sábado, 31 de enero de 2015

La música en El mundo de afuera

En mi comentario personal sobre El mundo de afuera, mencioné una de las cosas que más destaco de la obra de Jorge Franco: es un libro muy musical. Como si se tratara de un guion cinematográfico, el autor colombiano va construyendo su propia banda sonora a medida que menciona piezas musicales que alguno de sus personajes canta o escucha, y que sin duda contribuyen a crear una atmósfera particular para cada momento de su relato.

Detallo a continuación los momentos musicales de El mundo de afuera de Jorge Franco. Al final encontrarán un player para que puedan escuchar las canciones.

  1. Don Diego llena el castillo con la música de Wagner, o de cualquier otro.
  2. Soltó la aguja del tocadiscos sobre el aria que lo conectaba con el dolor. Dolce e calmo, de Tristán e Isolda. Cuando la escuchó por primera vez le había comentado a Mirko, Wagner se debe estar revolcando en su tumba, no porque la cantara María Callas, que la interpretaba mejor que todas, sino porque lo hacía en italiano. El disco rodó por el suelo y giró varias veces antes de caer frente a los pies de Dita. En la etiqueta redonda ella vio el sello de la Deutsche Grammophon y leyó que decía: Tristán e Isolda, primer acto.
  3. Caranga hablaba de la guitarra de Jimi Hendrix y cantaba Purple haze all in my brain, y seguía cantando sin saber inglés. —¿Qué significa purple haze, Caranga? —le preguntó el Cejón. Caranga soltó la guitarra imaginaria, inspiró con la nariz apuntando al cielo, levantó los brazos como un vencedor y dijo, es algo poderoso, my friend.
  4. La orquesta calentaba cuerdas con Strauss.
  5. —Pero claro —dijo Dita, antes de arquear la espalda hacia atrás para dejarse llevar por don Diego en un foxtrot que enloqueció a todo el salón.
  6. Lo llevaba muy corto, como si fuera un muchacho, como Twiggy, la inglesa.
  7. Le subió el volumen al tocadiscos y tarareó Time to kill, de The Band.
  8. Estiró el brazo y, sin consultar, cambió la radionovela que sonaba por una canción de Palito Ortega.
  9. —Eso, como vos decís, lo escribió el mejor poeta que ha tenido este país: Julio Flórez. Hasta lo coronaron como el Poeta Nacional. Seguramente has oído muchas canciones que son poemas de él. A algunos no les gusta porque fue el poeta del pueblo.
  10. Isolda recibe con excusas a la maestra Uribe. Tenía que haber practicado un ejercicio de Manon el día anterior y no lo hizo por jugar con las tortugas del estanque.
  11. —Quiero tocar a los Beatles —le dice Isolda en un descanso de los ejercicios.
  12. —Los Beatles —dice la maestra— también se emocionan con Bach.
  13. Arriba, Dita se cepilla el pelo para remover el exceso de Kleer Lac que se puso en la mañana, y canturrea O mein Papa.
  14. En la butaca del teatro del Oeste, don Diego no aguantó la emoción y con una mano se aferró al brazo de la silla y con la otra, por primera vez, apretó la mano de Dita, que no supo si lo hacía por amor o por el canto de Francesco Merli sobre el escenario. Ella también estaba electrizada con la interpretación de O muto asil cuando sintió los dedos de don Diego rozando los suyos.
  15. Estiró el brazo y prendió el radio, pasó por el dial de varias emisoras y se detuvo en una canción de un cantante español que empezaba a causar furor: Nino Bravo.
  16. Seis muchachos pasaron en un convertible con el radio a todo volumen. Cantaban frenéticos Get back, de los Beatles, y hacían chirriar los neumáticos en las esquinas.
  17. Isolda les canta Alie Leut’, alie Leut’ geh’n jetzt nach Haus’. Y canta, Grosse Leut’, kleine Leut’, dicke Leut’, dünne Leut’.
  18. Don Diego desenvolvió el paquete con cuidado y se sorprendió cuando vio una colección de discos. Era Parsifal, de Wagner, en una grabación de 1936 en el teatro Colón de Buenos Aires, dirigida por Fritz Busch.
  19. ¿Sí ves?, dijo, hasta se da el lujo de cantar. Caranga comentó, últimamente, cuando se despierta, le da por una canción de un pájaro azul. El viejo ni lo miró. Esperó a que el Mono se apartara de la puerta y cruzó frente a él para ir al baño. El Mono se quedó afuera. Necesito que conversemos, le dijo. Adentro se oyó el chorro interrumpido y lánguido. Luego un canto: Ese pájaro azul es el cariño que yo siento por ti, mas no te asombres, fue mi anhelo más grande cuando niño.
  20. También intenta sacar las melodías en el piano y canta bajito que todos vivimos en un submarino amarillo, en un submarino amarillo, en un submarino amarillo.
  21. Ella no le hizo caso y dejó una emisora en la que Nicola di Bari cantaba El corazón es un gitano.
  22. Mirko y Arcuri se miraron. La orquesta empezó a tocar de nuevo. Las bases nacionalsocialistas están intactas, continuó Arcuri, pero don Diego lo interrumpió con un gesto. Es Mozart, les dijo en voz baja. Diego, las ideas no murieron, intentó decir Mirko, pero don Diego lo calló con un gesto enérgico. Cerró los ojos y Mirko y el arquitecto vieron cómo se dejaba llevar por un andante.
  23. En la radiola sonaba una cantante alemana de voz aguda, a la que don Diego no reconoció. —¿No sabes quién es? —preguntó Dita. Don Diego negó. —Es Rosita Serrano. —La chilena a la que Hitler amó. Dita le puso un dedo en la boca. Suena por ti, dijo, canta un par de canciones en español.
  24. Nos sentimos importantes porque los nombres de nuestros papás aparecen en el directorio telefónico y gozamos con las fotos de gente en pelota que aparecen en las revistas que hablan de Woodstock.
  25. Isolda ha vuelto al jardín, aunque ya no persigue ardillas ni saluda a los aviones que vuelan sobre ella. Se encierra en La Tarantela a jugar juegos nuevos con las muñecas. Ahora ellas son el público al que le canta Yesterday con los ojos cerrados y la mano en el pecho.
  26. Esa noche, don Diego va a homenajear a la pianista española Alicia de Larrocha, que está de visita en Medellín para interpretar dos conciertos.
  27. Twiggy bailaba frente al Mono, que seguía en la cama, comiéndose las uñas. Se contoneaba en zigzag con los brazos en alto y cantaba con el radio, un rayo de sol, oh, oh, oh. Provocaba al Mono con sus ojos engrandecidos a punta de pestañas postizas, lo miraba con apetito mientras flexionaba las rodillas y se acariciaba los muslos, me trajo tu. amor, oh, oh.
  28. El festival al que se refería don Diego es uno del que todo el mundo habla y que se está montando al sur de Medellín, en Ancón. Los periódicos dicen que es el «Woodstock colombiano» y los avisos anuncian tres días de amor y paz, con bandas como Los Monsters, Los Flippers, La Banda del Marciano, Carne Dura y otras tres que suenan por ahí.
  29. El se limpió los ojos con la servilleta arrugada y se quedaron callados un rato, oyendo una canción de Julio Iglesias.
  30. Twiggy vació su armario sobre la cama y empezó a escoger ropa para empacarla en una tula. Mientras decidía qué llevar, cantaba una canción de Gigliola Cinquetti que había puesto en el tocadiscos.

El mundo de afuera, comentario personal

¿Qué es el mundo de afuera? ¿El de otros países y tiempos? ¿El de otras vidas en otras condiciones? ¿O acaso el de otras mentes cuyos imaginarios van de lo surreal a lo obsesivo?

Mi humilde valoración de esta lectura es de 7 sobre 10. El mundo de afuera de Jorge Franco, nuestro libro de Enero en el Club de la Buena Estrella, ha probado ser lo suficientemente bueno y entretenido como para gustar a la mayoría de nosotros. Con un estilo narrativo de rápida lectura y fácil asimilación, el Premio Alfaguara 2014 generó buenos comentarios y salió bastante bien librado del juicio particular al que inevitablemente se someten los libros que llegan precedidos de galardones y recomendaciones usualmente desproporcionadas por parte de los jurados y otros autores.

No ha sido la excepción en el caso de El mundo de afuera, libro del que leímos comentarios exagerados de la editorial y de los jurados del premio. Ya la escritora colombiana Laura Restrepo dijo de la narrativa de Jorge Franco que se asemeja a la de los hermanos Grimm y a la de los hermanos Coen, mientras que otro de los jurados, el escritor español Sergio Vila-Sanjuán, aseveró de El mundo de afuera que es “un cuento de hadas con final a lo Tarantino”. Por si esto fuera poco, ya anteriormente el mismo García Márquez le había puesto una pesada carga cuando dijo de Franco que es uno de los autores a quienes le gustaría pasar su antorcha. Más allá de que esto genere interés y de que probablemente incremente las ventas, me parece que en el plano estrictamente literario hace más daño que bien y resulta terriblemente injusto, visto que genera en los lectores demasiadas expectativas que muy probablemente ni el libro ni el autor habrán de cumplir. Después de leer semejantes elogios y comparaciones, es difícil evaluar el libro con independencia y objetividad, pero haré el intento.

En lo personal, creo que El mundo de afuera tiene cosas muy buenas y otras que me disgustaron bastante. Disfruté mucho la naturalidad de los diálogos, tan cargados de la idiosincrasia medellinense, así como la musicalidad con que el autor enriquece el relato. El libro contiene más de 30 canciones de diferentes géneros y épocas que realzan momentos particulares de la historia y contribuyen a perfilar personajes. De hecho, esa suerte de banda sonora se suma al estilo expreso y gráfico que pone de manifiesto la vena de guionista de cine que se le impone por momentos al autor.

Aunque me aburre bastante todo ese rollo de Isolda, los almirajes y demás criaturas fantásticas, reconozco que eso es un asunto de preferencias y para gustos existen los colores. Añadiré a su favor, que Jorge Franco también tiene la virtud de crear personajes desde los detalles, que no por extravagantes o pintorescos dejan de ser creíbles. Me gustó mucho el retrato de señora sencilla, típica y muy natural de la madre del Mono, o la elaboración y el desarrollo del personaje de Twiggy, ese tipo de mujer que se mueve con soltura entre maleantes y aprende a lidiar con ellos, que además libra una permanente batalla entre su naturaleza y su entorno corrientes y su deseo de ser especial y de parecerse a un icono pop. Fue realmente buena la secuencia de Caranga tocando la guitarra de aire y cantando Purple Haze de Jimmi Hendrix en su inglés inventado. Y en esa misma línea aparecen personajes como Marcel (el belga místico), el inepto y oportunista jefe de policía, eternamente presto a saludar con sombreros ajenos, o el loco del parque (que me recuerda al simpático barrendero de uno de los parques de mi ciudad durante mi infancia).

Sin embargo, el Mono Riascos me parece un personaje mal construido y poco convincente, que naufraga como anti-héroe y no cuaja como villano. El ladrón, jefe de la banda, líder cuestionado, novio de Twiggy, homosexual encubierto, alcahuete del muchacho, amante de la poesía, chico obseso por la niña del castillo (como quien se obsesiona más por la belleza como objeto de admiración que por la persona como objeto de deseo), secuestrador sin un verdadero plan ni estrategia, miedoso, supersticioso y resentido social, compone un cóctel que no me baja, que me parece demasiado forzado e insostenible. El Mono presume de líder, de estratega, de macho, de supuesto vengador de la muerte de Caranga, de amenazante pistolero irritado con los hijos de papi que se pasean en su coche último modelo, pero apenas deviene en un borracho patético de pantalones orinados que nunca me logra convencer y mucho menos contagiar.

Hago advertencia de spoiling y paso a señalar que hacia el final el libro se puso mucho mejor y el ritmo se volvió más intenso. La última conversación entre don Diego y el Mono, envueltos ambos en una cerrada neblina, me pareció un escenario inmejorable, una metáfora de los hechos grises y confusos que sucedieron en el cierre de esa fallida operación. No hacía falta ser gráfico en el asesinato de don Diego, algo que incluso entiendo como una forma de respeto del autor para con la malograda celebridad benefactora de su comunidad.

En lo referente a Dita Zur Nieden, parece que hay una polémica en torno a la representación que Jorge Franco hace de ella en el libro. Él asegura que se basa en datos documentales que investigó a lo largo de casi cuatro años. En cambio la gente de la Fundación Biblioteca de Itagüí (que don Diego y Dita donaran en su momento), manifestó su desacuerdo con la imagen de Dita en El mundo de afuera y hasta canceló la presentación del libro en sus instalaciones.

En cuanto al método narrativo, Franco recurre a la figura del narrador omnisciente, ese anónimo omnipresente que nos ha contado tantas historias, de tantos autores y en tantos libros. Pero súbita y esporádicamente, en El mundo de afuera aparece un narrador en primera persona que me generó desconcierto y, debo admitirlo, cierto malestar. Parece que ese choque de estilos no me va bien y solo me evidencia como un lector demasiado ortodoxo. Sin embargo, y de nuevo hago advertencia de spoiling, dado que ese narrador ocasional cobra tal importancia como para ser quien cierra la historia, decidí profundizar un poco en el análisis de ese personaje misterioso.

El caso es que este chico protagoniza la verdadera historia de amor del libro. Un amor infantil, pre-adolescente, inocente y puro como solo podían serlo en otros tiempos, pero amor al fin. El chico que juega en los alrededores del castillo para espiar a Isolda (y que no, decidida y definitivamente no es el Mono), guarda y atesora para sí una mirada y un beso, incluso mucho más que el baile de la faldita roja, ese que se hizo tristemente público y que contaminó esa historia que debía ser solo suya.

Como dato adicional, encontré una entrevista que Jorge Franco concedió a elcultural.es, donde le preguntan qué recuerda de la época, siendo que el secuestro de don Diego ocurrió en 1971, cuando el autor colombiano solo tenía unos 8 años. Franco responde:

"La verdad es que recuerdo muy poco. Tengo vivas ciertas emociones. El impacto de la noticia del secuestro de don Diego, a mis padres comentando... Tengo el recuerdo de algunas visitas al castillo. El paso de la limusina por la loma, que siempre nos generaba mucha curiosidad."

Juzgue el lector si dicha respuesta justifica la aparición del chico que narra en primera persona algunos de los pasajes que a la postre dan sentido a la historia.

viernes, 9 de enero de 2015

Causas naturales, comentario personal

Causas naturales es un buen libro y merece ser leído. Por esas cosas del calendario, fue solo hasta este primer jueves hábil de enero que por fin pudimos reunirnos y comentar (ya de manera extemporánea) el libro de la joven autora salvadoreña Claudia Hernández, nuestra lectura opcional para diciembre de 2014 en el Club de la Buena Estrella. De modo que, antes de enfrascarme de lleno en el libro de enero de 2015, hago un alto para redactar este post y de esta manera dar finiquito a la deuda de lecturas que gustosamente contrajimos como grupo el año recién pasado.

2014 marcó un período de buenas lecturas y conversaciones en nuestro club. Luego de calentar motores con La invención del amor de José Ovejero, el año alcanzó picos y mantuvo rachas de gran calidad con las lecturas de Anna Karénina de León Tolstoi, Ficciones de Jorge Luis Borges, El último encuentro de Sándor Márai, La conciencia de Zeno de Italo Svevo, El ladrón de Fuminori Nakamura y El cementerio de Praga de Umberto Eco. El vaso de mis expectativas personales no se llenó con La casa del silencio de Orhan Pamuk ni con Secretos a voces de Alice Munro (ambos ganadores del Premio Nobel de Literatura), pero creo que en cambio tuvimos una grata primera experiencia con el comic book Persépolis de Marjane Satrapi, e hicimos un verdadero descubrimiento (lo fue al menos en mi caso particular) con la veterana escritora salvadoreña Yolanda C. Martínez, cuyo Corazón ladino gustó mucho en nuestro club, generó muy buenas charlas en las reuniones de septiembre y dio pie a la publicación de varias entradas y comentarios en nuestro blog.

Llegamos al último mes del año con la lectura de Estupor y temblores de Amélie Nothomb y, conscientes de que el libro es corto y el estilo de la escritora belga es de rápido y deleitable consumo, pensamos en programar una lectura opcional igualmente corta para las vacaciones de fin de año. Así fue como el libro Causas Naturales encajó perfecto en nuestra programación.

Nunca había leído a Claudia Hernández y ha sido muy grato encontrarme con este libro. Su estilo fluido, breve y directo es fácil de seguir y asimilar. En sus cuentos hay narradores de ambos sexos y de diferentes edades que resultan coherentes y convincentes a pesar de que viven situaciones extrañas y a veces muy perturbadoras. Me parece que sus relatos son exportables a otros tiempos y lugares, con escenarios que toman cosas de nuestro entorno y las combinan con las de otros ambientes menos familiares. Sus cuentos, como sus escenarios, son siempre muy estructurados.

Porque me ha pasado mucho con este libro, diré a manera de paréntesis que a veces me ocurre algo un tanto extraño mientras leo, y es que en mi cabeza le pongo una voz a la lectura. Es una cosa natural, no el producto de un esfuerzo consciente. Y nunca es la misma voz, es más bien una selección azarosa. Puede ser la voz de Lalo Mir, la de Samuel L. Jackson o la de los viejos documentales españoles de Al filo de lo imposible. Es como si a medida que leo y voy encontrando un cierto ritmo y cadencia que me va dando familiaridad con la personalidad del narrador (sea éste un sujeto identificado o uno del tipo anónimo omnisciente), en algún momento la voz aparece.

Pues bien, los cuentos de Causas naturales los he leído con las voces de Anthony Hopkins, Edward Norton, Juliette Binoche, del Macaulay Culkin de The Good Son o de la Natalie Portman de The Professional. Locuras de mi cosecha. Quizá esa particular lista de doblajes mentales se deba a que los relatos, cuyas temáticas me parecen un tanto oscuras, con sus atmósferas a veces frías y silentes, y con esa abundancia de surrealismos metafóricos, tienen un ritmo lento y un desarrollo metódico que me da la sensación de que están siendo contados por narradores impasibles y sobrios, que detallan cosas perturbadoras con absoluta naturalidad, sin mayores inmutaciones ni parpadeos. Por supuesto, hay algunos cuentos en que hay más color y calidez, pero las personas maníacas y obsesivas, muchas veces desprovistas de empatías y consideraciones, están a la orden del día, bien sea como meros personajes o incluso como narradores.

Me gustaron especialmente los relatos de Habitaciones, Niños eternos, En pleno comedor, Un pañuelito, Despedida, Canícula, La casa de los lirios y Viejos Amigos. Claudia Hernández suele narrar descubrimientos y transformaciones. Repara mucho en las circunstancias, quizá tanto como en las personas, quienes parecen resignar su voluntad a la naturaleza que absorbe los fenómenos extraños y los vuelve habituales.

No pude evitar detenerme al encontrar alguna frase que me pareció bonita de una manera melancólica, como: "era cortés, eso sí, pero tenía el ánimo de la gente que no ha visto el sol por mucho tiempo", o "recortar las hojas a las que les llegaba más temprano el otoño".

Con frecuencia la escritora mantiene al lector en vilo sobre algún detalle de la historia que apenas asoma y que de hecho algunas veces nunca llega a contar. Ese halo de misterio es un recurso por demás efectivo, ya que enciende nuestro interés por esa otra historia que se anida en la que estamos leyendo y de la que probablemente la autora opte no decirnos más, como si al contarnos sobre un eclipse de sol, decidiera aposta hablar solamente de uno de los dos astros implicados en el evento. Ese es el caso de Viejos amigos, un cuento en el que la narradora habla de la vuelta de su hermano a la casa de su infancia, de la que toda la familia debió huir años atrás "de prisa y llorando durante la noche", por circunstancias que no revela en su totalidad, pero que fácilmente podemos llegar a relacionar con la guerra salvadoreña. Sin embargo, la historia que la ocupa es otra igualmente interesante, aunque bastante menos convencional que la realidad de nuestro pasado y nunca bien muerto conflicto armado.

 Dice la sinopsis del libro que "tras una serie de pequeñas transformaciones sucesivas, los habitantes de este universo (adultos nuevos), desisten de su intención de transformarlo y se suman a él para defender y acuerpar sus causas naturales."

Suscribo. También en mi generación creímos que seríamos diferentes y al final terminamos siendo absorbidos por las mismas realidades que vivieron las anteriores, sucumbiendo ante las causas naturales.

jueves, 1 de enero de 2015

Jorge Franco, El mundo de afuera


Sin lugar a dudas (y luego del balance obligatorio hacia el final de un ciclo), 2014 ha sido un gran año para el Club de la Buena Estrella. Hemos visto como nuestro grupo crece en número y se diversifica en edades y ámbitos a medida que se van sumando nuevos integrantes. También hemos disfrutado de excelentes libros que a su vez han dado pie a interesantes intercambios de opiniones en las reuniones de cada jueves. Cumplimos ocho años de compartir lecturas todos los meses y reuniones todas las semanas, y nos satisface profundamente contemplar cómo de a poco nos volvemos mejores lectores, cada vez más asíduos al hábito a nivel individual y cada vez más organizados, firmes y sólidos como grupo.  A cada nuevo libro somos más y mejores amigos.

Por supuesto, queremos que 2015 sea aun mejor para cada uno de nosotros y para nuestro club. Estamos seguros que nuestros propósitos de año nuevo también incluyen metas relacionadas con la lectura y para luego es tarde: Nos espera una docena de libros que hemos elegido como grupo y que empezamos precisamente hoy, 1 de enero.

Como recordarán, el escritor colombiano Jorge Franco ha sido galardonado con el Premio Alfaguara de Novela 2014 por su obra El mundo de afuera, y justamente esa será nuestra primera lectura del año 2015 en la viñeta predefinida para el ganador de dicho premio en el Club de la Buena Estrella.

Como dato adicional, nos enorgullece poder compartir que 2015 será el año en que alcancemos la nada despreciable cifra de 100 libros leídos como club. Será un honor y un placer que nos acompañen a lo largo de este nuevo y emocionante viaje literario.

¡Feliz año nuevo, felices nuevas lecturas!

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                       Enero | Premio Alfaguara
Libro:                         El mundo de afuera
Autor:                        Jorge Franco
Nacionalidad:            Colombiano
Año:                          2014
Total páginas:            352
ISBN:                        9788420417561
Editorial:                   Penguin Random House Grupo Editorial España

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de Enero
Capítulos del 1 al 12
25% en el Kindle

Jueves 15 de Enero
Capítulos del 13 al 22
50% en el Kindle

Jueves 22 de Enero
Capítulos del 23 al 35
75% en el Kindle

Jueves 29 de Enero
Capítulos del 36 al 46
100% en el Kindle

SINOPSIS

El mundo de afuera transcurre en Medellín. Una especie de castillo se atisba en las frondosas afueras y de una puerta sale corriendo una niña rubia. Unos ojos miran cautivados esa presencia insólita y la niña se pierde en el bosque.

En 1971, el padre de esa niña, don Diego, ha sido secuestrado. El Mono es el cabecilla de los maleantes, cuya intención es pedir un rescate millonario a la familia. El Mono tiene otras razones que las económicas para secuestrar a don Diego: la obsesión amorosa por la hija de éste, Isolda, una princesa rubia a quien el padre, amante de la ópera de Wagner, mantiene encerrada en el “castillo” para preservar su pureza y evitar el contagio con el mundo sucio que les rodea. Don Diego es germanófilo y se ha casado con Dita, una mujer alemana que dejó el Berlín nazi para vivir en la copia del castillo de La Rochefoucauld que su marido ha levantado en Medellín. Desde muy pequeña, Isolda ha tomado la costumbre de escapar al bosque, donde antes jugaba con conejos fantásticos que le tejían peinados, mientras el Mono la admiraba encaramado en los árboles.

Una breve y hasta cierto punto sencilla novela sobre el amor y la muerte, poética y detallista, con un sobresaliente manejo de la tensión, y que, incorporando técnicas cinematográficas como el flashback y la narración paralela, también bebe de fuentes como el cuento folclórico o la crónica de sucesos.

COMENTARIOS DE LA CRÍTICA

Los escritores opinan...
«Este es uno de los autores colombianos a quien me gustaría pasarle mi antorcha.»
Gabriel García Márquez

«Pocos novelistas que escriben en mi lengua me producen tanta admiración como Jorge Franco.»
Almudena Grandes

El jurado ha dicho:
«Entre la fantasía y la truculencia, entre los hermanos Coen y los hermanos Grimm, El mundo de afuera es una deliciosa sorpresa.»
Laura Restrepo

«Fascinante y sorprendente. Arranca como un cuento de hadas y acaba como una película de Tarantino.»
Sergio Vila-Sanjuán

«Jorge Franco triunfa en lo más difícil: la creación de personajes memorables.»
Ignacio Martínez de Pisón

«Una delicia de novela. Y leyendo me preguntaba: ¿a qué director de cine no le gustaría convertir esta novela en película? Personajes y diálogos memorables, y una fantástica historia. Voilà!»
Nelleke Geel

SOBRE EL AUTOR

Jorge Franco nació en Medellín (Colombia) en 1962. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana y de cine en The London Film School, en el Reino Unido. Con su libro de cuentos Maldito amor ganó el Concurso Nacional de Narrativa Pedro Gómez Valderrama, y con la novela Mala noche obtuvo el primer premio en el XIV Concurso Nacional de Novela Ciudad de Pereira y fue finalista en el Premio Nacional de Novela de Colcultura. Su novela Rosario Tijeras ganó la Beca Nacional de Novela del Ministerio de Cultura, fue galardonada con el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett 2000 (Gijón, España), y ha sido traducida a más de quince idiomas y llevada con éxito al cine y la televisión. La adaptación cinematográfica de su novela Paraíso Travel (2001) se convirtió en una de las películas más taquilleras del cine colombiano. Melodrama (2006) fue adaptada al teatro y editada en toda Hispanoamérica. Su última novela es Santa suerte (2010). Ha publicado cuentos y artículos en diversas revistas nacionales e internacionales y fue invitado por Gabriel García Márquez a dictar con él su taller «Cómo se cuenta un cuento» en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba).

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