lunes, 18 de febrero de 2019

Series CBE: "Y sin embargo se mueve" (Carta 2)

Carta 2 

​Alzo mi cuchillo y te saludo, Ñato Iberra. 

Me honra que tu afán por encontrarme se eleve sobre el resto de razones como la verdadera leitmotiv de tus saltos en el tiempo. Lamento, sin embargo, que esa búsqueda te haya llevado a la maloliente Francia de la Revolución. A no ser, por supuesto, que disfrutes de esa bizarre combinación de espacio-tiempo donde brotaron muchas de las ideas y conceptos que siguen apestando el mundo ‘moderno’. Diría que tu devota persecución me ensalza tanto como me divierte tu optimismo por alcanzar alivio, paz y alegría, en el hipotético escenario en que logres arrancarme la cabeza. ¿Te crees capaz de ello, de alcanzar verdadero alivio, paz y alegría?

He de reconocer, sin la más mínima reserva, que mi curiosidad se desborda cuando considero las causas más recónditas y oscuras que te impulsan a enfrentarme.

¿Te mueve el orgullo? ¿el ego? ¿te irrita mi registro personal de tajos mortales? ¿acaso he superado ya el palmaris de tu hermano? 

¿O se trata de un asunto de implicaciones morales? ¿quieres castigarme? ¿tú que también disfrutas de los mismos sádicos espectáculos y los recreas una y otra vez en la memoria, para luego dibujarlos con el filo en lienzos de carne?

¡Ah, no me dirás que te has vuelto un guardián de lo sagrado! ¿Te sientes un instrumento del karma? ¿crees en eso? ¡Dime entonces qué debía el gurú ascético que degollé en la cima de la montaña cuando no me satisfizo su contestación! ¡al diablo con el karma! Yo creo en causa y efecto, en acción y reacción, en estímulo y respuesta; más no me convence la teoría de que hay una suerte de contador universal que registra todas nuestras acciones, las buenas y las malas, como si fueran cargos y abonos, para darnos alguna vez en esta vida o en cualquier otra el pago proporcional por cada una de ellas. Me parece más bien un delirio provocado por la necesidad de darle a nuestra absurda existencia un mínimo sentido de justicia que, dadas las evidencias, no parece tener. Entiendo el karma como un ilusorio afán de darle significado al sufrimiento y justificación a las penas. 

Sí, estuve frente a ese cadalso ignominioso de la Plaza de la Revolución, pero de eso han pasado ya varias idas y vueltas en el tiempo. Recuerdo que casi muero, cuando mis partículas se recompusieron en plena Allée des Veuves, en la trayectoria de un carruaje de caballos del que me libré de un salto, apenas en el último segundo. ¿Habrá un final más indigno para alguien como tú o como yo, hechos para verter nuestra sangre en la batalla, que morir aplastados como sapos en un tiempo que ni siquiera es el nuestro?

Y sí, escuché de Marat y de la ejecución de Charlotte Corday, pero ambos eventos ya eran parte de un pasado reciente cuando yo estuve ahí. Fueron viajes en los que opté por asumir la identidad de Cagliostro, suficiente excusa para hacer alguna travesura y de paso alimentar a otra leyenda. Arderás en furia contra mí, lo sé, pero no estaré mintiendo si te digo que la ejecución de la 'pajarita vengadora' no me mueve un pelo. Es solo una entre quince mil cabezas que rebanó la guillotina, y te aseguro que no estoy para entablar juicios y valoraciones sobre nada. Tengo tiempo, pero definitivamente no tengo ganas. 

Para ejercer de sádico por deporte, como tú lo infieres, he estado en primera fila en los holocaustos de Phnom Penh, de Auschwitz y de Kigali, para citar solo algunos. ¿Has olvidado que el hombre también ha montado gigantescos mataderos pasivos, donde grandes multitudes han sido ejecutadas a cuentagotas, víctimas del hambre? ¡Qué humillante forma de morir, sin derramar una gota de sangre, seco el torrente vital! ¿No te asquea que los hombres de cualquier bando, en cualquier tiempo, pretendan investir sus odios de cualidades morales? Me parece que no, si me baso en las líneas de tu carta donde quedan plasmados tus amargos gemidos por la chiquilla sin cabeza. No pierdas de vista que en su momento ella también tuvo un puñal en las manos. ¡Y al diablo con todos los juicios! No reconozco otro código moral que no sea el del cuchillo.

Ahora entiendo mejor tus motivaciones, una vez establecida tu lealtad a esa rutina que, estoy muy de acuerdo, a estas alturas ya es milenaria. Yo, en cambio, he renegado de rutinas y obligaciones. No más concilios en el Café Los Angelitos, ni cartas que me asignen misiones para ejecutar en otras épocas, pasadas o futuras. 

Te compadezco por tu resignado sometimiento bajo el yugo del olvido. ¿Crees que no conozco los efectos que los saltos en el tiempo han causado en todos nosotros, que las migrañas y las hemorragias nasales apenas van dejando nebulosas imágenes que a duras penas podemos llamar recuerdos? ¡Al diablo con el olvido! En lo que a mí respecta, estaré perdiendo la razón, pero me las he arreglado para no perder los recuerdos. La otra maldición, la de la memoria, finalmente me ha dado motivos para rehusar de esos menesteres, tan pesados como inútiles.

Ven y mátame si puedes, pero  antes respóndeme: ¿quieres recordar todo cuanto has olvidado? ¿te apetece saber lo que ignoras? Si tu respuesta es afirmativa, dejaré que sea la verdad la que te hiera hasta el tuétano. Curaré tu ceguera y después te arrancaré los ojos. Si en cambio tu respuesta es no, serás el más triste e  ignorante de los descabezados.

¿Me creerías si te confieso que me duele ser un sádico? ¡Pues créelo, me revienta de dolor y, vaya paradoja, eso hace de mí un auténtico masoquista! 

Te estaré esperando en algún punto del tiempo, Iberra. Hasta el día de la reunión, procura dejar de lloriquear y alimenta a tus demonios. No olvides que Chiclana es el mayor de ellos.


Ya no estoy seguro de ser
pero sí de llamarme
Jacinto Chiclana

miércoles, 13 de febrero de 2019

Series CBE: "Y sin embargo se mueve" (Carta 1)

Carta 1  

Ñato Iberra y Jacinto Chiclana han jurado matarse… ¿lo lograrán?, ¿existe alguna posibilidad de tregua?, ¿podrá el tiempo, las fantasías, las trascendencias… en fin, la vida misma, romper un juramento tan solemne y sentencioso? Estas son solo algunas de las intrigas y provocaciones de que están hechas las epístolas que a cuatro manos han preparado Henry Andino y Alex Escobar para que leamos por entregas en este blog. 

Acompáñennos en esta emocionante historia en la que conoceremos las aventuras e infortunios de nuestros protagonistas. A continuación la primera carta... 

 Loida Pineda Andino
 ___________________


Me gustaría tener la suficiente claridad para detallar cada una de las razones que me empujaron a escoger esta ‘sección’, pero no por ello dudaré, por sobre cualquier argumento, que prevalecerá el deseo y la posibilidad de encontrarte. Así, dejaré que el alivio, la paz y la alegría, una vez concluido nuestro asunto, me tomen por completo.

¿Será posible que he considerado este ambiente como una cosa hartamente familiar y cálida para ti, bajo el criterio que me dicta que tú eres un sádico? ¡quién lo diría!, ¡ahora soy yo el que hurga en tus preferencias! Acertado o no, este lugar no solo es ideal para ti, es ideal para todos. Es un lugar de y para los hombres.

       He llegado el 17 de julio. Aparecí en una plaza. Me han hecho saber que el lugar es conocido como la Plaza de la Revolución, antes llamada Plaza Luis XV; dedicada al rey. Este es un tiempo y lugar en el que se ha dejado de creer en Dios y percibo que también se ha dejado de creer en el ‘hombre’. Estos asesinatos divinos y terrenales, han llevado a la gente de este lugar a quitar la figura del rey que estaba aquí y, en su lugar, sobre un cadalso, han levantado una guillotina. Han edificado un reino del terror. Si decides venir, puedes encontrar el lugar al norte del río que atraviesa la ciudad, cerca de un hermoso jardín conocido como Champs-Élysées.

Estaba decidido a seguir la rutina de la que poco o nada me falta para catalogarla como milenaria, cuando gritos de odio, hedor de gente tostada bajo el sol y un brillante rojo de un verdugo, que se pavoneaba en la alta tarima, me dieron las excusas suficientes para retrasar mi búsqueda.

Todos esperaban a una mujer, Charlotte Corday. Una niña que apenas alcanza los veintitantos de edad. Cuando hago referencia a la ‘espera’, quiero decir que la muchedumbre hedionda esperaba a la niña para ser guillotinada. Mujeres, niños y hombres, querían convertirse en testigos de cómo la pequeña cabeza de la palomita se desprendía de su cuerpo de un tajo limpio y helado. La pequeña había sido sentenciada por haber dado muerte a un tipejo que era uno de los responsables de estos tiempos de locura y terror. Marat. Jean-Paul Marat.

Los rumores no han tardado en venir. Las lenguas dicen que la niña había actuado por venganza o justicia, cosa que es complicada de definir. ¿Dónde inicia una y dónde termina la otra? Marat, médico de profesión y líder del club jacobino de París, era responsable de la muerte y caída de los amigos de la niña. El médico jacobino era la razón de que la niña viera hundido su mundo en la oscuridad.

En un tribunal mucho más alto que el de este mundo, ¿cómo juzgar al pequeño pajarito?, ¿no era válido su dolor, su razón y su causa?, ¿no es su lealtad al cuidado de los otros, su amor a la vida, lo que empujó a la palomita a acabar con el monstruoso cuervo que había mancillado su bosque de tulipanes y rosas?

Según la gente, la niña envió dos o tres cartas a Marat exigiendo una audiencia -cosa que interpreto como exhibición de valentía y coraje-. La niña era de tal integridad, que estaba dispuesta a enfrentar ella misma a su enemigo, era una criatura que no conocía el miedo y que no estaba dispuesta a negar su rostro. El médico no contestó a las peticiones, por lo que decidió ir por su cuenta. Dime, ¿puedes ver la grandeza de esta mujer?, ¿puedes ver cómo su pasión la eleva frente a Eva y a la santísima Virgen? En medio del pecado y la gracia, la señorita Corday ha demostrado con sus acciones, responsabilidad e impulso, estar hecha de hilos blancos y negros, ser un sublime arquitecto que se dispone para entregarse a su propia forma.

Dicen que asesinó al médico que tenía por costumbre tomar constantes baños de agua sulfurosa, la sífilis o alguna otra dolencia lo obligaban a hacerlo. La niña entró a la casa de Marat, cargando un cuchillo, una baratija, lo apuñaló, lo apuñaló, lo apuñaló hasta dejar el agua de la bañera enrojecida. Los colores del rumor me han hecho recordar a un judío y un río egipcio. ¿Lo recuerdas?, ¿lograste ir?, ¿podrías ayudarme con la memoria?

La muchacha llegó a la plaza. La recibimos empapados, una tormenta nos acogió en la espera. La guerra de luces y ecos en los cielos acompañaron la caminata de la moribunda. La gente le gritaba, le escupía, le lanzaban todo lo que pudieran tomar con la mano. La palomita blanca, aún sin llegar al cadalso, corrió el riesgo de morir con la cabeza puesta. Una vez arriba, la gente le vociferó con tal rabia como si la música de los infiernos se hubiera desbordado sobre el mundo. Era una turbulenta sucesión de desarmonías y ruidos sin tregua. La niña, mojada y sucia por toda la mugre que había recibido en el camino, era una suculenta bazofia, una exquisita repugnancia, una inocencia culpable que con su vida llamaba a la muerte o, quizá, quién sabe, llamaba todo lo contrario.

La cabeza cayó suavemente sobre la enmantecada madera ensangrentada del cadalso y no es exageración cuando te digo que la hoja de la guillotina brilla aún más con la sangre. Esa tarde de julio ha sido un carnaval de locuras, de alabanzas y desmembrados, de ofrendas de adoración para un dios escondido. Mientras todo esto pasó frente a mis ojos, mientras cada una de mis fibras y membranas se sacudían con el último aliento de la palomita, mientras el cuerpo sin cabeza se retorcía al no poder hablar, mientras el corazón extasiado con la muerte se ensanchaba, mientras pasaba todo eso, siempre, siempre estuviste en mi cabeza. Tan presente, tan visible, tan material, tan etéreo, tan tú, como yo el día en que te conocí en Rivadavia.

De todas las cosas que han sucedido en la historia, de todas aquellas en las que he sido testigo, siempre he de sufrir, al igual que tu, la maldición del olvido. Siempre ando vagando en losas de tiempo, en laberintos de espacios, únicamente movido por tu nombre. En medio de esta ceguera, la muerte de la pajarita Corday ha sido un recordatorio de aquella doctrina que fundamos en el Café los Angelitos: que el odio puede carecer de fundamento, que puede existir sin explicaciones y filosofías y que, al emerger de esa gran nada, es cuando más abunda en él lo divino.

No dudes que te mataré Jacinto Chiclana. Te he buscado por milenios y tierras, y sé que estoy cerca. Me he vuelto un sabueso que siempre encuentra tu aroma en cada partícula de tiempo roto. Te encontraré y haré de ti un Marat, te apuñalaré con mis dedos, te cortaré la cabeza con mi boca, tu sangre será tanta que se mezclará con la sangre derramada de todos los hombres. Haré de tu vida un obelisco del horror y este será mi juramento.

¡Oh Chiclana! ¡Los siglos han pasado solo para verte morir en mis manos!

          Como es evidente, la búsqueda reveló que tú no estabas en esta ‘sección’. Estas letras las escribo antes de partir a Buenos Aires, al lugar de siempre, al tiempo de siempre. Y la carta la encontrarás donde bien sabes que estará.

            Hasta tu muerte o la próxima carta.


Dicen estar Francia,

dicen que es 1793,

pero seguro de ser, Ñato Iberra.


“E pur si muove” 

Leer Carta 2


domingo, 3 de febrero de 2019

Travesuras de la niña mala | Mario Vargas Llosa




"La verdad, había en ella algo que era imposible no admirar, por esas razones que nos llevan a apreciar las obras bien hechas, aunque sean perversas."


Mario Vargas Llosa | Travesuras de la niña mala.




¡Honrando al amor en su tradicional mes de febrero!


Esta vez tendremos la oportunidad de ver distintas facetas del amor, y sus formas de percibirlo: desde el amor puro y sencillo de un niño, hasta un amor maduro, desinteresado, incluso, hasta llegar a tornarse en algo incomprensible y tormentoso. Esta vez, Vargas Llosa, es quien nos enseña una historia donde no hay límites sobre el amor y sobre lo que se está dispuesto a sobrellevar para tenerlo.


Tuve la oportunidad de leer a Marito (como es referido en otros libros) hace varios años, y este fue el primer libro que llegó a mis manos por recomendación de mi madre, libro que me pareció increíble. El año pasado me hicieron una pregunta típica, que estoy segura a todos nos han hecho alguna vez, ¿Qué autores te gustan?, y otras como ¿si te quedaras en una isla y pudieras llevarte cinco libros cuáles serian?, luego de exponer todas mis respuestas y, estando una librería cerca, decidí regalarle este libro a quien tiempo después me motivó a proponerlo en el club.


Espero que este libro, pueda causarles la sensación de no querer parar de leerlo.


(Para resolver el misterio de esta entrada, es Brenda quien lo escribe, y soy yo quien le hizo las gastadas preguntas. No me arrepiento de haber recurrido a los clichés, pues me dejaron con tres cosas: redimir la imagen que yo tenía de Vargas Llosa, el libro con dedicatoria y una negrita. Digan lo que digan de los clichés, nunca dejan de sorprendernos. ¿O acaso alguien estaría dispuesto a quejarse del cliché del sol cada mañana? a.e).


BIOGRAFÍA DE MARIO VARGAS LLOSA 

Mario Vargas Llosa, es un escritor peruano que cuenta también con la nacionalidad española desde 1993. Es considerado uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneos, su obra ha cosechado numerosos premios, entre los que destacan el Nobel de Literatura 2010, el Cervantes (1994) —considerado como el más importante en lengua española—, el Premio Leopoldo Alas (1959), el Biblioteca Breve (1962), el Rómulo Gallegos (1967), el Príncipe de Asturias de las Letras (1986) y el Planeta (1993), entre otros. Desde 2011 recibe el tratamiento protocolar de Ilustrísimo señor al recibir de Juan Carlos I de España el título de Marqués de Vargas Llosa.

Alcanzó la fama en la década de 1960 con novelas como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) y Conversación en La Catedral (1969). Continuó escribiendo prolíficamente en varios géneros literarios, incluyendo la crítica literaria y el periodismo. Entre sus libros se encuentran obras de teatro, novelas policíacas, históricas y políticas. Varias de sus novelas, como Pantaleón y las visitadoras (1973) y La fiesta del Chivo (2000), han sido adaptadas y llevadas al cine.

Muchas de sus obras están influidas por la percepción del escritor sobre la sociedad peruana y por sus propias experiencias como peruano; sin embargo, de forma creciente ha tratado temas de otras partes del mundo. Desde que inició su carrera literaria en 1958 reside en Europa (entre EspañaGran BretañaSuiza y Francia) la mayor parte del tiempo, de modo que en su obra se percibe también una cierta influencia europea.

Al igual que otros autores hispanoamericanos, ha participado en política. Luego de simpatizar con el comunismo en su juventud, a partir de la década de 1970 se adscribió al liberalismo. Fue candidato a la presidencia del Perú en las elecciones de 1990


Nació en el seno de una familia de clase media en la ciudad de Arequipa, en el sur del Perú en 1936.​ Fue el único hijo de Ernesto Vargas Maldonado (Lima, 1905 - ?) y de su esposa (Arequipa, 4 de junio de 1935) Dora Llosa Ureta (Arequipa, 1914 - ?), quienes se separaron meses antes de su nacimiento​ para divorciarse luego del mismo, de mutuo acuerdo.​ Poco después de que Mario naciera, su padre reveló que tenía una relación con una mujer alemana y como resultado de dicha unión, nacieron dos medios hermanos menores del escritor: Enrique y Ernesto Vargas​ (el primero falleció de leucemia a los once años de edad; el segundo es abogado y ciudadano estadounidense). ​ Su padre era el único hijo de Marcelino Vargas y de su primera mujer Zenobia Maldonado, fallecida en 1925. Su abuelo paterno se casó por segunda vez con Constanza Serpa y tuvieron ocho hijos e hijas (Manuel Vargas Serpa, Ana Vargas Serpa, Rosa Vargas Serpa, Yolanda Vargas Serpa, Humberto Vargas Serpa, Ortencia Vargas Serpa, María de Lourdes Vargas Serpa y Orlando Vargas Serpa). Su madre era hija de Pedro Llosa y Bustamante y de su esposa María del Carmen Ureta Vargas.

Mario vivió con su familia materna en Arequipa hasta un año después del divorcio de sus padres, momento en que su abuelo Pedro J. Llosa Bustamante se trasladó con toda su familia a Bolivia, donde había conseguido un contrato para administrar una hacienda algodonera cercana a Cochabamba.​ En dicha ciudad pasó los primeros años de su niñez, junto con su madre y la familia materna, y cursó hasta el cuarto grado en el Colegio La Salle. Hasta los diez años, se le hizo creer que su padre había fallecido, ya que su madre y su familia no querían explicarle que se habían separado.

Al iniciarse el gobierno del presidente José Luis Bustamante y Rivero en 1945, su abuelo, que era primo hermano del mandatario, obtuvo el cargo de prefecto del departamento de Piura, por lo que la familia entera regresó al Perú. Los tíos de Mario se establecieron en Lima, mientras que Mario y su madre siguieron al abuelo a la ciudad de Piura.​ Allí Mario continuó sus estudios de primaria en el Colegio Salesiano Don Bosco,​ cursando el quinto grado. Fue ahí donde hizo amistad con uno de sus compañeros, Javier Silva Ruete, quien tiempo después sería ministro de Economía.

A fines de 1946 o principios de 1947, y cuando tenía diez años de edad, Mario se encontró con su padre por primera vez en Piura.​ Sus padres restablecieron su relación y se trasladaron a Lima, instalándose en el distrito de clase media Magdalena del Mar.​ Luego se trasladaron a La Perla, en el Callao, donde vivieron en una pequeña casa aislada. Los fines de semana Mario solía visitar a sus tíos y primos, que vivían en el barrio de Diego Ferré, en el distrito de Miraflores, donde hizo muchos amigos y donde tuvo sus primeros enamoramientos.​

En Lima estudió en el Colegio La Salle, de la congregación Hermanos de las Escuelas Cristianas,​ cursando el sexto grado de primaria en 1947, y los dos primeros años de secundaria de 1948 a 1949. La relación con su padre, siempre tortuosa, marcaría el resto de su vida. Por años, guardó hacia él sentimientos entremezclados, como el temor y el resentimiento, debido a que durante su niñez debió soportar violentos arrebatos de parte de su padre, además de un resentimiento hacia la familia Llosa y grandes celos para con su madre pero, sobre todo, a causa de la repulsión de su padre por su vocación literaria, que nunca llegó a comprender.​

A los 14 años, su padre lo envió al Colegio Militar Leoncio Prado, en el Callao, un internado donde cursó el 3º y el 4º año de educación secundaria, entre 1950 y 1951. Allí soportó una férrea disciplina militar y, según su testimonio, fue la época en la que leyó y escribió «como no lo había hecho nunca antes», consolidando así su precoz vocación de escritor.​ Sus lecturas predilectas fueron las novelas de los escritores franceses Alejandro Dumas y Victor Hugo. Entre sus profesores figuró el poeta surrealista César Moro, quien por un tiempo le dio clases de francés.

Durante las vacaciones veraniegas de 1952, Vargas Llosa empezó a trabajar como periodista en el diario limeño La Crónica donde se le encomendaron reportajes, notas y entrevistas locales.​ Ese mismo año se retiró del colegio militar y se trasladó a Piura, donde vivió con su tío Luis Llosa (el “tío Lucho”) y cursó el último año de educación secundaria en el colegio San Miguel de Piura.​ Simultáneamente trabajó para el diario local, La Industria, y presenció la representación teatral de su primera obra dramatúrgica, La huida del Inca, en el teatro «Variedades».

RESUMEN DEL LIBRO

¿Cuál es el verdadero rostro del amor? Ricardo ve cumplido, a una edad muy temprana, el sueño que en su Lima natal alimentó desde que tenía uso de razón: vivir en París. Pero el rencuentro con un amor de adolescencia lo cambiará todo. La joven, inconformista, aventurera, pragmática e inquieta, lo arrastrará fuera del pequeño mundo de sus ambiciones. Testigos de épocas convulsas y florecientes en ciudades como Londres, París, Tokio o Madrid, que aquí son mucho más que escenarios, ambos personajes verán sus vidas entrelazarse sin llegar a coincidir del todo. Sin embargo, esta danza de encuentros y desencuentros hará crecer la intensidad del relato página a página hasta propiciar una verdadera fusión del lector con el universo emocional de los protagonistas. Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, Mario Vargas Llosa juega con la realidad y la ficción para liberar una historia en la que el amor se nos muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala. Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute... 

¿Cuál es el verdadero rostro del amor?

CONSIDERACIONES PREVIAS A LA LECTURA 



En la mayoría de ediciones del libro se han incluido comentarios del propio Llosa con respecto a la construcción de esta historia. Un punto que destacó es el interés del peruano por lo geográfico. 


En las 'travesuras', cita Mario Vargas Llosa, hay un despliegue biográfico en lo que respecta a las ciudades y los entornos. Aquí, como en 'Rayuela', la geografía constituye condiciones que permiten los eventos, los fenómenos; es decir que si no es por estos fondos, las situaciones que experimentan los personajes se verían carentes de cierto peso, que hace del libro una experiencia similar al vicio. La armonía entre los eventos y los espacios urbanísticos permiten entrever la naturaleza psicológica de los lugares y la topografía que guarda el corazón, el amor y las obsesiones.


Este detalle en específico, anudado a una precisión por parte de Llosa para dejar correr el torrente de saber de cada lugar y época, hacen a mi parecer, a las 'Travesuras', una odisea épica del eros de nuestro tiempo. Un libro moderno con la estructura de los grandes clásicos. Esta es una de las muchas razones que hacen del libro una joya literaria. 


¿UNA NOVELA  OCCIDENTAL?

A pesar de las tendencias latinoamericanas de explorar la cultura, y ahondar en las raíces de Latinoamérica el libro de Mario Vargas Llosa, al menos el particular, es evidentemente occidental; es decir, que 'travesuras' se articula a través de los ancestrales y nuevos lineamientos coloniales. La posmodernidad, ese espíritu crítico a la cultura moderna, vigente en el libro, esta influenciado en el pensamiento francés, cosa que Llosa jamás ha intentado negar. Pero es aquí donde el genio del autor rescata y resguarda el espíritu latinoamericano con mayor delicadeza e ingenio que Gabriel García Márquez, en Cien años de Soledad

Y es que en las 'travesuras', el tema del 'realismo mágico' -estandarte de mundo latinoamericano- se ve reflejado en un modesto capítulo, totalmente contrario al espíritu general de la novela y antagónico al perfil del mismo autor. Es que en el capitulo VI. Arquímedes, constructor de rompeolas, Llosa no solo es capaz de dejar sin palabras al mundo occidental que tiende a dar respuesta de todo, sino que enseña que el origen mismo de esa razón mordaz de la época, tiene su origen en las cosas sencillas, en los misterios, como lo son las leyendas, la familia y el amor. 

DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 07 de Febrero: Hasta finalizar el capítulo II "El Guerrillero".

Jueves 14 de Febrero: Hasta finalizar el capítulo IV "El trujimán de Chateau Meguru".

Jueves 21 de Febrero: Hasta finalizar el capítulo V "El niño sin voz".


Jueves 28 de Febrero: Hasta finalizar el libro.Resultado de imagen para mario vargas llosa
Mario Vargas Llosa, ganador del premio Nobel 2010.


ESTUDIOS LITERARIOS SOBRE EL LIBRO

https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/16/aih_16_2_215.pdf
http://www.scielo.sa.cr/pdf/kan/v40n1/2215-2636-kan-40-01-00011.pdf
https://www.revistahipogrifo.com/index.php/hipogrifo/article/view
http://www.biblioteca.org.ar/libros/150769.pdf

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