jueves, 7 de noviembre de 2013

Fiódor Dostoyevski, algunos datos biográficos


Fiódor Mijáilovich Dostoyevski es uno de los principales escritores de la Rusia Zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX.

Nació: 11 de noviembre de 1821, Moscú, Rusia
Murió: 9 de febrero de 1881, San Petersburgo, Rusia
Películas: Noches blancas, Los hermanos Karamazov, Saawariya, Los poseídos, El jugador, Pickpocket, Estudiante
Hijos: Lyubov Dostoyevskaya, Sonya Dostoyevskaya, Fyodor Dostoyevsky, Alexey Dostoyevsky
Cónyuges: Anna Dostoyevskaya (m. 1867–1881), Marya Dimiitryevna Isayeva (m. 1857–1864)

Durante su juventud se vio influido profundamente por su padre, un médico retirado del ejército, alcohólico, avaro y sensual. Cuando el pequeño Fiódor tenía 11 años, su padre adquirió unas fincas en la provincia de Tula con la intención de llevar una vida de terrateniente y trasladó su familia allí. En 1838, el joven Fiódor partió, por decisión de su padre, hacia San Petersburgo, para ingresar en la Escuela de Ingenieros Militares, aunque él no se encontraba a gusto con sus estudios técnicos. 

Murió su padre y, luego de graduarse, decidió dedicarse a la Literatura, al punto que llegó a publicar su primera obra, Pobres gentes, obteniendo una gran repercusión. A esta obra la siguió El doble que, al igual que otros trece esbozos escritos por Dostoyevski en los tres años siguientes, centró su atención en la situación de los pobres y desheredados, en sus humillaciones y sus reacciones ante ellas.  

Paralelamente, se sumó a un grupo de jóvenes intelectuales que estudiaban las obras de los socialistas franceses, prohibidas por el zar. En el grupo logró infiltrarse un miembro de las fuerzas de seguridad y todos los integrantes del grupo terminaron en prisión. Sufrieron el destierro a Siberia y fueron condenado a muerte. Pero salvaron sus vidas minutos antes de la ejecución, al recibir una conmutación de penas. Fiódor fue condenado a cuatro años de trabajos forzados en Siberia y a desempeñarse luego como soldado raso. Tal vez como consecuencia de las situaciones de extrema tensión vividas, comenzó a padecer ataques de epilepsia, que lo acompañarían durante toda su vida. 

Durante su período en prisión sólo leyó la Biblia. Influido por esa lectura rechazó el socialismo ateo, del que había sido partidario en su juventud. La cárcel le permitió también descubrir cómo entre los mismos delincuentes se daban gestos de altruismo y nobleza, lo que le permitió profundizar en la complejidad del espíritu humano. En 1854 fue liberado de prisión y enviado como soldado a una unidad militar en Mongolia. Allí vivió por un lapso de cinco años, luego de los cuales lo autorizaron a regresar a San Petersburgo. 

Regresó junto a la mujer con la que había contraído matrimonio, una viuda enferma de tuberculosis. Luego de diez años de prisión y exilio, pudo retomar su carrera literaria. Fundó, junto a su hermano Mijáil, una publicación mensual llamada Tiempo. Allí fueron apareciendo, por entregas, algunas de sus nuevas obras, como Memorias de la casa muerta y Humillados y ofendidos (1861). Luego publicó Notas de invierno sobre impresiones de verano (1863). La revista Tiempo fue cerrada por las autoridades por haber publicado un artículo supuestamente subversivo. Junto a su hermano inició una nueva publicación, Época, que tendría una vida más corta aún. Allí publicaría la primera parte de Memorias del subsuelo. 

En 1864 falleció su esposa, luego de una penosa convalecencia, y también su hermano, cuyas deudas, de las que tuvo que hacerse cargo, lo dejaron en la ruina. Para salir de su situación económica desesperante tramitó un crédito que le fue concedido contra el compromiso de presentar una nueva novela en no más de un año. Cumpliendo con ese compromiso escribió El jugador (1866). Al poco tiempo contrajo matrimonio con Anna Snitkina, la mecanógrafa que contratara para transcribir su obra. Escapando de sus acreedores, Dostoievski pasó los años siguientes fuera de Rusia. A pesar de su situación económica angustiosa, durante este período continuó su labor de escritor, publicando Crimen y castigo (1866) y Los endemoniados (1871-1872). Retornó a Rusia recién en 1873, portando ya el halo del reconocimiento internacional como escritor. En 1880 publicó Los hermanos Karamazov. Poco tiempo después murió en San Petesburgo; corría el mes de febrero de 1881.

En toda su obra mostró Dostoievski un inmenso interés por el hombre de su tiempo. Estaba convencido de que el futuro de la humanidad se hallaba en juego. Por eso sus obras no abordan temas históricos sino actuales. “El hombre en la superficie de la tierra no tiene derecho a dar la espalda y a ignorar lo que sucede en el mundo, y para ello existen causas morales supremas", decía. Y su realismo no se detuvo ante las facetas más oscuras del espíritu humano sino, por el contrario, penetró en ellas, colocando a los héroes de sus novelas en las situaciones más extremas, rastreando sus conflictos interiores y sus motivaciones más profundas. Consideraba su deber, en cuanto escritor, encontrar el ideal que late en corazón del hombre, "rehabilitar al individuo destruido, aplastado por el injusto yugo de las circunstancias, del estancamiento secular y de los prejuicios sociales.”

La temática, y el modo de abordarla, de sus novelas trágicas se adelantó en el tiempo a los estudios psicoanalíticos sobre el inconsciente, al surrealismo y al existencialismo. En cuanto a lo estrictamente literario, tal vez haya sido su mayor aporte el haber colocado al narrador dentro de la obra, dejando la postura externa de quien relata una historia ajena. Este estilo fue retomado posteriormente por autores de la talla de Thomas Mann, Unamuno y Sartre.

Curiosidades sobre su vida
Fiódor Dostoyevski fue, probablemente, el escritor más angustiado de todos los tiempos. Durante toda su vida estuvo perseguido por la enfermedad, las deudas y los miedos. Fue un hombre verdaderamente atormentado. Nació en el mismo manicomio donde su padre trabajaba como médico. Dicen que tuvo desde su infancia extraños temores, oía voces, creía en fantasmas, hablaba con apariciones.

Probablemente su brutal hipocondría estaba más que justificada. Conoció como pocos hombres la miseria del subsuelo, de la continua recaída, del golpe en el abismo. Pero sin duda el acontecimiento más impactante de su vida ocurrió en 1849. Como se ha anotado ya, se había unido a un grupo de intelectuales que se reunían para comentar las obras de los escritores socialistas franceses, que por aquel entonces estaban prohibidos por la política totalitaria del Zar Nicolás I. El grupo terminó siendo descubierto. Detenidos sus miembros, fueron encarcelados y condenados a muerte. Dostoyevski llegó a estar delante de un pelotón de fusilamiento, atado a un palo con una soga y con la fosa delante de él mismo. La amnistía del Zar había llegado poco antes, y en ella se conmutaba la pena máxima por una condena a trabajos forzados en la fortaleza de Omsk, en Siberia. No obstante el capitán del pelotón, deseoso de atemorizar a los indultados, decidió continuar la escena de la ejecución hasta su penúltimo movimiento, llegando incluso a dar la orden de abrir fuego. Las consecuencias de esta macabra broma fueron devastadoras. Algunos de los compañeros de Dostoievski perdieron el juicio, y el propio escritor, aunque ganó en lucidez, vivió siempre bajo los efectos adversos de la experiencia que le marcó para el resto de su vida.

Ya de adulto tenía fuertes recaídas por causa de la epilepsia, ataques que lo dejaban exhausto y postrado en la cama sin actividad durante días, su primera crisis epiléptica fue a los 17 años después de enterarse que su padre había sido asesinado por sus campesinos, quienes lo veían demasiado autoritario. Fue durante la época de su destierro en Siberia cuando sus ataques se volvieron más frecuentes y generalizados. Durante estos años experimentó su primera crisis Grand-mal - con convulsiones generalizadas- y desde 1853, con 32 años, las sufría regularmente a finales de cada mes.

La enfermedad apareció a lo largo de su obra haciendo  partícipes de sus ataques a numerosos personajes de sus narraciones y novelas, de los que el más conocido fue el conde Myschkin en la novela "El Idiota". Este personaje narra en los escritos de  Dostoevsky sus éxtasis y lo que se denomina aura extática, un sentimiento de armonía y felicidad absolutas que experimentaba antes de las crisis. "Siento que el cielo ha descendido a la tierra y me envuelve. Realmente he alcanzado a dios que se introduce en mí. Todos vosotros, personas sanas, ni siquiera sospecháis lo que es la felicidad, esa felicidad que experimentamos los epilépticos por un segundo antes de un ataque".

Los ataques comenzaban normalmente por la noche. Primero un ligero picor en las manos y luego la nada. Tenía crisis generalizadas, que cursaban con convulsiones en todas las extremidades, pérdidas de memoria, dificultad al respirar, taquicardia, espuma en la boca y periodos postictales largos con presencia de afasia y depresión. Todos estos signos, junto con las auras estáticas y la ausencia de enfermedades neurológicas o psiquiátricas hacen suponer que Dostoyevsky sufría Epilepsia del Lóbulo Temporal.

Dostoievski, una vida de locura
Fiódor Dostoyevski nació en el manicomio en que trabajaba su padre como médico. Durante su infancia mantuvo permanente contacto con los enfermos mentales, lo que sin duda marcaría su obra literaria. Se anticipó a la moderna psicología, al explorar los motivos ocultos y llegar a comprender de un modo intuitivo el funcionamiento del inconsciente, que se manifiesta claramente en las conductas irracionales, el sufrimiento psíquico, los sueños y los momentos de desequilibrio mental de sus personajes.

Algunas frases
  • El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive 
  • Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos 
  • Es al separarse cuando se siente y se comprende la fuerza con que se ama. 
  • Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad. 
  • Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular. 
  • ¡Cuán bueno hace al hombre la dicha! Parece que uno quisiera dar su corazón, su alegría. ¡Y la alegría es contagiosa! 
  • La mujer, sólo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.

Memorias del subsuelo
Cuando un lector se encuentra con un libro como este, comprende las razones por las cuales resulta tan difícil precisar los límites de los géneros literarios. De un lado, porque la innovación que se viene alcanzando en términos de lenguaje ha contribuido a franquear las barreras de lo que en otro tiempo pudo encerrarse bajo nociones como novela o poesía; pero, además, porque la literatura, en conjunto, se ha movilizado hacia saberes cuya naturaleza no es esencialmente ficcional, como la filosofía o la política, estableciendo con ellos un espacio de mutua implicación. Es decir, hay obras que no sólo ponen en crisis el canon literario al combinar las cualidades de varios géneros, sino también al trascender el concepto mismo de literatura poniéndolo en diálogo con discursos de origen diferente.

Frente a este tipo de ejercicios pueden rastrearse muchas opiniones: hay un grupo de lectores –muy puristas- que los rechazan categóricamente, argumentando que detrás de ellos se evidencia, ante todo, la incapacidad del autor para valerse de forma estricta de los recursos propios de un género; otro grupo, les da su visto bueno, aunque los celebra con poco entusiasmo, observando que no se trata de una exigencia que deba generalizarse y; por último, ciertos lectores manifiestan abiertamente su preferencia hacia esta clase de obras, señalando que son justamente ellas las que permiten que la literatura se vitalice y evolucione, desligándose de los moldes que la tradición suele atribuirle. Sólo una verdad irrebatible está más allá de estas diferencias, y es que obras así no se hallan fácilmente, puesto que su condición primaria es la de la excepcionalidad.

La certeza de estar frente a un libro de esta categoría, capaz de hacer tambalear las zonas de seguridad de la literatura, es lo que lleva a Bela Martinova a afirmar: “Memorias del Subsuelo es una obra de Dostoievski de considerable importancia máxime cuando en sus relativamente pocas páginas se concentra más contenido filosófico que en ninguna otra obra del autor”. Esta no es una novela concebida desde los habituales esquemas del género (héroe, trama, narración), sino a partir de una síntesis con la filosofía, rasgo que la lleva a recorrer un camino en donde predomina la libertad creativa y, sobretodo, “la búsqueda de reflexión y análisis crítico”. Nabokov consideró el libro un desacierto, mientras que Bajtín lo ha convertido en un lugar recurrente de sus ensayos; dos posiciones que revelan todo lo polémico que puede llegar a ser su lectura.

*Fuente:

2 comentarios :

  1. ¡Súper bien está esta reseña María Ofelia! Muchas gracias por publicarla. =)
    A pesar que ya habíamos leído un libro de Dostoyevski (Los hermanos Karamazov), hemos descubierto nuevos datos de él en esta lectura.

    Parece que nuestro hombre está limpio Judith...

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  2. ¡Muchas gracias por toda esta información, María Ofelia! No cabe duda que la vida de Dostoyevski abundó en acontecimientos interesantes y muy diversos; algunos exultantes y otros trágicos y traumáticos, todos constituyentes del monstruo literario que fue. Este es uno de mis escritores favoritos, y el libro del mes está siendo muy revelador sobre las motivaciones, los conceptos, los pensamientos y las reflexiones que fundamentan y justifican la obra de Dostoyevski. La lectura de Memorias del subsuelo ha sido una excelente elección. ¡Gracias de nuevo!

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