martes, 11 de julio de 2017

La intrincada situación de todo Club

Para L.
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En la fotografía, imperceptible debido a que ocupa un espacio al fondo del salón, 
Maximiliano Ravidabia; Maestro Masón, según el ritual de York. 
Logia 'La Aurora', Madrid, España (1925).
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El siguiente texto pertenece al tomo VI del Partum Magnum Mysterium del versátil y desconocido escritor, Maximiliano Ravidabia. 
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Aunque podríamos sospechar que viene puntuado desde la filogenia, que no es estrictamente una característica de tipo animal sino que esta arraigada a toda entidad biológica y se manifiesta como una σύνβίωσις previa a cualquier forma de gregarismoel Club ha de encontrar su origen en determinadas fractalidades de la vida social, las cuales, por sus características y su marcada incongruencia con el resto, se vieron en la tarea de institucionalizar su lenguaje, sistematizar sus métodos de aprehensión y unificar sus ambiciones. De esta forma las 'pequeñas' sociedades encontraron la justificación de hacerse llamar orden, hermandad, fraternidad, logiacírculo, cenáculoconciliábulo o Club.

La palabra Club parece ser el resultado de los accidentes inherentes al lenguaje, a su inestabilidad intrínseca e independencia de la realidad del hablante. Los registros de la Asiatic Society indican que su fundador, Sir William Jones, estableció la etimología de la palabra 'Club' en la voz indoeuropea Klubba. Posteriormente, el francés Gaston-Laurent Coeurdoux, que llegaría a ser el pilar del impresionante trabajo de Jean-Francois Champollion con los jeroglíficos egipcios, precisó que Klubba es de raíz germánica; y que el uso de la palabra es destacado en Suecia, donde la palabra funciona para designar lo hacinado y aglomerado. No es de extrañar que Klubba connote las palabras masoarma con maza masa aglomerada vinculada a un haz. 


Con audacia, sobretodo pedagógica, se puede disponer que Club hace referencia a un cuerpo aglomerado en torno a un eje o centro.

Aunque es difícil identificar el momento en que la palabra comienza a responder a su disposición actual, se pretende dilucidar en el presente estudio las razones que hacen funcionar a estas masas aglomeradas. A lo mejor, en esta praxis, sea posible encontrar una genealogía que nos permita esbozar su naturaleza, desenvolvimiento y τέλεος. 

En la obra del inglés Robert Seymour reside el primer indicio de la tarea aquí propuesta. Reconocido ilustrador de los ligeros gustos del típico hombre británico, Seymour llegó al conocimiento de los clubes alrededor de 1828, a través del contacto con la tradición oral de su región. En las charlas informales en parques y bares, era común escuchar acerca de las hazañas de caballeros pertenecientes a una sociedad llamada Club Nimrod. Las historias acerca de este club hacen mención que sus miembros se dedicaban a cazar en el bosque de Epping, fronda que limita entre Londres y el condado de Essex; y aunque en esos relatos nunca se detalla la técnica de caza o los tipos de presa predilectos del Club, todos convergen en que sus miembros utilizan mantos escarlatas y máscaras de cérvidos para llevar a cabo sus acciones. 

Si bien, Robert Seymour jamás describió abiertamente estas cuestiones al momento de publicar algunas de sus ilustraciones 'deportivas' - las cuales tenían como base el espíritu atlético del Club Nimrod - fue lo que llevó a Dickens a consentir trabajar junto a él bajo la administración de Chapman & Hall, en una publicación mensual que tuviera como argumento la aventuras de los miembros de un Club en 1835.


Ilustración del Club Pickwick por Robert Seymour (1836).

La experticia literaria de Charles Dickens, quien tan solo contaba con 24 años de edad, era lo suficientemente acertada para interpretar y traslapar los secretos recolectados del Club Nimrod bajo la cándida apariencia del aristócrata Samuel Pickwick y su club. Este trabajo en conjunto, terminaría inmortalizado sobre una serie de disgustos e intereses mezquinos de tipo editorial, en la que ahora se entiende como la primera novela de Dickens, The Posthumous Papers of the Pickwick Club.

Una situación análoga se dio pocos años después en Francia. Alexandre Dumas, a finales de 1844, después de 7 entregas, daba por terminado Les Tris Mousquetaires. La duodécima novela de Dumas recorre las idas y venidas de D'Artagnan en la carrera por convertirse en miembro oficial de la guardia monárquica, y junto a él, aparecen Aramis, Athos y Porthos; los cuales se encuentran hacinados y aglomerados entorno a un pour tous, tous pour un. A pesar de no figurar en la obra de Dumas, club parece ser el concepto más adecuado para denominar a esta camaradería. 

El aporte de Dumas al estudio de los clubes descansa en el capítulo XLII, Le vin d'Anjou, del relato ya citado. Este episodio se convertirá 150 años después de su escritura, en el viacrucis de Lucas Corso. Si las investigaciones de Pérez-Reverte acerca del bibliófilo Lucas Corso llegan a ser acertadas, en 1993 se estarían publicando algunos datos del críptico Club Dumas. Este consorcio en particular, cuyo año de fundación no ha sido posible identificar, se caracteriza por la devoción a Dumas y su obra. Tal es esta dedicación al francés, que a parte de conocer los detalles más efímeros de su vida privada, han logrado reconocer que en el genio de Alexandre Dumas hay más que un literato. Entre los secretos que Lucas Corso desvelará de las entrañas mismas del Club Dumas, están el vicio del francés por hacerse del trabajo de otros escritores para complementar sus voluminosos textos, y la simpatía que este profesaba al tratado de Aristide Torchia, De Umbrarum Regni Novem Portis; del que se encuentran tributos desperdigados en toda su obra, sobretodo en Les Tris Mousquetaires, capítulo XLII. 


De Umbrarum Regni Novem Portis, traducido como Las Nueve Puertas del Reino de las Sombras, posee la cábala para congregar a los demonios y someterlos a la voluntad humana. El texto de Torchia, el cual lo llevó a la hoguera inquisitorial en 1666, es simiente del desdeñado libro el Delomelanicon; el que resulta casi imposible no asociarlo con el escrito de Abdul Alhazred, el Al Azif, que data de 730 d.C. Es probable que esta relación de Dumas y el culto esotérico, visto en su forma más profunda, pase desapercibido en la faena de Pérez-Reverte.



Portada del De Umbrarum Regni Novem Portis
escrito por Aristides Torchia (1666).
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Sobre el Delomelanicon, el desciframiento del De Umbrarum Regni Novem Portis y un estudio exhaustivo de los sistemas místicos esotéricos occidentales y orientales, se recomienda la consulta del Tomo XIII del Partum Magnum Mysterium de Maximiliano Ravidabia (N. del T.)
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Las seducciones de grimorios y escritores no han sido únicamente de pocos, curiosamente y siguiendo las pistas del club en el viejo mundo, existen rastros de un club en España que profesa compromiso y fidelidad al recientemente fallecido Howard Phillips Lovecraft, llamado Club Lovecraft. Se tiene conocimiento que Leonardo Pacheco es quien encabeza la dirección del club, y que por desconocidas fortunas dará con el paradero del libro de Alhazred, el cual descansa en Toledo. Aparentemente, esta copia que yace en tierras toledanas, responde a la misma que desapareció en 1932 de la biblioteca de Miskatonic University; la misma entidad académica que patrocinó las famosas y misteriosas investigaciones de 1931 en la Antártida, bajo la dirección del Dr. William Dyer.

Posiblemente el Emblema del Club Lovecraft, 
diseñado a partir de las descripciones de Tomislav.
Miembro 'accidental' del Club Lovecraft.

Junto a estos clubes que orbitan alrededor de figuras prolíficas, existió un club homónimo al escritor florentino Dante Alighieri, en Boston de 1865. Los ficheros policiales de la ciudad citan el trabajo del detective Nicholas Ray en el caso de los asesinatos seriales que compartían homogeneidad con los castigos infernales explicados en La Divina Commedia. La información de estos asesinatos quedó soterrada bajo el alboroto social-político que dejó la finalización de la Guerra Civil y la muerte de Lincoln. Los archivos mencionan que Nicholas Ray se hizo de la ayuda del Club Dante, grupo conformado por poetas y profesores de Harvard, para construir hipótesis criminológicas que permitieran anticiparse al asesino. El club se encontraba bajo el liderazgo de Henry Wadsworth, el primero en realizar una traducción al inglés de La Divina Comedia. 

El Club Dante no es él único que destacó en el ámbito público, la recopilación del Dr. Watson sobre el desempeño profesional del detective privado Sherlock Holmes, refieren a la existencia de uno de los clubes que se distingue por su injerencia en temas políticos y sociales. El Club Diógenes, fundando por Mycroft Holmes, hermano de Sherlock, se desempeña, debajo de sus excéntricas apariencias, en asuntos de consejería y dirección en temas de seguridad de la corona inglesa; lo que representaría el arraigo del mayor de los Holmes en la tradición de la 'consejería Real' propuesta por el Dr. John Dee desde 1559. 


Muchos han sido los logros del Club Diógenes en lo que respecta a temas de seguridad nacional, pero en este estudio se cree meritorio citar los dos más importantes. El primero es la conformación del programa The Extraordinary League of Gentlemen, cuya historia puede encontrarse en las crónicas del no reconocido caballero de la corona Sir. Alan Moore; y el segundo, es el diseño y la ejecución del sistema de entrenamiento militar conocido como J.B007. Estos programas de seguridad han sido propuestos por el Club Diógenes con la única finalidad de suplir la ausencia de Sherlock Holmes que viene desde 1893. Actualmente, se sabe que The Extraordinary League of Gentlemen tendrá su disolución hasta principios del Siglo XXI, y el J.B007, el cual alcanzara su total madurez bajo la dirección de Ian Lancaster Fleming, fortalecerá las operaciones del Servicio Secreto Inglés en las modalidades MI5 y MI6.


Una de las características fundamentales del Club Diógenes es la presencia misma de lo ausente. Esto, que podría tildarse de un recurso sacado de la filosofía hegeliana, parecer funcionar como un procedimiento de selección de miembros que se ajusten a ciertos patrones psicológicos, necesarios para el desempeño de la misión del clubEl imperativo del silencio dentro club, su principal cualidad, elude a 3 normas para cada uno de sus integrantes. El Dr. Watson, en su remembranza del caso El intérprete griego, recrea una de las conversaciones con Sherlock Holmes, quién expone el normativo diogenesiano:



"Y es muy lógico. Ya sabe que hay en Londres muchos hombres que, unos por timidez y otros por misantropía, no desean la compañía del prójimo, y no obstante se sienten atraídos por unas butacas confortables y por los periódicos del día. Precisamente para conveniencia de estos se creó el Diogenes Club, que ahora da albergue a los hombres más insociables y menos amantes de clubs de toda la ciudad. A ningún miembro se le permite dar la menor señal de percepción de la presencia de cualquier otro. Excepto en el Salón de Forasteros, no se permite hablar en ninguna circunstancia, y 3 faltas en este sentido, si llegan a oídos del comité, exponen al hablador a la pena de expulsión. Mi hermano fue uno de los fundadores, y yo mismo he encontrado allí una atmósfera muy relajante".


Extraído del caso El intérprete griego, publicado después de la 'muerte' de Sherlock Holmes en 1894.

Archivos del Dr. John Watson.


Posterior a la 'muerte' de Sherlock Holmes,
el Club Diógenes imprimió y distribuyó la normativa en una pequeña tarjeta a todos sus miembros. 


Más allá de sus extravagancias, la lección del Club Diógenes parece orientarse a la necesidad de que todo club trace contornos que delimiten el accionar o movimiento de sus miembros; necesario, aún y con toda la sensación de unidad que los clubes evocan por naturaleza. En Estados Unidos, con propósitos totalmente opuestos al club insular, se encuentran 2 clubes que destacan por su devoción y respeto a las medidas de control de la conducta. 

Se conoce por limitadas investigaciones, pero altamente acertadas, sobre la presencia de un club titulado el Club de los Viudos Negros, cuyas directrices son: No aceptar mujeres dentro de las reuniones, así como establecer limitantes para la comunicación con las mismas. Ante esta carencia, el club propone un aditivo exuberante, y es que cada miembro del club por el solo hecho de pertenecer al club recibe el titulo de Doctor. Hartamente curioso es el carácter transitivo de la gerencia del club, ya que en cada sesión se tiene que elegir al presidente. Este, aparte de sus labores burocráticas sujetas a su tiempo, tiene como obligación llevar a un invitado que por defecto recibe el titulo de 'Socio Honorífico', y que funciona como el tema principal de discusión dentro de cada sesión. Ante esta enredada condición de intrusiones a la intimidad, es que nadie del club puede comentar o hablar acerca de sus sesiones o de sus compañeros. 

Se espera que el entusiasmo y genio del amateur Isaac Asimov en relación a este grupo, logren constituir un sólido aporte a la erudición de los clubes. 

El otro club estadounidense del que recientemente se tienen noticias, transgrede la sofisticación de los clubes revisados. Aunque las investigaciones no son conclusivas, hay pistas que sugieren que este club, conocido como Fight Club, se identifica por la falta de un domicilio fijo, realizan sus reuniones en sótanos o espacios abandonados, y además, la mayoría de sus miembros pertenecen a esferas sociales de clase trabajadora. El carácter beligerante que tanto el nombre, localidad y miembros confieren a este club, se ve intensificado con su objetivo fundamental, la pelea. Si bien, no se tienen datos de primera mano sobre el funcionamiento del club, hasta el momento se conocen algunas reglas que determinan su proceder. 

La siguiente información no se encuentra cotejada y por defecto puede estar incompleta. Por lo tanto será citada únicamente como referencia de la posible normativa del club. 

Las reglas del club de la pelea, son:

No hablar del club.
Solo luchan 2 hombres.
Para luchar no se utilizan camisas, ni pantalones, ni zapatos.

Si es la primera vez en el club, deben luchar.

En menor proporción que este club dedicado a la lucha, el salvajismo presente en el Club Sócrates parecer difuminarse más con la maldad y lo diabólico. Las pesquisas de Gyles Brandreth, versado en la obra de Oscar Wilde, le han llevado a publicar algunos acontecimientos que hasta el momento habían permanecido únicamente en secreto y rumor acerca de la vida del irlandés. Brandreth, en un osado manuscrito titulado Oscar Wilde and a Death of No Importance, describe uno de los momentos más complicados para el Club Sócrates, fundando por el propio Wilde y distinguido por reunir a miembros como Arthur Conan Doyle, Bram Stoker, el Marques de Queensbery y Robert Sherad - para ampliar, Brandreth, acérrimo creyente del testimonio de un vulgar cochero londinense conocido como John Netley, popular en el barrio de Whitechapel por asegurar que había trabajado para Jack el Destripador, advirtió que el joven profesor Montague Druitt, uno de los tantos sospechosos de los asesinatos de mujeres ligeras en 1888, fue miembro del Club Sócrates-.  La situación del club en el año 1892, que en razón del letargo y la rutina obligó a su fundador a diseñar nuevos placeres que lograran revitalizar una sensibilidad que parecía ir rumbo a la decadencia, llevó a la invención y a la ejecución de un juego para el placer de sus miembros; el cual, por su sencillez, logró el cometido. 

Según Branderth el juego fue llamado Asesinato. Para jugarlo, cada uno de los miembros del club debía escribir en un papel a quién de sus compañeros quisieran dar muerte con sus propias manos. Como era de esperar de un ambiente en que brotaba la más refinada de las mundanalidades, el juego se extendió de la tinta a la sangre. Algunos de los miembros del club comenzaron a ser asesinados, y el club estableció su postura ante estos hechos interpretándolos como consecuencia imprevista pero lógica del juego mismo. En esta línea diabólica, se debe agregar la investigación de Anne Perry, en la que se intenta asegurar que el asesinato de una prostituta en 1938 en Pentecostés Alley, barrio de Whitechapel - que a más de alguno hizo recordar las atrocidades escondidas en los espacios y el tiempo -  fue realizado por los programas ritualísticos del Club Fuego del Infierno; lo cual repite, asegura y robustece, la idea de que todo club es capaz de generar profundas transformaciones en sus miembros. 

No es necesario aventurarse a pensar que todo club debe transgredir ciertas normas que para todos los hombres son consideradas como racionales. El ejemplo que deja el Club Sócrates o el Club Fuego del Infierno, encuentra su par antagónico y simétrico en tierras parisinas. El Club de la Serpiente, identificado por su disposición a la música, la bebida y las pláticas filosóficas, demuestran su gema y brillantez racional en el excesivo o malsano interés por Ivan Lermolief. La brega de Lermolief se distingue por sus incisivos análisis de las obras de arte a través de los detalles; ya que en los detalles estéticos, que aparentemente carecen de interés en la primera impresión que nos ofrece una pintura - como la proporción de las orejas y la posición de los dedos en una mano articulada delicadamente - es posible identificar el sello característico de un maestro, así como señalar la treta de un copista. 

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Esta actitud hacía los detalles de Lermolief es lo que llevó a Sigmund Freud a configurar su psicoanálisis, y lo que tendría que llevar a los actuales críticos de arte a desechar, con ferocidad, muchas obras fraudulentas que cuelgan en los tabiques de los museos. Ejemplo, La extracción de la piedra de la locura, atribuida erróneamente a Hieronymys Bosch. El método de Lermolief revelaría que el canon no corresponde al modélico del bolduquense (N. del T.).
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Ivan Lermolief (1816 - 1891) crítico de arte y foco
del Club de la Serpiente

El Club de la Serpiente expone, y sobretodo cristaliza la exigencia de que en todo club, sin importar su notoriedad o promoción, debe haber un objeto latente, algo o alguien que constituya el centro que articule su principio y finalidad. 

Los ideales de un club por otro lado, en ningún momento deben de estar sujetos a convencionalismos como puede llegar a figurarse el no versado en el tema. La ciencia sobre este asunto es ofrecida por 2 clubes londinenses, The Club of Queer Trades y The Suicide Club. Aquel, dejado al descubierto por el brillante Charlie Swinburne en 1905, relata los sucesos que enmarcan la divertida labor de los hermanos Grant y su vínculo con un club que se rige por la condición de que cada uno de sus miembros, sin excepción, debe subsistir por medio de actividades totalmente novedosas: como el cultivo de pensamientos del Comandante Brown o el contar la verdad sin la necesidad de usar las palabras, del peculiar Profesor Chadd. Y este, que comparte no solo extravagancias con el club de Swinburne, sino que llega hasta el punto de rayar en duplicidad, expone, a través de la pluma del escocés Robert Stevenson, los esfuerzos del Principe Florizel y el Comandante Geraldine por arrancar la esencia misma del Suicide Club; club, en que todos sus miembros comparten el interés por arrebatarse la vida junto a una marcada incapacidad para concretarlo. 



Caricatura de los Hermanos Grant realizada por Gilbert K. Chesterton
(1905, Libreria Británica).

Sobran las referencias, historias y misterios para construir la totalidad de esta clubalógia; como los diarios del Club ingles en Birmania, recopilados por George Orwell, los atestiguamientos del Club Reforma, que sirvió como punto de partida para las 2 travesías más largas de la historia: la vuelta al mundo en 80 días en un globo aerostático y la vuelta al mundo en 79 días en busca de todas las personas que hablan el esperanto; los singulares apetitos de los miembros del Club Epicúreo, que se lanzaron hasta Egipto en busca del pájaro mítico solar, criatura que hasta el momento no figura en ningún bestiario; o la terrorífica odisea de los miembros del Loser's Club con la forma de vida extraterrestre catalogada momentáneamente como IT.

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La única copia existente del manuscrito de Maximiliano Ravidabia, presenta deterioro y la falta de hojas del capítulo presente; por lo que se desconoce sobre la continuidad de las permutaciones del autor en este sector del escrito (N. del T.)
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Los testimonios de los miembros del Club de los poetas muertos, encerrados en las anotaciones periodísticas de Nancy Kleinbaum, no solo consolidarán las lecciones defendidas por todos los clubes, sino que llegará a remarcar los efectos éticos y los cuestionamientos ontológicos que yacen en el alma de todo club; y por sobre esto, destacaría la fuerza y la habilidad en que todo club puede llegar a ahincarse en el espíritu humano. 

Por último, aparecen clubes que sus hados deben de estar escritos en los polvos del olvido, de la mortalidad y el silencio. Hay clubes que en lugar de resolver los empantanados misterios de la realidad, o entregarse al 
festín de la indescifrable naturaleza de los hombres, optan por tareas modestas y ordinarias. Se aglomeran entorno a una consciencia nostálgica acerca de la brevedad de la vida, se entretejen sobre las irreparables heridas que dejan las pérdidas, y sellan consuelos a través de las palabras y las historias.

Esto, que a pesar de estar lejos de la inmortalidad y divinidad que llegan a rozar aquellos grupos destinados a la eternidad, se acerca con timidez al centro mismo de todas las cosas. Esto, más que principios o cualidades, son los ladrillos que construyen el extraordinario corazón del Club de la Buena Estrella ¡Gracia y fortuna a todos aquellos que usen el nombre! 

El magisterio de este club es que detrás de seres comunes, sencillos y extremadamente pequeños, en sus pechos en lugar de guardar vida, descansan galaxias que vibran al respirar. 

1 comentario :

  1. ¡Hola Alex! muchísimas gracias por este post tan interesante e ilustrativo sobre los clubes. Honestamente no tenía una idea de muchas de las cosas que nos detallas aquí. Y sin embargo, hasta nuestro propio reglamento tenemos...
    (Creo que no tengo que convencerte de que me encantaría pertenecer también al Club Lovecraft. jajaja)
    Fijate que cuando nosotros creamos el club, no nos detuvimos a pensar en si era el término más adecuado para lo que queríamos. Pudo haberse llamado Círculo de Lectores o cualquier otra cosa. Pero ahora, visto en retrospectiva, creo que le atinamos. Y es que salió tan natural decir "hagamos un club de lectura" que dimos por supuesto que era la definición correcta.
    Me encanta que te hayas tomado la tarea de hacer esta labor de investigación y que te animaras a escribir este artículo, que sin habernos dado cuenta todavía, le hacía falta a nuestro kit.
    Y esto, una vez más, reafirma aquella consciencia que tenemos sobre que lo más importante que hay en el club es la diversidad de opiniones, puntos de vista y visiones que tenemos del mundo, porque gracias a ello es que logramos obtener diferentes miradas no solo de los libros que leemos, sino de lo que estamos construyendo juntos.
    ¡Un gran abrazo!

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