domingo, 19 de marzo de 2017

El señor de las moscas, William Golding

"Se perdió en un laberinto de pensamientos que resultaban oscuros por no acertar a expresarlos con palabras." - El señor de las moscas, William Golding.

Estimado Club, nos llega el turno del libro opcional para este mes de marzo que se lo dedicamos a los clásicos, esto me pone a reflexionar en los motivos por los que recomendé este libro y en los motivos por los que también estoy tan entusiasmada de leerlo (debo comentar que para mí será la primera vez leyéndolo). Este libro lo tenía en mi lista de pendientes desde hace bastante y, una de las razones por las que lo he tenido pendiente, es porque no lo vendían aquí en el país. Para tratarse de un clásico, esto es algo que me resulta sumamente extraño y fue una de las razones por las que me aventuré a proponerlo, pues mientras más difíciles de conseguir son, más especiales nos parecen. Cuando hablamos de los libros, más allá de su género, historia o argumento; hay algo que es sumamente importante para mí y es que sus personajes me hablen, me transmitan y finalmente me enseñen. Si hay algo que he visto repetido en las reseñas y críticas a esta obra, es que en muchas se comenta el simbolismo de sus personajes, aunque también se comenta que da para mucha interpretación; así que, teniendo opiniones tan distintas dentro del club, creo que dará para una discusión muy entretenida, por lo que, sin más, les dejo aquí las generalidades de la obra que vamos a disfrutar en estas últimas dos semanas del mes.

Obra de William Golding

A Golding se le reconoce entre los críticos, como un novelista muy original al presentar temas polémicos valiéndose del simbolismo por medio de sus personajes. Sus novelas más reconocidas reflejan un estilo de ficción alegórica en el que se hace alusión a la literatura clásica, mitológica y al simbolismo cristiano. Sus obras son muy distintas, por lo que no siguen una línea argumental única y la técnica de composición varía, pero se puede encontrar como factor común que en todas destaca la violencia que es inherente al ser humano y la respuesta sensata y cívica contra la barbarie y la guerra, mostrando las ambigüedades y fragilidades de la civilización occidental, en esta última aseveración se nota que se trata de un escritor de posguerra.
Sus textos, en su mayoría, se enfocan en los dilemas morales y en las reacciones de las personas cuando son sometidas a situaciones extremas y la crueldad innata del ser humano. Obras como El señor de las moscas, en la que sus protagonistas son un grupo de niños en una isla desierta o Los herederos, que se enfoca en una tribu de Neanderthales enfrentados a los Homo Sapiens y en Martín el náufrago que narra en un solo hombre la lucha de la inteligencia contra la naturaleza como enemigo del hombre.

El hilo conductor de sus novelas principales es, generalmente, un esquema disfrazado como una aventura, pero que en su fondo ocultan el mito del mal. Desmarca la utopía racional de H. G. Wells y de los autores que piensan que el origen del mal se encuentra en las estructuras y en los sistemas políticos. William Golding propone indirectamente en sus obras, la interesante teoría de que la violencia brota de las profundidades del hombre y que es esta maldad intrínseca, la creadora de los modelos sociales destructores como el nazismo. 


El señor de las moscas es una recomendación de Katy Álvarez


FICHA DEL LIBRO (EDICIÓN FÍSICA)


Viñeta:                        Marzo | Clásico
Título:                         El señor de las moscas
Autor:                         William Golding
País:                           Reino Unido
Nº de páginas:            286
Año de publicación:    1954
Idioma original:           Inglés
Género:                      Novela/Alegoría/Ficción especulativa
Editorial:                     Alianza Editorial
ISBN:                          978-84-206-7417-9



SINOPSIS

Una treintena de muchachos son los únicos supervivientes de un naufragio en el que perecen todos los adultos. Enseguida se plantea cómo sobrevivir en tales condiciones, y no tardan en crearse dos grupos con sus respectivos líderes. Ralph se convierte en el cabecilla de quienes están dispuestos a construir refugios y a recolectar, mientras que Jack se convierte en el jefe de los cazadores, animados por un espíritu más aventurero, lo que lleva a tensiones entre ambos bandos. El señor de las moscas es un nombre para el mal en la cultura judía, y este es uno de los temas principales de la novela, junto con la contraposición entre civilización y barbarie y la validez de la disciplina, entre otros muchos.



DIVISIÓN DE LECTURAS


Jueves 23 de Marzo de 2017
Jueves 30 de marzo de 2017
Lectura de la biografía del autor y página 73 (de la versión PDF) Capítulo 6: La Bestia de Aire (inclusive)
Página 140 (de la versión PDF) Capítulo 12: Gritos de Cazadores.
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EL AUTOR

Sir William Gerald GoldingCBE (NewquayCornuallesReino Unido19 de septiembre de 1911 Perranaworthal, Cornualles, Reino Unido, 19 de junio de 1993), fue un novelista y poeta británico, galardonado con el premio Nobel de literatura en 1983, conocido especialmente por su obra El señor de las moscas.

Nació en Newquay, Cornualles, en 1911 y creció en Marlborough, en cuya escuela era profesor de ciencias su padre, Alec Golding. El profesor Golding se definía como socialista con una gran confianza en el racionalismo científico, hecho que influyó decisivamente en sus dos hijos, William y Joseph, mientras que su madre, Mildred, era una ferviente defensora del sufragio femenino. En 1930, William comenzó a estudiar ciencias naturales en el Brasenose College de Oxford para complacer a su padre, pero dos años después cambió a los estudios de literatura inglesa, con el sueño de convertirse en poeta, al estilo de Shakespeare y Tennyson.
En el otoño de 1934 se publicó su primer libro de poesía, Poems, que posteriormente repudió, y al año siguiente comenzó su trabajo como profesor en la escuela Michael Hall, en el sur de Londres, trabajo que abandonó dos años después para volver a Oxford, donde preparó su doctorado.
En 1939, unas semanas antes de la declaración de guerra que condujo a la Segunda Guerra Mundial, contrajo matrimonio con Ann Brookfield. En abril del año siguiente comenzó a trabajar como profesor en la Bishop Wordsworth’s School de Salisbury. A los cinco meses de la boda, en septiembre, nació su primer hijo, David. Dos meses después, en diciembre de 1940, ingresó en la Royal Navy.
Los cinco años que pasó en la Royal Navy durante la guerra le causaron un enorme impacto, exponiéndole a la increíble barbaridad y crueldad de la que es capaz la humanidad. Rechazando el optimismo racionalista de su padre acerca del desarrollo humano, se convenció a sí mismo de la maldad intrínseca al ser humano: "Cualquiera de mis contemporáneos que no entienda que el hombre produce maldad, como una abeja produce miel, debe estar ciego o mal de la cabeza".
Una vez finalizada la guerra, vuelve a sus clases, dejando definitivamente la Royal Navy con el nacimiento de su segunda y última hija, Judith Diana.
En 1952 comienza a trabajar en una novela titulada Strangers from Within (Extraños desde el interior), que después de ser rechazada por varios editores, es publicada en 1954 por Faber and Faber con el título Lord of the Flies (El señor de las moscas), su obra más emblemática y conocida. Esta obra trata de lo que puede llegar a hacer el ser humano en situaciones tan dramáticas como el estar perdidos en una isla.
Cultiva también el teatro, con la obra The Brass Butterfly, estrenada en 1958 y basada en su relato anterior Envoy Extraordinary y la crítica literaria, escribiendo para The Bookman y The Listener.
En su lugar de residencia, Bowerchalke, cerca de Salisbury, entabla amistad con James Lovelock, conocido científico independiente, al que apoya en su teoría de que la vida en la Tierra se comporta como un único organismo, para el que el propio Golding sugiere el nombre de Gaia, la diosa griega de la Tierra. En 1962 deja su trabajo como profesor para dedicarse a la literatura a tiempo completo, dando conferencias sobre El señor de las moscas y escribiendo ensayos sobre sociología y literatura, recopilados en The Hot Gates y A moving target.
Tras una experiencia de «sequía creativa» desde 1968 a 1970, publica de nuevo su relato Envoy Extraordinary, junto a otros dos relatos en The Scorpion God (El dios escorpión, 1971) y comienza a escribir un Diario en el que cuenta tanto experiencias personales como sus dificultades creativas.
En 1970 se presentó como candidato a canciller de la Universidad de Kent en Canterbury, pero perdió frente al político y líder del partido liberal Jo Grimond.
Su obra Darkness Visible ganó el premio James Tait Black Memorial en 1979 y Rites of Passage consigue en 1980 el premio Booker del Reino Unido, ese mismo año comienza su trilogía To the Ends of the Earth, donde deja entrever su pasión por el mar y la navegación a través del periplo mundial de su protagonista, Edmund Talbot, y que finalizará entre 1989 y 1991.
Es galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1983. En el anuncio de la elección el jurado del Premio Nobel compara a Golding con Herman Melville en estos términos:
"Las novelas e historias de William Golding no son solo sombrías enseñanzas morales u oscuros mitos sobre el mal y las fuerzas de traición y destrucción. También son relatos llenos de aventuras y color que pueden ser disfrutados como tales, por su alegre narrativa, inventiva y emoción. Sus obras, con la perspicacia de la narrativa realista, y la diversidad y universalidad del mito, iluminan la condición humana del mundo actual."
En 1988 fue nombrado sir, caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II y en 1992 doctor honoris causa por la Universidad de Oviedo, España.
En diciembre de 1992 tiene que ser intervenido de un melanoma maligno en la cara, del que es operado satisfactoriamente. Comienza a escribir una nueva novela, The Double Tongue (La lengua oculta, ambientada en Delfos durante el Imperio romano), que deja inacabada al morir de un infarto el 19 de junio de 1993 y se publica posmortem en 1996. Está enterrado en el cementerio de Bowerchalke, Reino Unido.

miércoles, 15 de marzo de 2017

CBE apoyando a Centroamérica Cuenta

Centroamérica Cuenta es un encuentro internacional de escritores de todo le mundo que se celebra en Nicaragua desde 2012 y surge como una iniciativa del escritor nicaragüense Sergio Ramírez. 

Desde su inicio, ha convocado a casi 300 narradores de España, América Latina, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y los Países Bajos; para reflexionar y dialogar, desde el arte y la literatura, sobre diversos temas de interés. Este encuentro se ha constituido en el evento literario más importante de la región y en un espacio de reflexión y diálogo sobre diversos temas alrededor de la realidad y la cultura centroamericana.

En esta edición de 2017, el Club de la Buena Estrella estará acompañando estas actividades que se celebrarán en la última semana de marzo. Tendremos el privilegio de conversar con el autor de nuestro libro de diciembre recién pasado, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, de quién leímos la novela "El olvido que seremos", y sobre la cual se proyectará un documental el día 29 de marzo en el teatro Luis Poma a partir de las 7:00 p.m.

Esta novela, le valió el Premio Casa de América Latina de Portugal y el Premio Wola-Duke. El autor cuenta la historia de su padre asesinado durante los años más turbios de Colombia. 

lunes, 6 de marzo de 2017

¿Cuál es la razón de ser de la Ciencia Ficción?

A partir de la conversación que sosteníamos en la reunión de este jueves recién pasado (2 de marzo de 2017) se me vino a la mente la idea de poder hacer mi primer aporte al blog del Club ahondando un poco más sobre un género que es mi favorito y que, en mi opinión, es bastante malentendido y a veces hasta visto como de un menor valor literario.

Es muy común pensar en la ciencia ficción, y por afinidad igual le pasa a la fantasía, como un género dedicado exclusivamente al escapismo, a contar historias extraordinarias de mundos lejanos, naves interespaciales, inventos futuristas y demás. Y si bien es cierto que hay obras pensadas únicamente como un objeto de entretenimiento (y no hay nada de malo en eso), es mucho más común que una obra de ciencia ficción tenga un importante propósito social o de introspección.

El estadounidense Isaac Asimov, uno de los grandes autores del género, la definía así: 
“Ciencia ficción es la rama de la literatura que trata de las respuestas de los seres humanos a los cambios en la ciencia y la tecnología”

Más allá de ser una simple válvula de escape, los escritores están buscando analizar la condición humana y el impacto del desarrollo de la sociedad en ella misma. A continuación abordaré sólo algunos de los propósitos y beneficios que nos genera la creación y lectura del ‘Sci-Fi’.

Para entrar en materia hablemos de un punto positivo que normalmente se les atribuye, de forma incorrecta, a los autores de ciencia ficción: predecir el futuro. Sí podemos decir acerca de los escritores que son visionarios y se dan a la tarea de imaginar distintos futuros posibles y avances tecnológicos y científicos, pero es poco frecuente que su intención sea la de anticiparse a hechos por venir; en cambio logran algo de mayor relevancia: inspirar.

Muchas de las grandes invenciones de la Historia de la humanidad tuvieron sus inicios en las mentes y los escritos de grandes autores de ciencia ficción: Los respectivos inventores del submarino y del helicóptero mencionaron como inspiración para trabajar en sus diseños originales los libros de Julio Verne 20,000 Leguas de Viaje Submarino y Robur El Conquistador; el primer prototipo de un teléfono celular fue creado a inicios de la década de los 70 en los laboratorios de Motorola cuando uno de sus directores de ingeniería quiso volver realidad el ‘comunicador’ de la serie de televisión Star Trek; por su parte la novela Snow Crash de Neil Stephenson nos dio el término avatar para referirnos a la representación virtual de una persona en el Internet, además de haber sido una motivación para algunos de los desarrolladores de Google Earth. Y así podríamos continuar enumerando diversos ejemplos de obras que han influido en la vida real a través de personas en quienes despertaron una chispa de creatividad e ingenio.


La ciencia ficción también nos lleva a analizar situaciones desde un punto de vista externo permitiéndonos buscar respuestas a preguntas sobre temas que se nos hacen incómodos abordarlos de otra manera, nos presenta escenarios alternativos altamente alegóricos a las problemáticas de nuestro mundo: la película District 9 es una alusión (poco sutil valga decir) al Apartheid sudafricano y una visión de cómo tratamos a otras especies (o razas) diferentes a nosotros; por otra parte uno de mis escritores favoritos, Philip K. Dick, se dedicó a explorar una enorme cantidad de temas escabrosos en sus novelas y cuentos: el uso y abuso recreacional y clínico de las drogas (en Una Mirada a la Oscuridad), las vicisitudes de la vida bajo una enfermedad mental (Clanes de la Luna Alphane), ¿qué realmente constituye a un ser humano? (¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?), e incluso ¿y si los países del Eje hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial? (El Hombre en el Castillo).

Finalmente, y para enlazarlo con el libro que nos ocupa la primera mitad de este mes, me enfocaré en el subgénero de la literatura distópica. Aquí se busca llevar a su extremo ideas sociológicas, políticas, económicas que llevarían a la sociedad a un estado de totalitarismo, supresión de la libre expresión y control autoritativo del estado.

El hecho que estos posibles futuros imaginados no se vuelvan realidad es en este caso el éxito de estos libros, pues lo que buscan es hacer una advertencia sobre los caminos que no debemos seguir. Así George Orwell nos expresó su preocupación sobre un estado en completo control de la información, la prensa y el sentir de sus ciudadanos en 1984, mientras que en Rebelión en la Granja criticaba el comunismo radical y a su vez examinaba el carácter corruptivo del poder; en Un Mundo Feliz Aldous Huxley escribe sobre los peligros de la manipulación y modificación psicológica y genética de las personas; y como ejemplo final por supuesto Fahrenheit 451 donde Ray Bradbury plasmó su ansiedad por una sociedad que pierde el interés por la literatura y el conocimiento.

El tema es desde luego muy amplio y he querido acá sólo poder dejar una muestra de lo mucho que la ciencia ficción tiene para ofrecernos. Espero este escrito pueda dar una nueva perspectiva para quienes puedan ser un poco reacios a ella, y ojalá continuemos dándole la oportunidad en nuestro club a más obras de este género. Me despido de ustedes con  una cita de nuestro autor de este mes, Ray Bradbury:

"La ciencia ficción es la literatura más imporante en la historia del mundo, porque es la historia de las ideas, la historia de nuestra civilización dando a luz a sí misma… La ciencia ficción es parte central de todo lo que alguna vez hemos hecho, y la gente que se burla de los escritores de ciencia ficción no saben de qué están hablando”.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

“Allí donde se queman los libros, se acaban por quemar a los hombres (y mujeres)”

Heinrich Heine















Estimados miembros, tengo la dicha que, para el mes de marzo en este nuestro Club, se vaya a leer: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Es doble motivo de dicha porque, por una parte, Ray Bradbury constituye uno de mis autores predilectos, imprescindibles; sus cuentos, sus ensayos y sus novelas son siempre un descubrimiento literario, aunque llevan buen rato publicadas. Por otra parte, porque Fahrenheit 451 es una novela excepcional por varias razones que en su momento podremos apreciar y espero que, finalmente, sea de su agrado.

OBRA DE BRADBURY

Generalmente, la obra de Bradbury ha sido catalogada como ciencia ficción; muy a seguro porque sus libros más editados y agotados son: Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451. A pesar de que el autor en vida únicamente consideraba a Fahrenheit 451 dentro de este género. La etiqueta de ciencia ficción, que acompaña a su obra, supuso que un sector de la crítica y algunos lectores infravaloraran a este autor y lo alejaran como un gran referente literario, no obstante, el tiempo ha demostrado lo contrario.


Debido a la etiqueta mencionada, Bradbury fue relacionado con autores como Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Destacó de estos, sin embargo, porque en su obra siempre tenía en el centro la preocupación por el ser humano: su condición, su posible degradación, su soledad, su melancolía. En su única novela negra, La muerte es un asunto solitario, —claro homenaje a los autores clásicos del género: Chandler o Hammett— Bradbury logra una atmosfera llena de melancolía y de lírica de la condición social de aquella época, plagada de diálogos con toques de humor y con una historia que involucra un asesino muy particular.

Como se puede observar, la obra literaria de Bradbury posee muchos registros. Quizá uno de los más interesantes, a parte de los géneros ya citados, es el que tiene que ver con el cuento, en donde también se puede destacar al ser humano como centro de su escritura. En este punto se destacan libros como Las doradas manzanas del sol, El hombre ilustrado, Remedios para melancólicos, País de octubre, entre otros. Esto viene al caso, ya que se ha considerado —probablemente porque el propio Bradbury lo indicó— que el cuento El peatón es un resabio, el germen de la historia, que se desarrollaría en Fahrenheit 451. Aquí una versión para su consulta: El Peatón.


Fahrenheit 451 es una propuesta de Emiliano Arévalo



FICHA DEL LIBRO (Edición física)


Viñeta:                        Marzo/Clásico
Título:                         Fahrenheit 451
Autor:                         Ray Bradbury
País:                            Estados Unidos
Nº de páginas:            180
Año de publicación:   1953
Idioma original:          Inglés
Género:                       Novela corta
Editorial:                     Debolsillo
ISBN:                           9788497930055


SINOPSIS

Fahrenheit 451 narra la historia de una ciudad del futuro dominada por los medios audiovisuales, en la que se acosa el individualismo, están prohibidos los libros y los bomberos —brazos ejecutores de un Estado totalitario—, son los encargados de quemarlos. Al margen de la sociedad, se ha creado una resistencia, un grupo de hombres recluidos en los bosques, autoproclamados defensores de la literatura para preservar la cultura.

Las anécdotas de la quema y destrucción de libros tienen larga data en la historia. Así por ejemplo, a partir del año 213 a.c. se quemaban los libros de intelectuales que contradecían la legitimidad del emperador Qin Shi Huangdi de China; los intelectuales que se resistieron fueron enterrados vivos. En otro caso, en 1933 el partido Nacional socialista inició una campaña, liderada por la Unión Estudiantil Nacionalista, para quemar los libros considerados perjudiciales por su espíritu antialemán, sobre todo por ser escritos por judíos, marxistas y pacifistas.

La quema de libros de bibliotecas por los nazis influyó mucho a Bradbury para crear Fahrenheit 451. Este autor ha afirmado: “Cuando yo tenía quince años [Hitler] quemó los libros en las calles de Berlín. Tiempo después, me enteré de las bibliotecas que se incendiaron en Alejandría hace cinco mil años. Eso me apenó profundamente. Como soy autodidacta, eso quiere decir que mis educadores, las bibliotecas, corren peligro”. Lo cierto es que la quema de libros (o su destrucción) ha sido una idea repetida en la humanidad para acabar con las ideas.

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 2 de marzo de 2017
Jueves 9 de marzo de 2017
Jueves 16 de marzo de 2017
Lectura de la biografía del autor
Página 64 (de la versión Epub) de la parte II: La Criba y La Arena
Hasta la página 127 (versión Epub) de la parte II: Fuego vivo
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EL AUTOR

Ray Douglas Bradbury nació el 22 de agosto de 1920. Hijo de Leonard Spaulding Bradbury y de Esther Moberg, inmigrante sueca; sus abuelos y bisabuelos fueron editores de periódicos. En muchas de sus biografías, Bradbury se califica como un lector empedernido, especialmente durante sus años de juventud en los que pasaba tardes enteras en la Biblioteca Carnegie de su población natal: Waukegan, Illinois.

Bradbury no cursó la universidad, su estudio formal llegó hasta la secundaria de la cual se graduó en el año de 1938. Hasta el año de 1942 se ganó la vida vendiendo periódicos y en el año de 1943 dejó dicho trabajo y se dedicó a escribir a tiempo completo, publicando en diversos medios numerosos relatos breves.

De hecho, su primer relato corto —Hollerbochen’s Dilemma— fue publicado en el año 1938, cuando Bradbury era aún muy joven; por otra parte, en 1950 publicó uno de sus libros mayores: Crónicas Marcianas, que fue cuando asciende a la fama literaria. Sobre dicho libro, se cuenta que el editor encargado le dijo a nuestro autor que la única manera de publicar esos relatos era que tuvieran un hilo común. Bradbury aceptó el reto y unió dichas historias a través de Marte, el planeta rojo. Posteriormente, en 1951 publicó El hombre ilustrado, compuesto por varios relatos de naturaleza fantástica, y dos años más tarde publicó, nuestro libro para el mes de marzo, Fahrenheit 451; título que alude a la temperatura en que el papel empieza a arder.

En 1947, se casó con Marguerite McClure (1922–2003), con quien tuvo cuatro hijas. Sobre esta época y relacionado con Fahrenheit 451 nuestro autor ha comentado: “En 1950 nació nuestro primer bebé y en 1951 nuestro segundo, así que nuestra casa se estaba llenando de niños. Había mucho ruido, era maravilloso, pero no tenía dinero para alquilar una oficina. Caminando por la biblioteca de UCLA descubrí que había un cuarto para escribir a máquina donde se podía alquilar una máquina de escribir por diez centavos por media hora. Así que fui y junté una bolsa de monedas de diez centavos. La novela comenzó ese día y nueve días después estaba terminada […] El libro se escribió por sí solo en nueve días, porque la biblioteca me pidió que lo hiciera”.

En una entrevista del año 2005 —ya citada—, el autor de Fahrenheit 451 contesta a las inquietudes de predicción, de las cuales siempre se ha acusado a su libro: “Nunca he creído en las predicciones. Eso es cosa de otros, de alguien como H. G. Wells con The Shape of Things to Come (La vida futura). Lo he dicho a menudo: no he intentado predecir, sino proteger y prevenir. Si puedo convencer a la gente de que deje de hacer lo que está haciendo y vaya a la biblioteca y sea razonable, sin pontificar y sin ser tímida, es suficiente. Puedo enseñar a la gente a darse cuenta realmente de que está viva”.

En la ciudad de Los Ángeles, el 5 de junio de 2012, falleció Ray Bradbury, a la edad de 91 años. Le sobrevivieron sus hijas Susan (1949), Ramona (1951), Bettina (1955), Alexandra (1958) y varios nietos, su esposa había muerto en 2003. Como dato curioso —sobre todo para los que ya hayan leído El Peatón— nunca obtuvo la licencia para conducir.

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