió solo unos años después. El tío Jorge me obsequió cualquier cantidad de regalos, pero ese libro enzarza mil cosas emotivas para mi. Encima es un libro entrañable: narraciones contadas en ese lenguaje infantil pletórico del autoctonismo salvadoreño, con toda la sencillez, el ingenio y la franqueza de nuestra gente, la gente de nuestro país, sí, pero de otro tiempo, uno más próximo al de nuestros padres que al nuestro, y que de algún modo mi tío me estaba heredando en ese ejemplar.

    Revivo con saudade el día en que el tío Jorge me llevó a comprarlo en la librería de la UCA, y recuerdo bien como me lo leí con alegría y entusiasmo infantil, mientras preguntaba que significaba cada expresión que no entendía.

    Tenés mucha razón, hay mucho mas que letras en esas páginas amarillas...

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  2. Judith,Que bonito su comentario, me hizo pensar en mis libros viejitos!!! yo cuido y adoro mis libros, soy tan celosa con ellos que si los presto (porque no es justo privar de las buenas lecturas a nadie), hasta anoto nombre de a quien lo presto y fecha, lo dejo en el lugar donde estaba el libro y en un determinado tiempo,cuando considero que ya es hora de que me lo vuelvan, les recuerdo diplomáticamente, que pasó lo terminaste?, te gustó?.
    Actualmente se han multiplicado los medios para leer , y es algo positivo, pero yo crecí con los libros impresos, aprendiendo en ellos desde las vocales, los números,valores, me enseñaron a soñar, y prácticamente me han formado tanto intelectualmente y como persona, por lo que considero son tan significativos e importantes para mi.

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  3. Judith, qué bonito su post, me ha hecho reflexionar que realmente, los libros impresos representan tanto en nuestras vidas, hemos crecido junto allos, y nos hemos formado con ellos, desde las vocales...por ello es tan difícil desprenderse de ellos, aunque para bien, ahora contamos con multiples medios para leer, pero como dicen, el primer amor es el primer amor!!

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  4. Judith, qué bonito su post, me ha hecho reflexionar que realmente, los libros impresos representan tanto en nuestras vidas, hemos crecido junto allos, y nos hemos formado con ellos, desde las vocales...por ello es tan difícil desprenderse de ellos, aunque para bien, ahora contamos con multiples medios para leer, pero como dicen, el primer amor es unico!!

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  5. Mirá que me has hecho hacer un ejercicio de memoria con este post. Yo tengo varios libros impresos que también me remueven sentimientos bien lindos. Casi todos relacionados con mi papá.
    Y es que él fue quien me compró Cuentos de Cipotes con las ilustraciones de Maya, en una de esas salidas al Parque Saburo Hirao. En esa misma ocasión también nos compró a mis hermanas y a mi Cuentos de Barro. Recuerdo que mis hermanas mayores no me dejaban ver los libros embelesadas con las imágenes, pero ninguna leyó nada.
    Cuando al fin los soltaron los abracé y ya nadie más pudo tocarlos, hasta que de vez en cuando, por las noches, mi papi nos llegaba a leer a todas alguno de los cuentos. Era maravilloso escucharlo porque, además, los dramatizaba de una manera tan divertida, que aún ahora casi treinta años más tarde me da mucha risa recordarme.
    Asimismo te puedo mencionar la experiencia de ir al parque San José con la lista de los libros que nos daban en el colegio y que correspondían a las lecturas de todo el año. Me encantaba ir porque mi papá lograba conseguirme todos los libros al mismo tiempo y, de esa manera, me podía ir adelantando a las lecturas y leer a mi propio ritmo que, en ese tiempo, era mucho más acelerado que ahora.
    Por otro lado, siendo que durante 17 años trabajé para una ONG que funciona como una editorial, se de primera mano toda la labor, el tiempo, el esfuerzo y la dedicación que conlleva imprimir un libro. La sensación de recibirlos el primer día directamente de la imprenta y sentirles aún el olor a la tinta y al papel no tiene comparación alguna. Sin duda, cualquier otra forma de lectura electrónica es válida, rápida y sumamente conveniente, pero el sentimiento que llevan los libros es infinitamente incomparable.

    Hace un par de años escribí un post relacionado. Lo pueden leer en este enlace: http://gatoporletra.blogspot.com/2009/11/internet-y-la-agonia-de-gutenberg.html

    Gracias por hacerme desempolvar estos recuerdos Judith!

    Un abrazo

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  6. Hace algunos años conocí la "Segunda Lectura", y debo reconocer que me emocionó mucho porque el señor que atendía (muy mayor ya) hacía que la gente que llega por primera vez firme "el libro de visitas" y eso hizo que aquello dejara de ser una simple salida a comprar libros, y tuviera más bien algo así como un aire de misticidad que la hizo más interesante. Recuerdo haber comprado allí un libro para mi mamá y otro para mí... Sin duda, los libros usados son algo así como las "personas mayores", que por haber vivido más, supenen respeto y tolerancia... ¿Que se le arrancan las páginas y hay que tratarlos con cuidado? Sí, pero no por eso, les queremos menos, ni nos dejan de gustar, ni mucho menos nos hacen pensar que ya no son valiosos...

    Los libros usados me gustan porque cuando abro sus páginas, a menudo pienso en todas las manos que lo han tocado y en toda la energía que le han dejado las personas que un día, igual que nosotros, leyeron lo que cuentan y se dejaron tocar por sus historias...

    Muchas gracias Judith por invitarnos a pensar en los libros que, de mano en mano, se gastan y se vuelven inolvidables...

    Ma. Of

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  7. Judith, que bonito post! También he recordado mis paseos por el parque San José buscando las "obras" que nos dejaban en el colegio, debieramos hacer una excursión a una venta de libros usados, a ver que joyas podríamos encontrar por allí.

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