lunes, 30 de mayo de 2016

Mi corazón se quedó en Noviembre




Justo voy terminando de leer este libro y lo primero que quise fue venir al blog a leer sus comentarios, como ya se habrán dado cuenta, he estado físicamente ausente de las reuniones pero siguiendo de corazón y en las lecturas al club. Lamentablemente he tenido un año raro en que me ha costado terminar de leer los libros, cada mes empiezo con la ilusión de terminar y por una u otra razón no lo logro.

Empecé a leer Noviembre retrasada, Mike me lo regaló de cumpleaños  y he empezado a leerlo desde el primer día que lo tuve entre mis manos. Teníamos el deseo de leerlo juntos y el primer par de semanas esperé pacientemente a que se diera el momento en que pudiéramos leerlo en pareja pero ha sido tan difícil coincidir en tiempo  y en ánimo que decidí saltarme el ritual y  empecé a leerlo en mis momentos de soledad y tranquilidad.

Y he terminado hoy, el día que tengo libre debido a que en Estados Unidos conmemoran el Día de los Caídos, día de los mártires de guerra. Sin pretenderlo así, he adaptado esa conmemoración a nuestra propia historia salvadoreña y he dado honor a los caídos universales de guerra, leyendo un libro sobre mártires salvadoreños. 

Estoy sentada en la sala de mi casa con las emociones a flor de piel y con el corazón hecho un nudo,  este libro me ha llevado a recordar cada visita que he hecho a la capilla de la UCA, las veces que he visto las fotos de la masacre y las ropas de los mártires, inclusive he pensado en mis propios paseos por la pastoral de la universidad, la biblioteca y los aledaños y como caminé a diario por esas mismas calles que años atrás, estos hombres de valor y de paz recorrieron mientras trabajaban por la justicia e igualdad social.

He recordado mi niñez, en una casa que me situaba físicamente lejos del conflicto pero como muchos de nosotros, con personas cercanas que andaban en las montañas, por tanto aunque no hubiera bombas cayendo cerca de mi casa, pues vivía en las cercanías del Estado Mayor, vivíamos pegadas de la Radio Venceremos, escuchando noticias, con la fe de que cualquier día mis seres queridos tocarían a la puerta y volverían a casa. Tuvimos la suerte de que así fue. Aún tengo presente el día en que estaba en el jardín frontal de la casa junto a mi madre regando la grama y recogiendo las hojas caídas del pino que daba sombra todos los días, cuando vi hacia la izquierda, una silueta apenas reconocible, con un vestido viejo y pasado de moda, como tres tallas más grande que la de ella y con un rostro pálido y ajado como papel crespón y grité “Mamá, mamá, allí viene la Vilma”, una alegría indescriptible que aún ahora que la recuerdo, se me hacen agua los ojos. Hasta ese rincón agridulce de mi memoria me ha llevado Noviembre.

Noviembre es un libro conmovedor que va más allá de la muerte de los jesuitas, nos da trazos de la historia de nuestro conflicto, nos muestra por ejemplo como un niño ingenuo cuya ilusión es conocer un museo en las montañas de Chalatenango y que uno de sus recuerdos más felices de niñez ha sido el día en que conoció a Monseñor Romero en su primera comunión, termina siendo miembro del equipo del batallón Atlacatl que lleva a cabo el operativo para matar a los jesuitas. ¿Puede uno sentir rabia hacia ese joven que no encontró más oportunidad para ganarse la vida que unirse al ejército?  Teniendo la mala fortuna de haber nacido con la habilidad de tener una excelente puntería en un momento histórico que esa destreza lo califica para hacerlo parte de quien sabe cuántos operativos macabros.  Una destreza que no pidió, que ahora lo lleva a vivir la culpa como vive la memoria.

Me gustó mucho que incluyera la muerte del padre Rutilio Grande en este libro pues es un suceso fundamental en la historia del país, no sólo por lo que  implica su muerte misma sino por el impacto que tiene sobre Monseñor Romero. He leído varios libros sobre Monseñor Romero y está claro que la muerte del Padre Rutilio Grande es un parteaguas en su vida, como si su llamado a ser profeta y denunciar se haya despertado ese día que lo vio en su lecho de muerte.


 En lo personal, me llena de orgullo ser de la tierra que vio emerger voces tan fuertes como la del Padre Rutilio, Monseñor Romero y la del Padre Ellacuría. Algo tiene la sencillez de nuestro pueblo que hizo  que cientos de personas como ellos estuvieran dispuestos a poner en riesgo sus vidas por el “nosotros”.  Lo que vieron nuestros mártires en los ojos de los Juanes, Migueles y las Saras que pasaron por sus vidas, los motivaron a vivir su vida en función de algo más grande  y llevar ese mandamiento de amor que aprendieron de la vida de Jesús hasta el extremo de dar la vida por los demás.

jueves, 12 de mayo de 2016

La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich

"En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea humana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible".  
Svetlana Alexiévich

Amigos, hemos llegado al mes destinado al Premio Nobel de Literatura. Como ya es una tradición en este club, esta viñeta nos permite elegir uno o dos libros de la obra del escritor ganador del premio del año anterior. El año pasado fue entregado a la bielorrusa Svetlana Alexiévich. Como ella ha escrito en su idioma nativo, el ruso, hemos tenido que hacer la votación de entre los únicos tres libros que han sido traducidos y que pudimos conseguir, siendo el ganador "La guerra no tiene rostro de mujer".

El Premio Nobel es un galardón internacional que se otorga anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad.

Los premios se instituyeron en 1895 como última voluntad de Alfred Nobel, industrial sueco, y comenzaron a entregarse en 1901 en las categorías de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz. A partir de 1968 se estableció también el Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel gestionado por la Real Academia de las Ciencias de Suecia y que es erróneamente llamado Premio Nobel de Economía.

La Real Academia de las Ciencias de Suecia es la encargada de nombrar al ganador del Premio Nobel de Física, del Premio Nobel de Química y del Premio en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel; la Asamblea del Nobel del Instituto Karolinska elige al ganador del Premio Nobel de Medicina, y la Academia Sueca nombra al ganador del Premio Nobel de Literatura. Todos ellos se entregan en una ceremonia celebrada cada 10 de diciembre en Estocolmo, Suecia. El Premio Nobel de la Paz, en cambio, es elegido por el Comité Noruego del Nobel, y se entrega en la ciudad de Oslo, en Noruega.

Los distintos premios se entregan cada año. Cada persona o institución laureada recibe una medalla de oro, un diploma y una suma de dinero. Esta última, determinada por la Fundación Nobel, en 2013 ascendió a los 8 millones de coronas suecas, equivalente a unos 874 mil euros.

El premio no puede otorgarse póstumamente, a menos que el ganador haya sido nombrado antes de su defunción; y, si el premio es compartido, la cuantía de dinero se dividirá entre los ganadores, que no podrán ser más de tres personas.

Esperamos que disfruten con nosotros de esta lectura y les animamos a que compartan sus comentarios y observaciones en esta misma entrada. 

Como dato curioso les comento que ella cumple años el 31 de este mes, así que también servirá nuestra lectura como una celebración por su vida.

¡Felices lecturas!

SINOPSIS

Este libro reúne los recuerdos de casi un millón de mujeres que combatieron en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, cuya historia jamás ha sido contada. Estas mujeres fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y de mujeres en guerra.

¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Alexiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.

FICHA DEL LIBRO

Viñeta:                    Mayo| Premio Nobel de Literatura
Libro:                      La guerra no tiene rostro de mujer
Título original:        U voini ne zhenskoe lizo
Autora:                    Svetlana Alexiévich
Nacionalidad:          Bielorrusa
Año:                        1985
Total de páginas:     368
Editorial:                 Espaebook
Idioma original:      Ruso
Traducción:             Yulia Dobrovolskaia & Zahara García










DIVISIÓN DE LECTURAS


Jueves
12 de mayo
Jueves
19 de mayo
Jueves
26 de mayo

Biografía de la autora

Hasta el capítulo: “Yo fui la única que regresé con mi madre” (inclusive)
Hasta el capítulo: “Señoritas, ¿saben ustedes que la esperanza de vida de un jefe de la sección de zapadores es de dos meses” (inclusive)
Hasta el capítulo final.
32%
68%
100%

LA AUTORA

Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich o Svetlana Alexándrovna Alexiévich (Aleksiévič, transliterado del ruso Светла́на Алекса́ндровна Алексие́вич, en bielorruso Святлана Аляксандраўна Алексіевіч, transcrito como Sviatlana Aliaksándrauna Alieksiyévich); Stanislav, Ucrania soviética, Unión Soviética, 31 de mayo de 1948), es una escritora y periodista bielorrusa de lengua rusa, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015.

Hija de dos maestros, él bielorruso y ella ucraniana, Aleksiévich nació en el pueblo de Stanislav –actual Ivano-Frankivsk– en la Ucrania soviética, pero se crió en la república soviética de Bielorrusia. Estudió periodismo en la Universidad de Minsk desde 1967 y al graduarse se marchó a la ciudad de Biaroza, en el óblast o provincia de Brest, para trabajar en el periódico y en la escuela locales como profesora de historia y de alemán. Durante ese tiempo se debatió entre la tradición familiar de trabajar en la enseñanza y el periodismo.

Fue reportera en la prensa de Narowla, en el óblast o provincia de Gómel. Desde sus días de escuela había escrito poesía y artículos para la prensa escolar y también en la revista literaria Neman de Minsk, donde publicó sus primeros ensayos, cuentos y reportajes.

El escritor bielorruso Alés Adamóvich la inclinó a la literatura apoyando un nuevo género de escritura polifónica que denominó «novela colectiva», «novela-oratorio», «novela-evidencia» o «coro épico», entre otras fórmulas. En sus textos a medio camino entre la literatura y el periodismo usa la técnica del collage que yuxtapone testimonios individuales, con lo que consigue acercarse más a la sustancia humana de los acontecimientos. Para esto tuvo que transformarse en viajera y visitar casi toda la Unión Soviética. Usó este estilo en su primer libro La guerra no tiene rostro femenino (1983), en el que, a partir de entrevistas, abordó el tema de las rusas que participaron en la II Guerra Mundial. El estreno de la adaptación teatral en Moscú, en 1985, supuso un gran antecedente en la glásnost o apertura del régimen soviético iniciada por su dirigente Mijaíl Gorbachov. Alés Adamóvich y Vasil Bykaŭ son los más importantes influjos que la propia escritora ha reconocido en su obra.

Su obra es una crónica personal de la historia de los hombres y mujeres soviéticos y postsoviéticos, a los que entrevistó para sus narraciones durante los momentos más dramáticos de la historia de su país, como por ejemplo la II Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la caída de la Unión Soviética y el accidente de Chernóbil. Enfrentada al régimen autoritario y a la censura del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, abandonó Bielorrusia en el año 2000 y estuvo viviendo en París, Gotenburgo y Berlín. En 2011 Aleksiévich volvió a Minsk. Varios libros suyos fueron publicados en Europa, Estados Unidos, China, Vietnam e India y recibió el premio Nobel de 2015 siendo la primera escritora de no ficción con este premio en un siglo.

Obras

1985: La guerra no tiene rostro de mujer. 
1985: Los últimos testigos. Cien relatos nada infantiles. 
1990: Los chicos de cinc. 
1994: Fascinados por la muerte.
1997: Voces de Chernóbil.
2013: El fin del Homo sovieticus.

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