lunes, 16 de septiembre de 2013

Los héroes tienen sueño, comentario

El jueves pasado (a tiempo para la reunión del Club de La Buena Estrella en el Koffee Mix de Multiplaza) completé la lectura de "Los héroes tienen sueño" de Rafael Menjívar Ochoa. El balance resultó positivo en mi opinión. Me parece que las experiencias del narrador sin nombre, construyen una historia bien contada, entretenida, sin excesos ni limitaciones; pero lo suficientemente oscura, afilada, cínica y perturbadora como para encajar en el tipo de relato que se espera de la novela negra. El tono de la narración incluso me evocó la manera en que se cuentan en primera persona cada una de las historietas en Sin City, que más tarde me enteré que era una película que le gustaba mucho al escritor de nuestro libro del mes.

Los personajes de el Coronel, el ronco, el perro, Ortega, Inés y el narrador no necesitan demasiadas descripciones para que lleguemos a conocerlos. Nos bastan sus intervenciones.

Unos cuantos diálogos del coronel son suficientes para reconocer al personaje oscuro, cínico, manipulador y desalmado que no por eso deja de ser perfectamente coherente con su naturaleza, sus percepciones, sus intuiciones y sus credos personales. Tal es así que el ronco, el perro y el narrador se juegan y hasta pierden el pellejo por él. Y no es un tema de lealtad, sino un asunto de admiración. Así es como funciona la cadena de mando en cualquier organización, de cualquier naturaleza. En principio se obedece a un jefe porque así lo dispone la estructura. Pero cuando la estructura se disuelve y quedamos a nuestra suerte, cuando pudiendo ser libres decidimos seguir sujetándonos a las directrices de alguien que ya no es nuestro jefe, ocurre una de dos cosas: O tenemos miedo o es evidente que admiramos el carácter, el conocimiento, la experiencia o la clarividencia de quien sabe qué decir y qué hacer en situaciones que abruman a los demás. Las estructuras nos imponen un jefe, pero somos nosotros quienes elegimos un líder. Y en los momentos de terror y oscuridad, emerge el líder menos pensado. La sociedad humana termina entonces por dividirse en pastores y rebaños. Líderes y manadas, así de simple.

El coronel es esa clase de líder. Y no es porque lleve una causa inspiradora ni mucho menos. Es porque no tiene ningún reparo en hacer lo que cree que debe hacer, El coronel hace lo que sea "necesario", por sucio o peligroso que eso sea. Y en eso ha probado ser muy efectivo. En una estructura criminal, donde los individuos funcionan con esos códigos, esa es una cualidad admirable, algo para valorar y respetar. Es el plus de Vito y Michael Corleone en "The Godfather". Es también la marca diferenciadora del Coronel Walter Kurtz en "Apocalypse Now".

Para quienes tratamos de mantenemos dentro de los márgenes de lo legal y lo correcto, para aquellos que opinamos sobre las guerras o la violencia social desde nuestras cómodas y seguras mesas de café, los códigos de estos tipos violentos resultan crueles, inhumanos, primitivos, deplorables. Y lo son. Pero ese accionar salvaje tendría otro sentido y otra interpretación si lo viviéramos de primera mano, ahí donde asustan. Recuerdo la siguiente frase en la polémica película de 1976:

"No creo que existan palabras para describir todo lo que significa, a aquellos que no saben qué es, el horror. El horror. El horror tiene rostro. Tienes que hacerte amigo del horror. El horror y el terror moral deben ser amigos, si no lo son se convierten en enemigos terribles, en auténticos enemigos. He visto horrores... horrores que usted ha visto. Pero no tiene derecho a llamarme asesino. Tiene derecho a matarme, tiene derecho a hacerlo, pero no tiene ningún derecho a juzgarme".
Coronel Walter E. Kurtz (Marlon Brando), Apocalypse Now

En una linea semejante en Los héroes tienen sueño, el Coronel era el tipo que se encogía de hombros con indiferencia cuando un inocente debía morir en alguna de sus operaciones. "Así es esto", decía sin traumas, complejos ni remordimientos. El narrador se explaya al describir su comportamiento:

"Manejaba bien su Mustang verde, con todo y la mano mala. Le gustaba trabajar directamente en la mayoría de casos, interrogar, soltar bala, todo: A mí se me hacía medio enfermo; para eso estábamos nosotros. [...] La mano derecha del Coronel era un muñón morado, con pedazos de dedos que no paraban de moverse. Hacía como quince años el guardaespaldas de un narcotrafícante le había descargado una subametralladora. La mayoría de las balas le dieron en la mano derecha y dos o tres en el cuerpo. El Coronel —que entonces era un capitán a punto de convertirse en cadáver— contestó disparando con la izquierda, a pesar de que no era zurdo ni en sus ratos libres. Y así. chorreando sangre por todos lados, se metió en la casa del narco, lo despachó junto con otro par de guardaespaldas y todavía le alcanzaron las fuerzas para llamar por radio y reportar que todo había salido bien. Como pago lo ascendieron a coronel y lo pusieron al frente de la Sección.[...] El Coronel no podía estar loco. Siempre se portaba igual que como decía el Ronco. Los ojos no quieren decir nada excepto cuando uno se muere. Se ponen vidriosos. El viejo era gente rara. Cualquiera con unos muñones como ésos es gente rara. Cualquiera que ha visto la muerte tan de frente es gente rara. ¿Quién chingados no es gente rara?"

El ronco, el perro y el narrador, matones todos, son lobos de diferentes perfiles. El ronco y el narrador se habían moldeado como asesinos fríos y brutales en la manada del Coronel. Pero el ronco había tenido un proceso extraño. Tuvo modales y escrúpulos primero. Luego se volvió violento al extremo, incluso con sus compañeros. Hasta que el perro le rompió la nariz y le metió la pistola en boca, el ronco se las empezó a dar de profesional. 

El narrador era el mejor preparado. Estudios técnicos y universitarios y varias capacitaciones en el exterior. "¿Y para qué te sirvió tanto quemadero de pestañas? ¿Para que te pasaras todos estos años siguiendo y matando gente? Para matar cristianos no hacía falta tanta estudiadera", decía el Coronel. Y el narrador lo admitía. "Era cierto. Toneladas de teoría criminológica, toneladas de prácticas, cursos de operaciones especiales, infiltración y no sé cuántas porquerías para convertirme en asesino de periodistas con pulmonía. Estuve tres años en la federal y hasta llegué a hacer trabajos buenos. En una de ésas le gusté al Coronel y me transfirieron. De teniente pasé a nada, pero me pareció un buen trato: entrenamiento un par de veces a la semana y trabajo muy de vez en cuando. Sólo operaciones encubiertas, infiltración de organizaciones y una red de delatores para dar miedo. De mi red no le daba cuentas ni al Coronel. Mi saldo era de catorce cadáveres comprobados a favor y varios raspones en contra."

El perro parecía más del tipo vocacional. Era el experto en violaciones y torturas. También era el único casado y con hijos. Hasta se ponía sentimental de vez en cuando. Según el narrador, "el Perro era raro: era capaz de limpiarse los dientes con las uñas del que acababa de matar y preocuparse por las notas de sus hijos y por el dolor de muelas de su mujer".

Hay una sola mujer en la historia: Inés, la prostituta de Rio Lerma, y no es precisamente la femme fatale típica de las historias noir. Asidua del narrador, Inés incluso cocina para él, le lleva una Alka Seltzer la mañana de resaca y alguna vez le perdona el pago si la lleva al cine. "Le faltaba un par de muelas, pero era simpática. La verdad me sentía a gusto con ella", confiesa el narrador. "No es que fuera guapa. Tenía una cara demasiado redonda y los ojos muy juntos. Tenía voz de puta. Pero era simpática".

Con una vida vacía y sin expectativas, con la muerte acechando a la vuelta de la esquina, el narrador hasta contempla la idea de casarse con Inés, "o con otra que no presumiera de decente". Piensa incluso en heredarle todos sus ahorros, pero no sabe más que su nombre, sin apellido alguno. En un paseo a la playa, el narrador cuenta que "Inés se puso un traje de baño de una pieza que no enseñaba más de lo que hubiera enseñado la esposa de mi amigo el abogado. Tenía buen color y un cuerpo más bonito de lo que creía. Le quedaba el papel de señora de vacaciones. Uno nunca termina de sorprenderse con las putas."

Los héroes tienen sueño es corto y puntual, quizá demasiado para mi gusto. Pero tiene a su favor el hecho de que, sin ser descriptivo en demasía, logra con mucho éxito poner al lector en la escena y captar la atmósfera de la misma. También es cierto que aun cuando uno deplore el comportamiento violento y el accionar corrupto de los personajes, es inevitable tomar bando a medida que se lee, como suele pasar en las novelas y películas del género. No deja de sorprender cómo uno puede llegar a sentir, sino simpatía, al menos empatía hacia el narrador. Y eso nos dice mucho de la medida en que los seres humanos reaccionamos y nos adaptamos al entorno, demuestra cuan corruptibles somos, y habla de la capacidad humana para sublimarse o degradarse.

Algo que me llamó mucho la atención es que el  libro está escrito de manera muy semejante al guion de una película. Es un principio fundamental del guion, que una página dure la media de un minuto de acción. Pues bien, Los héroes tienen sueño consta de 87 páginas, justo la extensión. Empero, es una lástima que no haya una versión cinematográfica para verla como club.

6 comentarios :

  1. Henry, gracias por tu comentario. Mi valoración del libro también es positiva, pese a mi gusto por las largas y detalladas descripciones, siento que no me queda debiendo detalles. Sí es una pena que no haya adaptación cinematográfica, sería grandioso que hubiera una película o, mejor aún, una serie con todas las novelas negras de Rafa.

    Yo sigo rescatando aquellas frases que, en medio de lo cruento de la historia, evocan ternura. Creo que es un sello de Rafael. No solo como recurso literario, sino como algo que se le sale de su carácter y personalidad.

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  2. Me gustó este post! No había podido leerlo porque consume mi tiempo los preparativos de la boda (ya siento que aburro con esta excusa pero a mi pesar, no es una excusa, es mi realidad, ejejjeje)

    Terminé de leer el libro el jueves después del club y puedo decir que me parece un libro interesante y pienso que es una lástima que no se publique lo suficiente sobre nuestros autores. Tenemos a nuestros adolescentes leyendo twilight pudiendo leer libros mucho más interesantes escritos por salvadoreños.

    Mi personaje preferido en este libro es el coronel...me gusta cómo lo ha construido Rafael, uno lo llega a respetar, por absurdo que suene. Yo me lo imagino representado en una película por Damián Alcázar (el la Ley de Herodes)

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  3. Loida:

    Sé bien cuanto disfrutaste leyendo el libro con la voz del autor en la cabeza, un privilegio que sólo quienes conocieron a Rafael Menjívar Ochoa pueden presumir.

    Y estoy muy de acuerdo, sería genial que se filmara la serie completa de novelas noir que él escribió. Gracias por tu comentario ;)

    Karla:

    Qué bueno que te gustó el post. Me imagino el reto que supone encontrar el tiempo para la lectura en medio de los preparativos de la boda, pero es encomiable que estés haciendo el esfuerzo. Seguro que todo va a salir bien ;)

    Y por supuesto que es una lástima que no se divulgue y fomente lo suficiente la obra de autores nacionales. Creo que es un reto en el que podemos tratar de aportar como club.

    Es destacable el personaje de el Coronel, ¿verdad? Damián Alcázar es bueno. Pero fijate que desde que el personaje de el Coronel apareció en el libro y cada vez que intervenía, yo me lo imaginaba como el General Arturo Salazar de la película Traffic (2000), muy bien representado por el veterano actor cubano Tomás Milián.

    http://klipd.com/watch/traffic/general-salazar-desert-opening-scene

    Gracias por comentar!

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  4. Recién terminé el libro, a pesar de ser un libro tan pequeño tuve muchas sensaciones encontradas.
    He estado en mi mala racha con la lectura, no había tenido un respiro para leer de corrido,tal vez por eso el comienzo me pareció aburrido, lo empecé tantas veces y no lograba despegar.
    En cuanto logré pasar las primeras páginas seguía leyendo con recelo, porque los lugares, la gente, la jerga, parecían cualquier cosa menos salvadoreño. El tema de la violencia, la contrainteligencia, política e instituciones maleadas de otro país me tomó por sorpresa, teniendo en El Salvador tantas cosas buenas y malas que contar. ¿Quién me manda a leer de último la biografía? Al leer un post anterior me entero que el autor vivió por 23 años en México, esto lo explica todo.
    Leí la versión electrónica y encontré un error en la historia, resulta que el perro llega a la casa del narrador y da la noticia que el ronco murió. A partir de ese momento en el relato se nombra indistintamente al acompañante del narrador como el ronco o el perro.

    Sólo el Perro tocaba así.
    —Se acaba de morir el Ronco —me dijo.
    —Me dijo que si salía vivo se iba a largar.
    —Eso decimos todos.
    .......
    El Ronco sacó una botella de ron de abajo del fregadero.
    —¿Todavía sirve?
    —Aguarrás puro.
    Se tomó dos tragos, con calma. Estaba demasiado tranquilo.



    El Perro le aventó la pistola a la cara y el otro perdió el equilibrio tratando de evitarla
    ........
    Lo tiramos por encima de la barda de una casa y después saltamos nosotros
    ........
    Un tipo salió al patio con un palo de escoba preguntando quién era. Le contestamos. Empezó a protestar porque aquello era un abuso, el Ronco le recetó la Mirada Casual Número .38 y con eso bastó para que hasta se ofreciera a ayudarnos a cargar a “nuestro compañero"
    ........
    Nos dijo que si queríamos podíamos usar su teléfono y llevarnos lo que nos gustara. Al Perro le gustó su mujer, pero a ella no le gustó el Perro


    —No está muerto —le dijo el Perro—. Y si no se calla le rompo el hocico.
    El hombre le dio una cachetada a la mujer y ella se fue corriendo a una recámara. Su marido nos pidió disculpas.
    —Oye bien —le dijo el Ronco—: vamos a chambear un rato y tú te quedas quietecito. Si oyes algo o si ves algo te quedas tranquilo.

    A mi parecer la historia está bien contada(ya fuera de los prejuicios nacionalistas) a pesar de ser pequeña logró despertarme y estar al pendiente del Coronel, el perro y el narrador en el asunto con Ortega. Me gustó mucho esta frase: "......urgía que alguien nos dijera qué hacer, lo que es haber nacido para gato"

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  5. Judith, you are alive! :D

    Que bueno que pudiste terminar el libro. Tenés razón en los errores que mencionas. También Karla nos comentó sobre eso en la reunión de la semana pasada. Y en efecto, por un tema de expresiones y situaciones suena como algo escrito por un mexicano. No obstante, la realidad de corrupción y violencia institucional es fácilmente extrapolable a muchos otros paises latinoamericanos, incluso el nuestro.

    Que bien que después del arranque dificultoso finalmente lo completaste y te satisfizo. Ojalá podás entrarle a Amélie Nothomb y acompañarnos en el club de hoy. Saludos!

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  6. Hola.

    Yo terminé el libro la semana pasada, pero no he tenido tiempo para comentar.
    Lo leí en dos días, la verdad sí me gusto, es un libro sencillo que tiene un tema claro. Pero, curiosamente a mi lo que más me impacto fue el hecho que el personaje principal se planteara iniciar una nueva vida, al margen de su trabajo tan "particular" pienso que ese deseo de tirarlo todo e iniciar de cero, es algo que a todos nos ha pasado en algún momento, o por lo menos a mí, me esta pasando muy seguido esa idea por la cabeza respecto a mi trabajo.
    Reconozco que leía con cierta envidia, cuando el personaje habla con el coronel y le dice que lo dejará todo, por que "simplemente, uno tiene que tener el derecho de decidir a quien matar", y jugue con la idea en mi cabeza preguntandome, si, algún día me atrevería yo ha hacer algo igual; la verdad creo que estaba leyendo el libro, al final de una semana sumamente estresante y por eso sentía el deseo de decir, dejo esto, por que "simplemente, uno tiene el derecho de decidir que hacer y que no hacer".
    Por otro lado, yo también me fije del error de la confusión entre el ronco y el perro, coincido mucho con Judith, en cuanto a la historia bien contada e incluso en la frase, que también es mi favorita "......urgía que alguien nos dijera qué hacer, lo que es haber nacido para gato".
    Tanto este libro y sobre todo la "Contadora de Películas", son una muestra que no es necesario un libro extenso paranarrar una buena historia y despertar el interés del lector.

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