jueves, 6 de agosto de 2015

El túnel, comentario personal

Empecé El túnel con el entusiasmo que la intriga de su frase inicial genera: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”, el problema no solo fue que no me gustara el libro, sino principalmente que sus personajes me aburrían.

La paranoia de Castel me pareció interesante al principio, su sentido de incomprensión incluso me causó alguna simpatía en un momento, pero luego de ciento cincuenta y nueve páginas de lo mismo, me cansó. Admito que la evolución de víctima a victimario es un tema atrayente, pero en este caso, la repetitiva indecisión entre el uno y el otro tuvo un efecto negativo en mí. María Iribarne es un personaje que me parece todavía peor, porque aunque en todo el libro se pasa hablando de ella, para mí pasa desapercibida.

Reconozco, sin embargo, que la narrativa al inicio es muy buena y que hubo frases que me atraparon, las comparto a continuación:

“Y andar rápidamente mientras mi espíritu vacilaba tanto me producía una sensación singular: mi pensamiento era como un gusano ciego y torpe dentro de un automóvil a gran velocidad”.

“A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil”.

“¿Sería eso, verdaderamente? Me quedé reflexionando en esa idea de la falta de sentido. ¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?”

“El departamento estaba atestado de gente idéntica que decía permanentemente la misma cosa”.  

Katy Álvarez

Bestiario, comentario personal

Un buen autor se reconoce cuando no importa si lo que nos está contando no nos gusta, cómo nos lo cuenta puede hacer toda la diferencia.

En Bestiario, Cortázar hace vivo el consejo de que debemos escribir como si nadie nos fuera a leer, escribir para nosotros mismos; desde cualquiera de las acepciones del nombre del libro, podemos vislumbrar que el objetivo del autor no es transmitirnos un mensaje (aunque lo logre más allá de sus objetivos personales). Ya sea que tomemos el significado del título como un compendio de bestias, o como un hombre que luchaba con las fieras en los circos romanos, podemos reconocer en las páginas de Bestiario, un desfile de todas las bestias internas del autor, representadas en las historias de personajes que parecieran sacados de un circo, ¿cuál ejemplo sería mejor, si no el hombre que vomitaba conejitos en Carta a una señorita en París?  El mismo autor reconoció que estos cuentos importaron para él autoterapias de tipo psicoanalíticas y que escribió los mismos bajo síntomas neuróticos.

Haya sido su objetivo o no llevar un mensaje al lector, hay un elemento que encontré en cada una de estas historias, una presencia abstracta que durante buena parte de mi lectura confundí con la muerte, creyendo que éste era el caso de sus protagonistas, los cuales, según la teoría que fui formando en mi cabeza, no sabían que estaban muertos y por ello nos representaban estas surreales historias en algún tipo de infierno, lo que más o menos describe lo que sentí cuando leí Cefalea; sin embargo, aunque fue un cuento que no disfruté, no solo porque me tuvo recurriendo al diccionario cada tres líneas con tanto término médico, sino también, por su innecesaria extensión, debo reconocer que sí me puso a pensar (consecuencia inevitable del placer de la lectura) y me llevó a la conclusión de que esa presencia que había reconocido en todos los cuentos, era la no pertenencia, la incomodidad, el sentimiento que a veces tenemos de no encajar en la cotidianidad y los convencionalismos, lo fui descubriendo en pequeñas frases:

“No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose” (Carta a una señorita de París).

“Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que también es un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio”  (Carta a una señorita de París).

 Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto" (Lejana).

“Ir allá y convencerme de que la soltería me dañaba, nada más que eso, tener veintisiete años y sin hombre. Ahora estará mi cachorro, mi bobo, basta de pensar y ser, a ser al fin y para bien” (Lejana).

“Nos parece cada vez más penoso andar, seguir la rutina; sospechamos que una sola noche de desatención sería funesta para las mancuspias, la ruina irreparable de nuestra vida. Andamos entonces sin reflexionar, cumpliendo uno tras otro los actos que el hábito escalona, deteniéndonos apenas para comer… o mirarnos en el espejo que duplica el dormitorio.” (Cefalea).

En lo personal no me encantó este libro, sin embargo, me llevo frases y párrafos muy memorables, los cuales les dejo al final, estoy segura que se me habrá pasado alguno, pero estos me cautivaron. Mi cuento favorito fue Carta a una señorita de París y aunque el libro en mi opinión no refleja la grandeza de Cortázar, para aquellos que nos hemos perdido alguna vez en Rayuela o en Historias de Cronopios y de famas, es lectura obligada para llegar a comprenderlo.

Katy Álvarez

FRASES DE BESTIARIO

CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS

“He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible”.

“No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose”.

“El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas”.

“Las costumbres,  Andreé , son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir”.

“Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo… y después tan no de uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta”.

“Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que también es un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio”.

“Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles”.

“Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa con la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé…”

“Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París.”

“No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo…”

“Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más”.


LEJANA

Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto”.

“(Es más cómodo hablar en presente…). Pero me he vuelto canalla con el tiempo, ya no le tengo respeto”.

“Ir allá y convencerme de que la soltería me dañaba, nada más que eso, tener veintisiete años y sin hombre. Ahora estará mi cachorro, mi bobo, basta de pensar y ser, a ser al fin y para bien”.

“Y sin embargo, ya que cerraré este diario, porque una se casa o escribe un diario, las dos cosas no marchan juntas – ya ahora no me gusta salirme de él sin decir esto con alegría de esperanza, con esperanza de alegría”.


ÓMNIBUS

“Clara quería llorar. Y el llanto esperaba ahí, disponible pero inútil”.


CEFALEA

“Nos parece cada vez más penoso andar, seguir la rutina; sospechamos que una sola noche de desatención sería funesta para las mancuspias, la ruina irreparable de nuestra vida. Andamos entonces sin reflexionar, cumpliendo uno tras otro los actos que el hábito escalona, deteniéndonos apenas para comer… o mirarnos en el espejo que duplica el dormitorio.”


LAS PUERTAS DEL CIELO

“Yo me estuve quieto, fumándome un rubio sin apuro, mirándolo ir y venir sabiendo que perdía su tiempo, que volvería agobiado y sediento sin haber encontrado las puertas del cielo entre ese humo y esa gente”.

Haruki Murakami. Pequeña biografía



Biografía de Haruki Murakami
Es un escritor contemporáneo japonés, conocido por las grandes influencias occidentales identificadas en su narrativa. Su trabajo ha sido considerado como “de fácil acceso, pero profundamente complejo”.

Entre sus influencias se encuentran: Raymond Chandler, Kurt Vonnegut y Richard Brautigan, escritores estadounidenses contemporáneos.

Murakami nació en Kyoto, Japón, el 12 de enero de 1949. Creció en Kobe y estudió drama en la Universidad Waseda ubicada en Tokyo, donde conoció a su esposa, Yoko. Hijo de un sacerdote budista y una comerciante de Osaka, tuvo la fortuna de crecer entre libros, pues ambos enseñaban literatura japonesa. Su primer trabajo fue en una tienda de discos, de allí viene la construcción de uno de sus principales personajes, Toru Watanabe en la novela Tokio Blues, que también trabaja en una tienda de discos. Poco tiempo antes de terminar sus estudios, Murakami y su esposa abrieron un café llamado “Peter Cat” que se convertiría en un bar con música de jazz al final de la tarde.

En 1978, Murakami estaba viendo un juego de béisbol entre Yakult Swallows y el Hiroshima Carp, cuando Dave Hilton, un americano, vino a batear. De acuerdo a la anécdota, en el instante en que Hilton tuvo un hit en el que avanzó dos bases, Murakami se dio cuenta de que podía escribir una novela, llegó a su casa y empezó a escribir en esa misma noche.

Su primer novela, Oye cantar al viento, ganó el Gunzou Literature Prize en 1979, a este éxito se sumaron dos secuelas, Pinball, 1973 y La caza del carnero salvaje, formando estos tres libros “la trilogía de la rata”. Después del gran éxito de Tokio Blues (Norwegian Wood), migró a Europa y a Estados Unidos, volviendo a Japón en el año 1995.

Murakami, además de sus novelas, ha escrito varios trabajos de no ficción. Después del terremoto de Hanshin y el ataque al metro de Tokio en 1995, entrevistó víctimas sobrevivientes y miembros del grupo religioso responsable. De estas entrevistas se desprenden dos libros de no ficción, combinados en el libro Subterráneo (Underground).

Varias de las novelas de Murakami tocan temas y títulos relacionados a la música, como son: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (en inglés Wind-Up Bird Chronicle: The Thieving Magpie) en honor a la obertura La Urraca Ladrona (The Thieving Magpie) de Rossini; Baila, Baila, Baila (Dance, Dance, Dance) por la canción de The Dell, Tokio Blues (Norwegian Wood ) por la canción de The Beatles y Al sur de la frontera, al oeste del sol (South of the Border, West of the Sun) por la canción South of the Border de Nat King Cole.

La obra de Murakami ha generado críticas positivas y premios como el Franz Kafka, Jerusalén e Internacional de Cataluña, entre otros, pero asimismo cuenta con muchos detractores que no aprueban sus grandes influencias occidentales y que tachan su narrativa como literatura pop.

Fuentes:

Goodreads.com | Harukimurakami.com | Wikipedia.com

sábado, 1 de agosto de 2015

Tokio Blues, Haruki Murakami




Para este mes de agosto nuestras lecturas nos llevan nuevamente a la nación nipona de la mano de Haruki Murakami. Este es el único libro de origen asiático que leeremos este año, escogido dentro de la viñeta de desafío. Fue un desafío, ya que el libro fue propuesto para la calendarización del año 2014 pero no fue seleccionado. Nuevamente fue propuesto para el año 2015 y finalmente ganó.

Este libro es un bestseller a nivel mundial que ha vendido cerca de cuatro millones de ejemplares, fue publicado en el año 1987 en Japón. Antes de esta publicación, Murakami no había rebasado las 100,000 copias de libros vendidos. Haruki tiene dos líneas narrativas muy diferenciadas: La realista y las fantasías exacerbadas. Este libro pertenece a los libros de corriente realista.

El título del libro en japonés se traduce en inglés a Norwegian Wood, que es una de las canciones del grupo The Beatles con las que arranca la novela. La mención constante de canciones de The Beatles a lo largo de la historia ha sido uno de los aspectos que ha convertido a esta novela en un rotundo éxito.

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                      Agosto | Desafío
Libro:                        Tokio Blues
Autor:                        Haruki Murakami
Nacionalidad:            Japonés
Año:                           1a edición 1987, en español 2007
Total de páginas:      381
Editorial:                   TusQuets
Género                      Novela
Título Original:         Noruwei no mori
Idioma Original:       Japonés
Traducción:               Lourdes Porta

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 13 de agosto
Biografía del autor
Hasta el capítulo 6
57% en versión electrónica

Jueves 20 de agosto
Hasta el capítulo 8
74% en versión electrónica

Jueves 27 de agosto
Hasta el fin del libro

SINOPSIS


Una historia de amor triangular que se convierte en el relato de una educación sentimental pero también de las pérdidas que implica toda maduración.


Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha casualmente, mientras aterriza en un aeropuerto europeo, una vieja canción de The Beatles, y la música le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, con una mezcla de melancolía y desasosiego, a la inestable y misteriosa Naoko, la novia de su mejor –y único– amigo de la adolescencia, Kizuki. El suicidio de este les distancia durante un año hasta que se reencuentran en la universidad. Inician allí una relación íntima; sin embargo, la frágil salud mental de Naoko se resiente y la internan en un centro de reposo. Al poco, Toru se enamora de Midori, una joven activa y resuelta. Indeciso, sumido en dudas y temores, experimenta el deslumbramiento y el desengaño allá donde todo parece cobrar sentido: El sexo, el amor y la muerte. La situación, para él, para los tres, se ha vuelto insostenible; ninguno parece capaz de alcanzar el delicado equilibrio entre las esperanzas juveniles y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.

Con un fino sentido del humor, Murakami ha escrito el conmovedor relato de una educación sentimental, pero también de las pérdidas que implica toda maduración. Tokio blues supuso el reconocimiento definitivo del autor en su país, donde se convirtió en un bestseller. 

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