lunes, 6 de enero de 2014

¿Quién es José Ovejero?


José Ovejero, escritor (12 de abril de 1958, Madrid, España)

José Ovejero según la reseña biográfica al final de la edición Alfaguara de La invención del amor:

José Ovejero (Madrid, 1958) vive en Madrid y Bruselas, donde combina su pasión por la literatura con las colaboraciones periodísticas. Desde que ganara el Premio Ciudad de Irún 1993 con su poemario Biografía del explorador, ha cultivado todos los géneros, siendo especialmente reseñables su libro de viajes China para hipocondríacos, merecedor del Premio Grandes Viajeros 1998, y su novela Las vidas ajenas, ganadora del Premio Primavera 2005. Desde su primer galardón hasta el último, el autor ha continuado cultivando el género narrativo con novelas como Añoranza del héroe, Huir de Palermo y Un mal año para Miki, Nunca pasa nada (Alfaguara, 2007) y La comedia salvaje (Alfaguara, 2009) -que obtuvo el Premio Ramón Gómez de la Serna 2010-, con libros de relatos como Cuentos para salvarnos a todos, Qué raros son los hombres (2000) y Mujeres que viajan solas (2004), y con ensayos como Bruselas (1996) o Escritores delincuentes (Alfaguara 2011). En 2012 recibió el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio Estado Crítico por su libro La ética de la crueldad, y publicó su último poemario, Nueva guía del Museo del Prado.

José Ovejero según la página oficial  www.ovejero.info:

Nació en Madrid en 1958. Estudió Geografía e Historia y se licenció con una tesina sobre cultos religiosos egipcios. Poco después se mudó a Bonn, con la pretensión de escribir una tesis doctoral en la Facultad de Egiptología, pero al poco tiempo dejó la Historia para dedicarse a cosas que le interesaban más: la literatura y su familia.

En 1988 se trasladó a Bruselas, donde trabajó de intérprete de conferencias para la Unión Europea hasta que dimitió en 2001. Aunque durante esos años ha escrito sobre todo narrativa, su primera publicación será un libro de poemas narrativos sobre Henry Morton Stanley. Desde entonces ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro, libros de viajes y ensayos, por los que ha recibido premios como el ‘Ciudad de Irún’ de poesía, ‘Grandes Viajeros’ de libros de viajes,  ’Primavera’ de novela, ‘Gómez de la Serna’ de novela y ‘Anagrama’ de Ensayo. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas.

Sus artículos y relatos se publican en diferentes periódicos, revistas y antologías, tanto en España como en el extranjero. Ha dado conferencias e impartido talleres de Escritura creativa en universidades e instituciones culturales en numerosos países. En la actualidad, vive principalmente en Madrid.

José Ovejero según reseña biográfica de Poemas del alma:

José Ovejero no es un nombre nuevo en el mundo literario. Es un autor tranquilo pero que trabaja intensamente y que tiene a un gran número de lectores atentos a sus pasos, para leerle. Cabe mencionar que no sólo se atiene al discurso narrativo, sino que también experimenta con la poesía, textos académicos y ensayos.

Él mismo expresa que cada género le es necesario porque le permite explorar y asomarse a otras literaturas y realidades, cuando dice:

"Aunque hay escritores que pueden contar todo en un mismo registro, yo no puedo, soy un camaleón con mis historias respecto a aquello que quiero contar y busco el mejor formato para escribir lo que quiero transmitir."

Entre sus autores de referencia se encuentran García Márquez, Borges, Cortázar y Vargas Llosa. Un poco extraño si pensamos que este hombre nació en Madrid. ¿Por qué ese afán por la literatura hispanoamericana?

Ovejero confiesa que muchos de su generación, entre los que podría incluirse, despreciaban la literatura española a excepción de unos pocos nombres relevantes. Tal vez ahí reside esa necesidad de nutrirse de registros de otros continentes que le aportaran aquello que no encontraba en sus compatriotas. 

En varias ocasiones comentó que la historia de "La invención del amor" le venía rondando desde hacía varios años y que al concluir su ensayo “La ética de la crueldad”, con el que ganó el Anagrama de 2012, se puso a escribirla. Dice que, pese a su aspecto tranquilo, le gusta escribir de pie, como si una cierta prisa le persiguiera. No se percibe dicha ansiedad al leer sus páginas, pero sí puede notarse un movimiento constante, cosa que podría desentonar con el carácter pausado de su autor.

Actualmente, José Ovejero trabaja como colaborador en prensa y dirige talleres de escritura en diversas universidades del mundo.

José Ovejero desde sus propios ojos:

"Autodidacta y bienintencionado, no era un buen escritor"
Publicado en Primera Memoria el 24/04/2009

He sido precoz en muchas cosas, pero desde luego no lo fui en la literatura. Llevaba escribiendo desde la adolescencia y sin embargo había cumplido ya 34 años cuando publiqué por primera vez una obra mía, Biografía del explorador, libro de poemas con el que obtuve el premio Ciudad de Irún. Hasta entonces nadie había querido imprimir ni siquiera un cuento o una poesía en una de aquellas revistas ciclostiladas que no sobrevivían más de dos números a la indiferencia general. 

Podría decir que los editores son unos ignorantes. O que a los agentes no les interesa la calidad de los autores a los que representan. O que el mundo está lleno de idiotas incapaces de percibir una obra maestra aunque se la pongas delante de las narices. Sean o no ciertas esas afirmaciones, lo que sí es cierto es que yo no era un buen escritor. Si no conseguía publicar, no sólo se debía a mi absoluta falta de contactos en el mundo literario y cultural, a que viviese en el extranjero, a que fuese extremadamente perezoso a la hora de mercadear con mis obras. Todo ello es verdad, pero también lo es que la mayor parte de lo que escribí antes de los 30 años era poco interesante. Ya sé que eso mismo podría decirse de un número considerable de libros que recibían la bendición de los editores e incluso de la crítica, pero la mediocridad general no debe ser nunca disculpa para la propia. 

Hoy tampoco puedo estar seguro de ser un buen escritor. Casi todos creemos serlo, y casi todos nos equivocamos. Pero ganar aquel premio significaba que, al menos, un grupo de desconocidos encontraba cierto valor en mi trabajo. Eso era ya un paso considerable después de años de recibir tan sólo negativas o un grosero silencio de las editoriales a las que envié mis libros. Además, el hecho de que en el jurado estuviesen José Hierro, Colinas, Félix Grande y Paca Aguirre me llenaba de orgullo y de esperanza. 

Fui a recoger el premio con Renate, mi mujer. No recuerdo casi nada del acto de entrega ni de la cena con el jurado. Sí recuerdo que, tras llegar ya de madrugada al hotel, mi mujer y yo decidimos dar un paseo. Cuando regresábamos al hotel, Renate vio que, en las escaleras de un aparcamiento, un individuo abofeteaba a una mujer. No se lo pensó dos veces y recriminó al hombre en alemán, ya que en aquella época casi no hablaba español. él debió de comprender, porque, olvidándose de su compañera maltratada, corrió hacia Renate con la intención de repetir la proeza con ella. 

¿Qué podía hacer yo? No me quedó más remedio que interponerme en su camino, lo que dio lugar a unos minutos de insultos, chulerías y violentos zarandeos. En aquel momento eché de menos el trofeo que había dejado en la habitación del hotel: era un castillo de metal con base de mármol con el que podría haber zanjado la discusión de manera contundente y demostrado de paso la utilidad de la literatura. A las emociones de aquella noche les siguió un nuevo período de calma. Publicar un libro de poesía, por muy premiado que esté, no saca a un escritor del anonimato. Al menos no me sacó a mí. Por suerte, sólo tardé dos años en volver a publicar. El nuevo libro también dio lugar a una pelea, epistolar esta vez y no con un energúmeno vociferante sino con una editora desconsiderada. Estaba claro que mis primeros pasos en el mercado literario iban a ser accidentados. Pero eso es ya otro capítulo.

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