miércoles, 31 de diciembre de 2014

Claudia Hernández, Causas naturales



"El cuento es una experiencia mágica, única y maravillosa, y están los personajes que deben estar, no los escogés vos, suceden, por lo menos en mi caso suceden"
Claudia Hernández


Y para cerrar con broche de oro este maravilloso año de lecturas, le dimos el espacio como libro opcional en el mes de diciembre | viñeta "libre", al libro "Causas naturales" de la escritora salvadoreña Claudia Hernández, quién muy amablemente atendió nuestro llamado de auxilio para saber donde adquirir ejemplares de su libro. Gracias por esta deferencia con nuestro club.

Causas naturales es una compilación de 15 cuentos cortos que ha sido publicada en Punto de Lectura en el año 2013. Los animamos a que lean con nosotros estas interesantes historias y conozcamos más sobre nuestros autores salvadoreños.

Les agradecemos por habernos acompañado en las lecturas del año 2014 y los invitamos a que revisen los libros por leer en el 2015 para que se animen.

¡Feliz año nuevo! y como siempre, ¡Felices lecturas amigos!


FICHA DEL LIBRO

Título del libro           Causas naturales
Viñeta                         Opcional | Libre
Mes                             Diciembre
Autora:                       Claudia Hernández
Nacionalidad:             Salvadoreña
Año:                           2013
Total páginas:            69
Editorial:                    Punto de lectura












DIVISIÓN DE LECTURAS

18/Diciembre/2014
Cuentos del 1 al 7

25/Diciembre/2014
Cuentos del 8 al 15


SINOPSIS

Un paseo —en quince cuentos— por las casas, las calles y las intimidades de una ciudad donde los altos ideales no se diferencian demasiado de los instintos predadores y donde caída y redención son sinónimos.

Tras una serie de pequeñas transformaciones sucesivas, los habitantes de este universo (adultos nuevos), desisten de su intención de transformarlo y se suman a él para defender y acuerpar sus causas naturales.


COMENTARIOS

«La obra narrativa de Hernández ha concedido a la realidad imágenes originales y de un surrealismo convincente, que no concuerda con la versión oficial de la historia.»
Jurado del Premio Anna Seghers

«Claudia Hernández, cuentista de primera línea, fue elegida entre los treinta y nueve mejores escritores latinoamericanos menores de treinta y nueve años.»
Certamen Bogotá, Unesco


SOBRE LA AUTORA

Claudia Hernández es una escritora salvadoreña. Nació en San Salvador, el 22 de julio de 1975. Licenciada en comunicaciones por la Universidad Tecnológica de El Salvador, realizó también estudios de derecho. En 1998 ganó el primer honorífico (4º lugar) del premio "Juan Rulfo" de Radio Francia Internacional, en la categoría de cuento. En 2004 obtuvo el prestigioso premio "Anna Seghers", en Alemania, por obra publicada. Ha sido antologada en España, Italia, Francia, Estados Unidos y Alemania. Actualmente trabaja como catedrática de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).


Obras publicadas

Libros

Otras ciudades | Alkimia, San Salvador, 2001.
Mediodía de frontera | Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2002.
Olvida Uno | Índole Editores, San Salvador, 2005.
De fronteras | Guatemala: Editorial Piedra Santa, Colección Mar de tinta, 2007.
La canción del mar | Suplemento de La Prensa Gráfica, San Salvador, junio de 2007.
Causas Naturales | Prisa Ediciones, 2013.

Curiosidades

sábado, 13 de diciembre de 2014

Estupor y temblores, comentario personal

Hasta el 40% de la lectura, justo antes de la noche en que Amélie corretea desnuda por la oficina, casi sodomiza un ordenador y termina cubriéndose de basura, Estupor y temblores me pareció un libro bastante menos logrado que mi referencia anterior de la genial escritora belga Amélie Nothomb, nuestra lectura opcional de septiembre de 2013, Ni de Eva ni de Adán. Y es que los ocho años y siete libros que hubo de por medio seguramente tuvieron su efecto.

Sin embargo, al pasar de ese punto en la lectura, empezaron a aparecer las afiladas irreverencias y agudas ideas (cuasi desviaciones) que la Nothomb suele expresar en demoledoras frases rebosantes de humor cáustico, elegante pedantería y brutal profundidad. Frases como esas que yo estaba añorando de Ni de Eva ni de Adán.

Sin pretender hacer una injusta comparación entre un libro y otro, y más allá de que ambos sean autobiográficos, Estupor y temblores muestra a una joven de unos 22 años, novata, en el último eslabón de una vertical y aplastante cadena de mando, sometida bajo una atribulada condición laboral (y ese es un tema que se me hizo molesto y cansino hasta malhumorarme) y con una carga de permanentes maltratos y humillaciones; una víctima aún lejos de mostrarse como la enigmática y encantadora arpía por siempre libre que conocimos en Ni de Eva ni de Adán.

Fue precisamente por eso que dediqué un momento a buscar y comparar las fechas de los dos libros, y resulta que Ni de Eva ni de Adán abarca dos años de la vida sentimental de Amélie Nothomb, entre enero de 1989 y enero de 1991; mientras que Estupor y temblores narra los acontecimientos de su vida laboral entre enero de 1990 y enero de 1991. Es decir que ambos libros coinciden en tiempo y los sucesos narrados en ellos se traslapan. Sin embargo, Estupor y temblores fue publicado en 1999, mientras que Ni de Eva ni de Adán se publicó en 2007. De eso desprendemos que, aunque la Nothomb tenía los mismos años cuando ocurrieron ambas historias, hay una diferencia en la edad que tenía cuando las escribió, y quizá a eso se deba que se percibe un estilo más afirmado y pulido en la narración de su historia con Rinri que en el relato de su paso por Yumimoto Corporation.

Debo agregar, como paréntesis, que la naturalidad impertinente, cínica y desdeñosa con que Umberto Eco dota al Capitán Simón Simonini para que narre y estile los revueltos e intrincados hechos de la Europa del siglo XIX en El cementerio de Praga (que recién acababa de terminar cuando empecé a leer Estupor y temblores), también impusieron una marca dificilísima de alcanzar por cualquier libro y autor que le siguiera en orden. Para mi gusto, ni siquiera la Nothomb sale ilesa de un precedente como ese.

No obstante, no se me malentienda, me parece que Estupor y temblores es un muy buen libro (le doy 4 estrellas de 5 posibles) y me ha gustado mucho, sobre todo la segunda mitad. Harto como estaba de leer todos sus padecimientos en la compañía Yumimoto, reconozco que la autora nunca manifiesta autocompasión, y que la manera surreal en que escapa de esa penosa realidad, defenestrándose en un imaginario salto con panorámico y liberador vuelo incluido por sobre la ciudad, no es demasiado diferente de las formas escapistas que los empleados de todas las Yumimotos del mundo ensayamos a diario. En algunos casos extremos, es eso o el suicidio.

Eso da pie a que mencione una de las reflexiones que me dejó la lectura. Más allá del retrato cultural del Japón laboral que Amélie Nothomb traza y expone con ojos de superviviente, y de los elementos de tradición de mandos machistas y despóticos que condenan a las mujeres japonesas a elegir entre el "éxito" laboral y los logros personales y familiares, no pude evitar enfocarme en el retorcido concepto de éxito que nos inculca nuestra sociedad materialista y vacía, donde los modelos productivos y esquemas laborales imitan cada vez más el "admirable" ejemplo japonés, mismo que se eleva como ideal y meta. En ese orden, cito el fragmento con que Amélie Nothomb presiona la llaga lacerante de los miles y miles de empleados de minúsculos cubículos de oficinas alrededor del mundo:

"Los contables que pasaban diez horas diarias recopilando cifras me parecían víctimas sacrificadas en el altar de una divinidad carente de grandeza y de misterio. Desde tiempos inmemoriales, los humildes han dedicado sus vidas a realidades que los superan: en otros tiempos, podían por lo menos entrever alguna causa mística en semejante estropicio. Ahora, ya no podían ilusionarse. Entregaban su existencia a cambio de nada. ¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números? La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida. Y lo peor es pensar que a escala mundial esta gente son privilegiados."

Por supuesto, y gracias a su particular lírica y a sus deleitables arrebatos dramáticos, leer a la Nothomb siempre nos deja algo de poesía. Víctima como fue de Fubuki Mori, la bella jefa inmediata cuyo nombre significa "tormenta de nieve", Amélie contempla el rostro impasible de su despiadada superiora mientras le presenta su renuncia, y exclama para sí:

"Querida tempestad de nieve, si pudiera, sin demasiado esfuerzo, convertirme en el instrumento para proporcionarte placer, sobre todo no te molestes, acométeme con tus copos ásperos y duros, con tu granizo tallado como pedernal, tus nubarrones contienen tanta rabia que acepto convertirme en la pobre mortal perdida en la montaña sobre la cual descargan su cólera, recibo sin rechistar sus miles de perdigones helados, nada me resulta más fácil, y tu necesidad de cortarme la piel con ráfagas de insultos constituye el más hermoso de los espectáculos, disparas con cartuchos de fogueo, querida tempestad, me he negado a que me venden los ojos frente a tu pelotón de ejecución ya que hacía mucho tiempo que ansiaba contemplar un atisbo de placer en tu mirada."

Durante buena parte del sufrido relato, me sostuvo la ingenua expectativa de que algo cambiaría o se revertiría, de que se haría justicia de algún modo. A medida que me acercaba al final, me fui dando cuenta de cómo en cada línea que revelaba los aspectos más oscuros detrás de la belleza de Fubuki y debajo del éxito del admirable Japón, asomaba, sutil, el rostro de la venganza.


viernes, 12 de diciembre de 2014

La Nothomb




Amigos, llegamos al final de la lectura de "Estupor y temblores" de la escritora belga Amélie Nothomb, a quién muy cariñosamente se ha dado por llamarle, al interior del club, simplemente como "la Nothomb". 

Me siento muy complacida de que esta propuesta haya sido acogida con bastante entusiasmo por la mayoría; y es que, desde que leímos Ni de Eva ni de Adán, nos quedamos sorprendidos ante este gran descubrimiento, gracias al excelente olfato literario de Miguel Ángel Meléndez. Tanto ha gustado a algunos, que hasta hay una moción de nombrar la viñeta de diciembre simplemente con el nombre de esta escritora, para elegir año con año alguna de sus novelas de forma permanente.

No obstante se trata de un libro corto, que algunos leímos "en una sola sentada", la novela tiene muchos elementos que han propiciado vastos temas de discusión en las dos únicas reuniones dedicadas para ello. Me parece que la Nothomb hace una radiografía en 3D de la cultura laboral japonesa, con la propiedad de alguien que no ha sido simplemente un turista, sino que viviendo en Japón se atrevió a incursionar como un empleado más de una compañía seria.

Gracias a esta experiencia, la autora nos revela con absoluta soltura, no falta de ironía y contundencia, la estricta jerarquía de las compañías japonesas, la lamentable situación de la mujer japonesa que quiere destacar laboralmente y abrirse espacio en un ambiente predominantemente masculino y, cómo debe elegir entre eso o tener una familia, los aires de superioridad de los japoneses ante el intelecto de cualquier extranjero, las múltiples formas de venganza, traición y recelos a las que se puede enfrentar cualquier empleado en estas compañías, sobre todo con el agravante de ser extranjero, las extensas jornadas laborales, la futilidad de algunas tareas; entre muchos matices que se pueden extraer de la novela. 

Por otra parte, siendo una historia autobiográfica y mencionando incluso fechas específicas, Henry hizo una labor comparativa y encontró que estos sucesos se traslapan a los conocidos en Ni de Eva Ni de Adán. Así que cuando ella ve por la ventana y hace sus consabidos ejercicios de defenestración, piensa en la vida que tiene fuera de Yumimoto. Solo una vez hace alusión a ella al decir: "Fuera de la empresa, llevaba una vida que distaba mucho de ser insignificante o vacía (...) a tan solo once paradas de metro, existía un lugar en el que la gente me quería, me respetaba o no veía relación alguna entre la escobilla de un retrete y yo".

Así que este libro se convierte en una pieza más del rompecabezas que la Nothomb ha hecho para contarnos parte de su vida. Ojalá encontremos el espacio para seguir leyendo más de su obra.

Espero que los que tengan más tiempo para leer este mes, se animen con el libro opcional de diciembre de Claudia Hernández: "Causas naturales", el cual ya sabemos donde adquirir en formato impreso, gracias a la amable intervención de María Ofelia.

¡Que sigan disfrutando de estas apasionantes lecturas!


martes, 9 de diciembre de 2014

El cementerio de Praga, comentario personal


"Al Narrador, si hemos de ser francos, a menudo le ha costado orientarse, pero considera que un lector como Dios manda podría pasar por alto estas sutilezas y disfrutar igualmente de la historia."  Umberto Eco, El cementerio de Praga

Si bien es cierto que no todos en el Club de la Buena Estrella pudieron completar el libro asignado para noviembre, me complace decir que quienes lo terminamos quedamos muy satisfechos con la lectura, y que aquellos que lo iniciaron y por diversos motivos han debido abandonar en algún punto el relato, tienen intenciones de retomarlo.

Fue hace poco más de un año que decidí proponer El cementerio de Praga, y lo hice por dos motivos: El primero, es que se trata de Umberto Eco y esa es una razón poderosa y hasta suficiente. El segundo, es que levantó polvo desde que se publicó. Apenas se lanzó en Italia, en noviembre de 2010, el Osservatore Romano –el diario del Vaticano– lo criticó duramente. Se preguntaron si no fomentaba el antisemitismo que decía atacar. “Denunciar el antisemitismo poniéndose en la piel de los antisemitas”, escribió la historiadora Lucetta Scaraffia en ese medio, “no funciona como una verdadera acusación. El lector acaba por resultar contaminado por el delirio antisemita. Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste”. Y el caso es que del libro no salen limpios el Vaticano, la curia ni las órdenes esparcidas por el mundo, jesuitas por delante.

Luego leí algo de la crítica literaria, que no tardó en aparecer para descalificar la nueva obra de Eco midiéndola, como siempre, con la vara de El nombre de la rosa. Pero el genial Umberto Eco no se repite nunca. Tampoco pide permiso. Así se ofenda quien se ofenda, el reconocido escritor italiano no se preocupa demasiado de guardarse argumentos, mermar críticas, apaciguar el ritmo, ni mesurar el tono que da a sus personajes. Aplica la misma fórmula para quienes, con otras expectativas, se decepcionan al encontrarse con esta pieza literaria, que ni por magistral se parece un par de líneas a El nombre de la rosa.

El cementerio de Praga es otra cosa. 31 años después de su libro más reconocido, el Umberto Eco de 78 años se toma otras licencias y explora nuevas posibilidades en el estilo y las formas de comunicar su historia. Y vaya historia: Un mes de registros en el diario de vida que comparten dos personalidades excluyentes de un mismo individuo, donde se anidan múltiples relatos históricos de la convulsa Europa de hace más de un siglo, a los que nuestro personaje de doble identidad asiste como algo más que un mero espectador. Porque el capitán Simon Simonini es una suerte de oscuro Forrest Gump de la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, bastante menos inocente y simpático que el omnipresente Forrest, y muchísimo más vivaz, maquiavélico, brillante, desdeñoso y repelente; un odioso e inmoral misógino, glotón, xenófobo y racista; bien provisto de todo tipo de tretas, ardides y malas artes; pero, al fin y al cabo, un verdadero artista de la falsificación, el fraude y la conspiración.

"Tenía dudas cuando terminé este libro: Acababa de crear el personaje más antipático en la historia de la literatura", dijo Umberto Eco a propósito de Simonini, a poco de haber publicado el libro. "Con todo lo que he dicho, esperábamos vender diez mil ejemplares, creíamos que encontraríamos esas diez mil personas de coraje. En Italia, en un mes se vendieron 600,000 ejemplares. No entiendo por qué. O se han vuelto todos locos –lo cual es posible porque han votado a Berlusconi– o bien esto se produce porque el libro habla de cosas que suceden también hoy. ¡Miren lo que está sucediendo con WikiLeaks!."

Sin meterme en las cenagosas honduras de haber votado por nuestras propias caricaturas de Berlusconi, quizá en nuestro club también estemos un poco locos y tengamos el coraje necesario en los lectores de El cementerio de Praga: Hemos leído el polémico libro y encima lo hemos disfrutado. ¡Por supuesto que ha valido la pena!

El libro inicia con Simonini escribiendo un diario en retrospectiva como una forma de terapia con el fin de recuperar la memoria perdida. Un método del que se enteró de primera mano por "ese médico judío alemán, o austriaco, da lo mismo".  No queriendo contar sus pecados "pero ni a un buen cristiano, mucho menos a un judío", Simonini decide aplicar el método freudiano (sin Freud, por supuesto) y comienza a rescatar sus memorias del nebuloso olvido y a escribir sus crónicas solo para sí. Es en el curso de ese ejercicio, cuando aparece en escena el abate Dalla Piccola, álter ego y compañero del capitán Simonini en su empresa por recuperar los recuerdos perdidos.

Un mes de ejercicios memoriales en que el falsificador, el abad y el narrador se intercalan en un interesante recurso del autor, bastan para que asistamos a numerosos hitos del siglo XIX, que pasan por la expedición de los Mil, la Comuna de París, el caso Dreyfus, la broma de Taxil y el Congreso antimasónico de Trento. Simonini también se cruza con una larga cadena de personajes históricos como Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini, Ippolito Nievo, Maurice Joly, Hermann Goedsche, Roger Gougenot des Mousseaux, Sigmund Freud, Alejandro Dumas, Léo Taxil, Charles Hacks (Docteur Bataille), Joseph-Antoine Boullan, Édouard Drumont, Ferdinand Walsin Esterhazy, Piotr Rachkovski, Yuliana Glinka, Matveï Golovinski, Domenico Margiotta, Benjamin Disraeli, Jacob Brafmann, Léon Meurin, Luigi Fransoni, Joséphin Péladan, Stanislas de Guaita, Jean Sandherr, John W. Phelps o Hippolytus Lutostansky; entre otros, sin contar sus menciones al paso de otros más como Napoleón, Wagner, Beethoven o Dostoyevski. ¿Dudaría alguien que esto es una novela histórica?

Del estilo
Además de ensayista y novelista, Umberto Eco es Doctor en Filosofía y Letras, profesor universitario, crítico literario, semiólogo y comunicólogo. Tiene el talento, la genialidad, la formación, los recursos y la experiencia. Erudito como es, leerlo es mejorarse el currículum. Luego está el asunto de la multitud de referencias necesarias para comprenderlo. Con Eco, leer un libro de 500 páginas obliga a la lectura contextual de muchas páginas de wiki y otras publicaciones auxiliares.

Umberto Eco está convencido de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y toda manifestación cultural, del tipo que sea, debe situarse en su ámbito histórico. Entiende cualquier fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica. No es extraño, pues, que en El cementerio de Praga recurra a la magistral imitación de textos antiguos como el folletín y exprese en clave de humor y a un ritmo poderoso y veloz, la suma de los odios, intrigas, manipulaciones, adhesiones y rivalidades que forjaron las bases de la Europa que hoy conocemos.

Eco es un escritor de prosa abundante y ritmo vertiginoso, pero altamente estructurado. La riqueza de sus frases es tal, que a veces éstas devienen en párrafos, con el mérito adicional de nunca arrojar resultados cargados ni cansinos. Es un hecho que Umberto Eco cuenta grandes historias, pero no se atiene únicamente al "qué", sino que también confiere su lugar al "cómo". En una entrevista con Javier Marías, el escritor piamontés dijo: "Yo intento humillar a los que hacen estas preguntas, desafiar, hacer que se sientan algo estúpidos. Cuando me preguntan: '¿Con qué personaje se identifica?', contesto: '¡Con los adverbios!'. Se quedan estupefactos. Es verdad, los escritores nos identificamos con los adverbios. Nadie habla del estilo de la novela, de la construcción. La gente lee lo que dices y no le interesa la manera en que lo dices".

De la historia
Magistral combinación de delirante ficción con el rigor de los hechos históricos, El cementerio de Praga nos cuenta la infancia de Simonini, y el polo de referencia e influencia que significaron en su vida su padre y su abuelo, contrapuestos como estaban en sus opiniones sobre mujeres, política y religión. Son precisamente estas posturas antagónicas las que derivan en el personaje sin moral ni principios que se convierte en un mercenario del juego de la información (real, ficticia o distorsionada) puesta al servicio del mejor postor, a saber: El poder, el status quo o la revolución.

En El cementerio de Praga, que debe su nombre a una supuesta reunión de conspiradores judíos enunciando los protocolos de los sabios de Sion, hay muchos eventos históricos reales, pero una sola historia, la de ficción, la del capitán Simonini. Y esa historia personal de bajezas, traiciones, juicios y prejuicios, falsificaciones y conspiraciones, es harto interesante y entretenida. Para mi gusto, no tiene desperdicio.

De los personajes
Ni siquiera intentaré enumerar la larga lista de personajes que intervienen en la historia. Al final, más allá del hecho histórico que consumaron, su caracterización en el libro resulta del sesgo que deja ver el lente de Simonini, ese tipo capaz de torcer una frase de Descartes, de atribuir parlamentos y gestos a un Freud del que no sabe escribir bien el nombre y de desdeñar a Beethoven como un compositor de "un bacanal de chabacanería", para mencionar apenas algunos.

En cuanto a Simonini, lo políticamente correcto se riñe con la conducta del personaje principal, pero el humor cáustico, la sorna, la ironía, el desdén y la asumida superioridad con que el falsificador descalifica a todo y a todos, hacen que este personaje tan divertido como repulsivo, tan entretenido como engorroso, tan primitivo y básico como adelantado y complejo, se vuelva insoslayable y magnético.

Su álter ego, el abate Dalla Piccola, es la suma de una identidad suplantada y de la personalidad residual del que empezó siendo solo un disfraz de Simonini para efectuar alguna de sus oscuras misiones. El Dalla Piccola usurpado no cobró vida ni consciencia propias sino hasta que ocurrió el traumático evento que causó la fisura en la psiquis y la consecuente pérdida de la memoria de Simonini. Sin embargo, Dalla Piccola es quien vive la experiencia más intensa de la historia, un momento lleno de situaciones y descripciones tan perturbadoras como hipnóticas.

Viniendo del autor-rey de los signos como expresiones humanas, podemos agregar que probablemente la dualidad de Simonini y Dalla Piccola sea una representación de la doble moral y los conflictos internos del ser humano y de la caótica sociedad que conforma.

De los temas
El uso de la información, el poder, los medios, la democracia y otras formas de gobierno, la moral y la religión en todas sus formas; son en general los grandes temas recurrentes en El cementerio de Praga. Sin embargo, no omitiré mencionar que los placeres de la alta cocina y la buena mesa, lo único que realmente apasiona a un Simonini que sin dudarlo pone la comida por encima de cualquier otra cosa; tienen dedicadas varias páginas de recetas, recomendaciones culinarias, tips de cocina y reseñas de platillos y restaurantes de la época, algunos de los cuales, efectivamente existieron o aún existen.

Conclusión
En mi valoración personal, El cementerio de Praga sale aprobado con nota sobresaliente. Me gustan mucho más la historias de anti-héroes y villanos que las que se inspiran en héroes tradicionales.

Sin embargo, lo que me resulta gratamente sorprendente, es la increíble lucidez y la gran precisión con que Umberto Eco estructura y plasma sus ideas, acomete de tantos y tan variados personajes y sucesos históricos y los reúne en ese cóctel explosivo y venenoso que Simonini rezuma en cada línea de su diario. Eco une quirúrgicamente todos los cabos sin dejar uno suelto, todo eso con la erudición, humor y genialidad que de él se espera, sobre todo cuando uno cae en el yerro de olvidar que el autor de nuestro libro de noviembre ya es un octogenario. Quizá la frase que remata la intervención del  viejo Simonini sea solo un guiño del genial escritor: “Y qué diantres, todavía no estoy hecho un cascajo”.

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