Cultivando el hábito de la lectura desde 2006

lunes, 5 de agosto de 2019

Series CBE: "Y sin embargo se mueve" (Capítulo 8)

Jorge Luis Borges, Foto de Gianni Mestichelli. 

El encuentro
Buenos Aires, 1956

Contemplo la impoluta blancura del papel que estuve a punto de profanar y me divierte mi propia estupidez. ¿Qué sentido tiene ahora escribir una carta en respuesta a Ñato Iberra? En breves instantes no existiré más. De mí, de Jacinto Chiclana... no quedará recuerdo, vaho ni huella. Si no hay creador no hay obra. Si no hay pies no hay pasos. Si no hay puño tampoco puede haber letra. 

En cuanto a Iberra, el pobre diablo se desvanecerá en la nada mientras me espera en la esquina de Rincón y Rivadavia, del mismo modo en que yo me borraré del todo a varias cuadras de ahí, en este edificio de la calle México, en esta babel de libros y volúmenes: el majestuoso reino del dios ciego cuyos días me apresuro a cortar con un cuchillo. No pude haber elegido mejor lugar y tiempo para matar y morir, para nacer al olvido, para abortarme de cuajo de todas las realidades y ficciones, para arrancarme de raíz de todas las dimensiones y épocas. 

Nunca antes fui tan consciente de que al matar a un hombre también se mata de un tajo su simiente, se evita su descendencia. Si matas a un dios también acabas con su obra, lo despojas de su divinidad, impides su culto. Eliminar al hacedor antes de que me haya creado será el suicidio más excelso y la rebelión más sublime. Me lo llevaré conmigo.

Hurgo en mi decrépita memoria y no encuentro remordimiento alguno. Apenas he sido el arma ejecutora en la mano del criminal, y no se puede culpar al cuchillo por la sangre derramada. Es mi naturaleza, mi propósito, acaso mi destino. He visto a los ojos a Maneco Uriarte, Duncan, Juan Dahlmann, Juan Almanza y Juan Almada. Incluso a Juan Iberra, a quién eliminé para salvar a su hermano menor, el Ñato, de la indigna muerte de un balazo. Todos me han entregado una última mirada de buey manso resignado al degüello. Como yo, cada uno de ellos también fue creado con las mismas letras. Son mis hermanos de tragedia. 

Pero yo no moriré la muerte que está escrita para mí. He abierto los ojos, sé la verdad. Ergo, soy libre de morir a mi manera. Ahora puedo distinguir con claridad cada detalle, cada contorno. Mi lucidez contrasta de manera aguda con la ceguera del hacedor. Le veo recorriendo los pasillos, deteniéndose frente a cada anaquel, tomando cada volumen entre las manos, esforzando sus ojos sin luz en un vano intento por descifrar las letras. Le veo suspirando, aceptando la noche, contemplando la ironía, acariciando los lomos de los libros ya ilegibles para sus ojos apagados.

—​Señor Borges.

—​Al fin te decides a hablarme.

—​¿Me conoce? ¿cómo puede conocerme? ¿cómo, si no ha podido verme, sabía que yo estaba aquí?

—​Habrás notado que mis ojos no perciben nada que no sea una luz intensa, y estoy seguro de haber visto el destello de un cuchillo. Además, he podido sentir tu presencia, Jacinto. 

—​No es posible, ¡no hay manera de que sepa quién soy, aún no ha escrito nada sobre mí!

—​Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente.

—​¿De qué tercero habla? ¿qué paradoja?

—​Es con tus ojos que puedo ver con claridad, es a través de ti que me someto a la ley del cuchillo, a la vida que no tuve, a la muerte que no tendré. ¿Pensaste que te escribí yo? No Jacinto, te equivocas. Te escribió hace mucho el otro Borges, el joven que seguiste por el Buenos Aires de otros pagos. Acabar conmigo no acabará contigo, porque es para eso que has venido, ¿no es cierto?

—​¿El otro Borges? ¡no es verdad! ¡no puede serlo! ¿cuántos Borges hay?

—​Miles. El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me lleva, pero yo soy el río; es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. Y del mismo modo hay miles de instancias de Jacinto Chiclana, de Ñato Iberra, de Buenos Aires, del universo. Hay tantas instancias, con tantas y tan diversas variaciones, como bifurcaciones hay en cada sendero del jardín. A veces eres mi hijo leal, en otras mi hijo pródigo, y en otras tantas eres mi Absalón sublevado. Algunas veces incluso eres Iberra. En la más genial e inesperada de las bifurcaciones, yo soy Chiclana y tú eres Borges. Tu historia y la mía forman un volumen cíclico cuya última página es idéntica a la primera. Esta es la última página. ¿Crees que no la hemos vivido antes? ¿que no se repetirá hasta el infinito? Otro Jacinto Chiclana camina ahora por Rivadavia, dirigiéndose a lo inevitable, hacia la esquina maldita donde lo espera Ñato Iberra. El filo de la muerte es tu destino, el más digno de los finales. Tu sacrificio es tu gloria. Sin embargo hay otra mano, otro sentido. Puedes quedarte aquí, puedes matarme. En realidad me encantaría que lo hicieras. Puedo darte mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón, estoy tratando de sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota. Porque la palabra escrita queda indemne, rematando el final oficial y eterno, que solo inmortaliza la verdad del victorioso.


viernes, 2 de agosto de 2019

Rana, Mo Yan

"Para mí, que vengo del campo, la relación con la tierra es muy importante. Toda mi obra es como una planta que nació de la tierra".  Mo Yan en conversatorio en la Universidad de Los Andes, Colombia. 




Seis años después de haber descubierto a este coloso literario, el Club de la Buena Estrella vuelve a incluir a Mo Yan en su programa de lecturas en 2019. Nuestro antecedente con el laureado escritor chino se remonta al mes de abril de 2013, cuando leímos Sorgo rojo, una joya literaria que narra con una poco usual combinación de pasión, brutalidad, belleza y reverencia, los terribles eventos que vivieron los pobladores de Gaomi noreste, pueblo natal de Mo Yan, durante la invasión y ocupación japonesa. Sin lugar a dudas, uno de esos libros que dejan honda huella en el lector.

La obra de Mo Yan está llena de verdaderos imperdibles literarios. Rana, la obra que nos ocupará a lo largo de este agosto, era su publicación más reciente al momento de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2012, a mi gusto uno de los premios literarios más merecidos que ha otorgado la academia sueca en los últimos años. 

¿Cómo llegamos a elegir Rana?

La elección de Rana para nuestro programa de lecturas no ha resultado fácil. No sería una mala analogía decir que ha sido como con dolores de parto. Lo propuse tres veces, en las votaciones de 2015, 2016 y 2018 con los siguientes argumentos:

Después de la profunda impresión que dejó en mí la lectura de Sorgo Rojo en 2013, me prometí que leería más de este magnífico autor chino ganador del Premio Nobel en 2012. Aún no me he cumplido esta promesa. ¿Por qué Mo Yan? Porque su nombre me inspira profunda admiración y respeto, porque sus escritos sacuden al lector y sus afiladas frases lo traspasan. Una sola lectura me bastó para convencerme de que este polémico y genial escritor es el Premio Nobel más merecido, el menos cuestionable de los últimos años. ¿Por qué elegí Rana? Porque la crítica considera que es una de las tres mejores obras de Mo Yan, y probablemente sea la más atractiva por su poder simbólico y político, por lo escabroso del tema y por su interesante marco narrativo. 

Fue hasta el tercer intento cuando mi porfiada recomendación se erigió como una de las dos mejor votadas, empatada en el primer lugar con La rueda de la vida de Elisabeth Kübler Ross. Rana aún tuvo que ir a una reñida segunda vuelta, en la que se impuso apenas por un voto. Ergo, nuestra propuesta solo se hizo fecunda después de una intensa carrera, tras un sinfín de coleteos y cabeceos, tercos, persistentes y perseverantes. Hoy, por fin, el estimado lector asiste al parto doloroso y feliz de un larguísimo embarazo de seis años: nuestro desafío de lectura para este mes de agosto.

¿De qué va nuestro libro del mes? 

¿Se imaginan cómo sería si en nuestro país se decretara que cada pareja legalmente reconocida por el Estado solo debiera tener un hijo? ¿cómo se recibiría una medida como esa en cada grupo socio económico, entre personas con holgura financiera, en sectores urbanos populares o en zonas rurales, casi todos ellos gobernados por una serie de credos, prejuicios, valores y tradiciones que condicionan su percepción de maternidad, paternidad y familia? ¿qué grado de vigilancia e invasión sería necesario para controlar a cada ciudadano e imponer una ley así? ¿cómo se manejarían los casos en que una pareja concibiera otro hijo no permitido? ¿qué implicaciones y consecuencias tiene una ley de esa naturaleza en aquellos que la elaboran, en los que tienen la responsabilidad de ejecutarla y en la población que la vive en carne propia?

Pues bien, Rana es la historia de una mujer médico rural en la época de la China maoísta y de la reconstrucción cultural, es decir, el tiempo en que el Estado chino se vio en la necesidad de restringir la cantidad de hijos que cada pareja podía tener, hasta desembocar en la política del hijo único. La historia es contada de manera epistolar por Renacuajo, el sobrino de la médico, un aspirante a escritor que, inspirado por la visita que un importante literato nipón hace a su poblado, decide escribirle cartas para narrarle la vida de su tía y los hechos que se suscitaron entre los pintorescos personajes de su pueblo a lo largo de cincuenta años, en el marco de la política estatal de la planificación familiar.

La narración se desarrolla en cuatro partes, cuya quinta y última es la culminación del camino del escritor novicio: una obra teatral en nueve actos, basada en la apabullante y controversial historia de su tía, que es al mismo tiempo la palpitante historia reciente de su nación.

Rana es la primera de las obras de Mo Yan que ha sido traducida por Editorial Kailas directamente del chino al español.

FICHA DEL LIBRO


Mes: Agosto de 2019
Viñeta: Desafío
Título del libro: Rana
Autor: Mo Yan
Nacionalidad: China
Año de publicación: 2009
Esta edición: 2011
Editorial: Kailas
Número de páginas: 408


DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de agostoPrimera parte20%
Jueves 15 de agostoSegunda y tercera parte50%
Jueves 22 de agostoCuarta parte79%
Jueves 29 de agostoQuinta parte100%

SOBRE EL AUTOR


Mo Yan durante la Feria Internacional del Libro 2019 en Lima, Perú. Foto de Miguel Yovera.
Mo Yan no es un autor desconocido para el Club de la Buena Estrella. En 2013, publicamos un resumen de sus datos biográficos. En ese mismo mes, transcribimos la entrevista de Bernhard Zand al autor chino, publicada en Der Spiegel. En ella, Mo Yan nos da sus agudas valoraciones sobre la literatura y la política. El Premio Nobel 2012 también sorprende con unas impactantes revelaciones de la manera muy personal en que se ve involucrado en la historia que nos cuenta en Rana. 

Comparto con ustedes un breve vídeo del autor durante un conversatorio celebrado en la Universidad de Los Andes, Colombia, en 2015.


Quedan cordialmente invitados a leer con nosotros Rana de Mo Yan, nuestro libro del mes en el Club de la Buena Estrella. ¡Felices lecturas!

jueves, 4 de julio de 2019

Series CBE: El Velo (II)

Dinora Gaspar, una periodista principiante, decide investigar el caso del psiquiatra Rafael Valdivia, quien oficialmente es el responsable del asesinato de cinco pacientes del Hospital Psiquiátrico Nacional; pacientes de los cuales no se conoce absolutamente nada, por encontrarse aislados en un pabellón inaccesible en la institución. Durante la investigación, D. G. descubre que todas las personas relacionadas con el siniestro se ven afectadas y, en cada nuevo descubrimiento, ella se ve acogida por la horrenda inquietud de que en la sangre rutinaria de un país acostumbrado a la violencia se esconde un misterio, por hoy oculto, detrás de un velo. 
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Transcripción de la carta de Teresa 

No estoy segura si estoy haciendo lo correcto, pero si no hago algo voy a enloquecer. Tu llamada, mi ha sido un respiro en este infierno silencioso que estoy viviendo. Déjame explicar qué fue lo que sucedió con Marvin la madrugada del 23 de enero. 

Marvin vino a la casa, a las 2:30 a.m. Tenemos cinco años de estar divorciados, pero a pesar de eso, en los últimos tres o dos meses habíamos logrado llevarnos mejor; por lo que él venía a la casa a dormir, comer, en fin, a pasar más tiempo con los niños. 

Cuando abrí la puerta y vi que tenía su uniforme manchado de una especie de pintura negra, pensé que había tenido algún incidente en el hospital, pero la frialdad en su cara me hizo saber que otra cosa había pasado. Algo realmente grave. 

Entró a la casa, y no dijo nada. Era evidente que algo en él andaba mal. Se quitó el uniforme, se duchó, y a todo esto yo estaba esperando a que él dijera algo. Pero no, no decía nada. Pasó un tiempo así, en un estado automático, hasta que le hablé. Marvin tardó unos cuantos minutos en reaccionar. Comenzó a buscarme con la mirada aún estando yo en frente, y cuando al fin nuestra mirada se topó, él comenzó a llorar. En aquel momento pensaba que estar tanto tiempo con locos le había empezado a afectar. Ahora que sé lo que sucedió, daría todo porque mi Marvin se hubiese vuelto loco por alguna enfermedad pero no por lo que vio. Niña, hay más cosas en este mundo. 

Esto fue lo que Marvin pudo contarme en medio de tartamudeos, sollozos, y una voz que se apagaba por puro temor. Marvin me contó que faltaban algunos minutos para que fuera la madrugada del 23 de enero, el venía haciendo una inspección general que va desde los pabellones C y D, hasta finalizar en los pabellones A y B. Aunque no todos los pacientes dormían, había una relativa calma, casi tenebrosa, en el hospital. 

Mientras caminaba por el pasillo central, que es el pasillo que entrelaza los cinco pabellones, escuchó como desde el fondo, en el último de los pabellones, un sonido que le costó definir en un principio. ¡Mi niña, Marvin, escuchó carcajadas! Aquello paralizó a mi pobre Marvin. El teléfono que utilizan para comunicarse dentro del hospital, ubicado en medio del pasillo, sonó. Era el Dr. Hidalgo, quien lo necesitaba con urgencia. Marvin corrió hasta la Coordinación de Pabellones, y aún escuchaba cómo las carcajadas que venían del Pabellón-M se hacían más fuertes. Marvin llegó con el doctor, y este, sin decirle mayor detalle de lo que sucedía, le hizo que le siguiera. En algún momento Marvin pensó en negarse a obedecer al doctor, pero el miedo le había quitado toda voluntad. Era un prisionero.

Estando los dos frente a la puerta, el doctor con la llave en la mano le dijo a Marvin «Marv, en verdad lo siento. Me caes bien». La puerta se empezó a abrir lentamente. Las carcajadas se habían ido agotando de forma misteriosa. Las lámparas que colgaban del «techo» del pabellón se mantenían intermitentes, y Marvin, por fin, pudo ver el misterioso Pabellón-M. 

A pesar de que por fuera el Pabellón-M lucía exactamente igual que los otros cuatro pabellones, por dentro era muy diferente. La estructura interna había sido diseñada como si fuera un «domo». El lugar era tan grande como los otros, pero ahí solo había cinco camas y un cubículo ubicado lejos de la entrada; el cual funcionaba como el cuarto y oficina del Dr.Valdivia. 

En las paredes del domo, dijo Marvin, habían una serie de dibujos extraños. El no supo cómo explicarlos, así que no tuvo otra opción que dibujarlos. He sido profesora de Estudios Sociales en Bachillerato toda mi vida, sé que no soy una experta en simbología pero estaba segura que todos los símbolos que Marvin dibujo pertenecían a diferentes culturas. Habían símbolos mesoamericanos, arábicos, judíos, y después de estudiar un poco más, encontré algunos relacionados con la alquimia y el misticismo. Desearía decirle que eso fue todo: que Marvin solo vio un lugar espantoso donde parecía que dormía la mismísima locura. Pero aún faltaba lo peor. 

Las camas del pabellón estaban vacías, y un hedor a putrefacción inundaba el lugar. Cuando lo intermitente de la luz en las lámparas ceso, fue que Marvin los vio: seis cuerpos yacían en el piso de aquel macabro lugar, y uno de ellos estaba con vida. Marvin quiso salir corriendo, o simplemente cerrar los ojos, pero había algo en aquel lugar que le impedía hacerlo. 

Los cinco pacientes habían sido degollados. Unas tijeras que estaban en el suelo del lugar, fueron utilizadas para el homicidio. Bajo aquel sacrificio humano había un dibujo, una especie de estrella de cinco puntas, pintada, y hecha con sangre, en el suelo. 

El Dr. Valdivia, se encontraba sentado en la famosa posición de «loto»; ya sabe, la que relacionan con Buda y algunas prácticas orientales. Y por si fuera poco, el Dr. Valdivia, parecía estar meditando. Marvin dijo que en cada intervalo de cinco segundos, se escuchaba como el doctor susurraba algo como: «zegualot». El Dr. Valdivia, se encontraba completamente desnudo, al igual que los pacientes, y en la frente del psiquiatra había un dibujo hecho con sangre. Era un ojo. 

Marvin vomitó, el Dr. Hidalgo se quedó inmóvil tratando de que la mano no le temblara tanto. Luego, como si fuese una súplica, el Dr. Hidalgo le pidió a mi Marvin que sacara los cuerpos del pabellón y que no tocara al Dr. Valdivia. El pobre de Marvin no sabe cómo es que lo hizo, pero obedeció. Cada vez que levantaba un cuerpo, sentía que el estómago se le iba a salir en cualquier momento por la boca. Cuando Marvin estaba a punto de sacar al último de los cadáveres, el Dr. Valdivia, quien se había mantenido inmóvil todo el tiempo, abrió los ojos y se abalanzó contra Marvin, haciendo que este terminara en el suelo negro. En el suelo inundado de sangre. 

El Dr. Valdivia, agarró con sus dos manos el rostro de Marvin. Mi esposo no pudo hacer nada más que petrificarse por completo. El Dr. Valdivia, estando encima de Marvin, con un tono violento y susurrando, le dijo al oído: «Están aquí, Marv. La profecía del jaguar se está cumpliendo. El niño lo vio todo. Ellos lo ven todo, lo quieren todo. Están en las sombras, y yo, lo veo todo. Lo que inició esta pronto a terminar, y cuando pase, ellos serán libres Marv. Las pirámides se invertirán, el sello se romperá y lo que ha dormido eternamente despertará». 

Marvin se echó a gritar. En ese momento entraron soldados y lo sacaron de ahí. Lo montaron en una camioneta, y lo trajeron hasta acá. Antes de que Marvin se bajara de la camioneta, uno de los tipos que iba en el asiento del conductor le dijo: «si eres inteligente, si amas a tu familia, y deseas una mejor vida, debes mantenerte alejado de todo lo que has visto. ¿Te queda claro? Marvin no le pudo contestar. 

Sé que mañana es nuestra reunión, pero temo decirte que no podremos hablar. No sé cómo explicarlo pero presiento que me vigilan. Después de haber recibido tu llamada hoy por la tarde, inmediatamente al colgar, alguien tocó la puerta. Eran una pareja de misioneros, raras veces se les ve pasar por esta zona. Los atendí desde la ventana que está al costado de la puerta principal de la casa. Ya te imaginarás, un «gringo» y un salvadoreño. Cuando les pregunté qué deseaban, respondieron como era de esperarse: «Le traemos un mensaje de salvación». Agradecí cortésmente, y les dije que no estaba interesada. Ellos sonrieron y mientras cerraba la ventana el «gringo» se acercó lo más que pudo, y el muy cabrón me dijo: «La Salvación está para aquel que la busca. Recuerde que hay un Dios que todo lo mira, que en todo lugar está, y que de él nadie puede escapar». 

Solo recordarlo, es suficiente para que uno se ponga histérico. 

He tomando mis precauciones para el día de mañana; incluso he decidido transformar mi apariencia. Entre más vulgar me vea, creo que mejor resultará todo. Estoy ansiosa por verte. Solo pensar en tu voz, tan dulce, tan cálida, me otorga un poco de esperanza. Tú me haces pensar que todo esto no es más que un mal sueño. 

Sé lo que te estás preguntado, pero temo decirte que no lo sé. Simplemente no lo sé. Desapareció. Marvin desapareció. Aquella madrugada del 23 de enero fue la última vez que lo vi. Espero haberte ayudado. 

Con aprecio, Teresa. 

P.D: Creo que no está de más escribirte algo un tanto maternal: Aléjate. Aléjate de esto. Sé que las dudas son muchas, pero no lo vale. A veces la verdad no hace libre a nadie. La verdad mata. Y cuando entiendes eso, la ignorancia es una bendición. La más grande de todas.

 ________ 

No pude evitar llorar adentro del carro. 

Mientras volvía a recomponer la forma en que estaba la carta, intentando hacer los dobleces tal y como Teresa los había hecho, me encontré con un mensaje más. Ella debió de escribirlo poco antes de vernos ya que la caligrafía era pésima, como si la hubiese escrito apresuradamente. 

Teresa había añadido un pequeño párrafo, que me enfrentó a una realidad: podía salirme, o llegar hasta al fondo de esto sin importar las consecuencias. Recordé su advertencia: «La verdad no hace libre a nadie». Ahora ya es muy tarde, debí haberle hecho caso cuando puede. 

Aquí dejo la transcripción del párrafo inesperado: 

«Estoy asustada. No tengo mucho tiempo. Esto es lo que pasó: venía en el autobús, y a pesar de que la ansiedad me estaba carcomiendo, todo parecía de lo más normal hasta que se subió un anciano extraño. Este tipo andaba vestido con ropa oscura y gafas ahumadas. Parecía extranjero y con una presencia impresionante, paradójica para su avanzada edad. Se sentó junto a mí suavemente, y se quitó las gafas. El tipo no hizo nada durante casi todo el viaje. Faltando dos, o tres, paradas para bajarme en el centro comercial, el sujeto sin dejar de ver al frente me dirigió la palabra. Empezó diciendo algo sobre el clima, el calor. No le entendí. Luego, sin perder su postura, me dijo que tuviera cuidado, que el ojo estaba sobre mí. Dijo que sabía lo que estaba pasando, que era un amigo y que podía ayudar. No le pude contestar. Me dejó una pequeña tarjeta, que acabo de romper y botar. En la tarjeta había un nombre y un número, aquí he escrito el número y el nombre del anciano, quizá te ayude. Para mí ya es tarde. No sé cómo he llegado a esa conclusión, pero lo es. Adiós». 

Fui yo quien mató a Teresa. 

Arriba del último párrafo escrito por Teresa, había un nombre y un número. El nombre: Virgilio y su número telefónico; por razones obvias, no lo proporcionaré. 

miércoles, 3 de julio de 2019

Solaris por Stanislaw Lem


Iniciamos la segunda mitad del año y lo hacemos con un mes dedicado a explorar literatura de diversas partes de la orbe, en esta ocasión: Polonia, ¿por qué? Por... motivos.
En realidad es muy bueno que se haya tomado esa decisión pues es algo que nos obliga a incursionar en libros a los que difícilmente llegaríamos de otra manera. Es así que cuando se supo que las propuestas para julio deberían ser de autores polacos debí iniciar una pequeña investigación para saber quiénes eran los exponentes y quién entre ellos era el adecuado para mí.

Revisando ese listado me topé con Stanislaw Lem, uno de los grandes autores de la ciencia ficción y, entre dichos grandes, uno de los pocos no angloparlantes. Entre su obra destacó para mí Solaris, en la cual está basada la pieza maestra del arte cinematográfico de 1972 de Andrei Tarkovski y terminó de sellar la decisión la forma en cómo es presentada la más reciente edición en español del libro, cortesía de editorial Impedimenta:

"Impedimenta se complace en presentar, por primera vez en traducción directa del polaco, Solaris, la mítica novela que consagró a Stanisław Lem como autor de culto. Un texto hoy en día considerado un clásico sin paliativos de la literatura moderna."

Es desconcertante para mí pensar que antes, en el mundo de habla hispana, sólo se habían tenido disponibles traducciones hechas a partir de la traducción a otra lengua; saber que esta fue la primera obra seleccionada para ese hito es también por lo cual la opción de Solaris se me hizo inevitable.

Termino con una observación personal: creo que en el historial de libros del CBE este será hasta la fecha el libro más "ciencia-ficcionesco" leído, espero tengan ánimos para sumergirse en las profundidades de este océano y lleguemos a la otra orilla con un mayor entendimiento del género y de muchos aspectos adicionales.


SINOPSIS

Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión consiste en esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y, presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con personas que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer, que se suicidó años antes y que parece no recordar nada de lo sucedido. Stanisław Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.


BIOGRAFÍA DEL AUTOR


Stanisław Herman Lem (12 de septiembre de 1921 - 27 de marzo de 2006) fue un escritor polaco cuya obra se ha caracterizado por su tono satírico y filosófico. Sus libros, entre los cuales se encuentran Ciberíada y Solaris, se han traducido a 40 lenguas y ha vendido 27 millones de ejemplares. Es considerado como uno de los mayores exponentes del género de la ciencia ficción y uno de los pocos escritores que siendo de habla no inglesa ha alcanzado fama mundial en el género.

Sus libros exploran temas filosóficos que involucran especulaciones sobre nuevas tecnologías, la naturaleza de la inteligencia, las posibilidades de comunicación y comprensión entre seres racionales; asimismo propone algunos elementos de las limitaciones del conocimiento humano y del lugar de la humanidad en el universo. Su encasillamiento como escritor de ciencia ficción se debe a que ocasionalmente, a lo largo de su carrera como escritor, prefirió presentar sus trabajos como obras de ficción o fantasía, para evitar los atavíos del rigor en el estilo académico de escritura y las limitaciones del número total de lectores al que llegarían sus libros si fueran textos "científicos"; no obstante, algunas de sus obras están en la forma de ensayos científicos o de libros filosóficos, tales como Summa Technologiae y Microworlds (el último sin traducción al castellano), en las que expresa con rigor sus posturas científicas.


FICHA DEL LIBRO

Título: Solaris
Autor: Stanislaw Lem
Nacionalidad: Polaco
Mes: julio
Viñeta: Autor internacional (Polonia)
Número de páginas: 296
Editorial: Impedimenta
Idioma: español
Idioma original: Polaco
Traductora: Joanna Orzechowska
ISBN: 978-84-15130-09-3
Año de edición: 2011
Año de publicación: 1961


DIVISIÓN DE LECTURAS

CapítuloPorcentajePDF
Reunión 1Final del capítulo "Los solaristas"18%Página 28
Reunión 2Final del capítulo "Pequeño apócrifo"46%Página 71
Reunión 3Final del capítulo "Oxígeno líquido"70%Página 114
Reunión 4Final del capítulo "El viejo mimoide"100%Página 154

FUENTES



Solaris es una recomendación de Marlon H.



sábado, 29 de junio de 2019

Series CBE: El velo (I)

Dinora Gaspar, una periodista principiante, decide investigar el caso del psiquiatra Rafael Valdivia, quien oficialmente es el responsable del asesinato de cinco pacientes del Hospital Psiquiátrico Nacional; pacientes de los cuales no se conoce absolutamente nada, por encontrarse aislados en un pabellón inaccesible en la institución. Durante la investigación, D. G. descubre que todas las personas relacionadas con el siniestro se ven afectadas y, en cada nuevo descubrimiento, ella se ve acogida por la horrenda inquietud de que en la sangre rutinaria de un país acostumbrado a la violencia se esconde un misterio, por hoy oculto, detrás de un velo. 
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Jamás había entendido La Alegoría de la Caverna de Platón, como lo hago ahora. Creía que Platón había elaborado argumentos que ilustran la vida, nuestra vida, como el producto de las sombras; un mundo entretejido por sombras en nuestra mente. La vida, según él, es una construcción de imágenes y espectros reflejados sobre la pared de una caverna. 

Como he mencionado, jamás había entendido a Platón. No como ahora. Después de haber conocido el extraño caso del Doctor en Psiquiatría, Rafael Valdivia, estoy más que convencida que el griego no estaba interesado en que sus argumentos fueran una alegoría. El maestro de Aristóteles nos entregó una verdad perenne: nuestro mundo realmente está construido con sombras y todos estamos hundidos en la caverna.

Lo que están a punto de leer es el resultado de mis investigaciones sobre los hechos ocurridos en el Hospital Psiquiátrico Nacional. Hechos que inculpan al Dr. Valdivia como el responsable de los homicidios de cinco internos que conformaban el Pabellón-M del hospital, la madrugada del 23 de enero del presente año. 

Toda la información que ha sido utilizada para esta investigación proviene directamente de referencias bibliográficas, testimonios e impresiones de algunas personas - que he logrado rescatar en la entrevista - con el único propósito y esperanza de entender la verdad detrás de un velo, en el caso del Dr. Rafael Valdivia.

NOTA  
He tenido que cambiar los nombres de las personas implicadas para no comprometer su seguridad. Así mismo quiero señalar que todos los pie de página corresponden a las interpretaciones que he logrado hacer de algunas palabras y eventualidades.


Transcripción de entrevista | Natalia | Enfermera en turno del día 22 de enero  
En esta entrevista las cursivas corresponden a mis preguntas

«...creo que eran las 11:55 p.m. cuando empecé a escuchar las carcajadas - ¿Carcajadas? – Sí, señorita, así como lo oye. Carcajadas. La gente de ese pabellón se estaba riendo. Al escuchar la gran bulla hice una llamada al Pabellón-M, para verificar que todo estuviera en orden. El teléfono sonó. Nadie contestó. Inmediatamente llamé a la oficina del Dr. Hidalgo para informarle sobre la situación. El respondió y al cabo de unos minutos estaba aquí, en la Coordinación de Pabellones. El Dr. Hidalgo solo tenía unos cuantos segundos de haber venido, cuando escuchó las carcajadas que provenían del Pabellón-M… - un momento, ¿cómo es que usted sabía que las risas venían de ese pabellón? - ¡Por las cámaras de seguridad! Mire, de los cinco pabellones que hay en este hospital, solo el Pabellón-M no tiene cámaras… como le decía, cuando empecé a escuchar las risas tuve que revisar las cámaras de los pabellones A, B, C y D, los cual... - disculpe que la interrumpa de nuevo, pero ¿por qué lo llaman Pabellón-M? Siguiendo una secuencia ¿no debería de llamarse Pabellón-E? No tiene sentido - Señorita, lo mismo me pregunté el primer día que vine aquí. Lo que sí sé, es que los pabellones A y B corresponden a los pacientes en estados menos alterados; mis amigas y yo, les decimos a los pacientes que están ahí los «ángeles del farolito» (risas) - ¿Y eso por qué? - ¡Porque vienen y van! (risas). Disculpe (silencio prolongado). En los pabellones C y D, se encuentran los pacientes en estado crónico, casi intratable. Pero del Pabellón-M, no se nada. Nadie sabe nada. Llevó unos cuantos años trabajando aquí, y durante todo este tiempo solo he visto a tres personas entrar al Pabellón-M: El Dr. Hidalgo, un Señor que siempre viene de traje, que «dicen» que es alguien del Gobierno… y el Dr. Valdivia. El Dr. Valdivia fue contratado a principios de este año para atender directamente al Pabellón-M, ya que el Dr. Hidalgo, por su edad, no podía seguir atendiendo a la gente de ese pabellón. - ¿Quiere decir que el Dr. Hidalgo, antes de la llegada Dr. Valdivia, era quien atendía directamente a los cinco pacientes del pabellón-M? - ¡Pues sí! Eso es… - perdone, pero ¿podría seguirme contando qué sucedió después de que el Dr. Hidalgo llegó donde usted estaba? - El doctor, inmediatamente al llegar tomó el teléfono. Llamó a la oficina del Dr. Valdivia, y en esta ocasión alguien, o algo, contestó - ¿Qué quiere decir con «algo»? - Es que la forma en que habló, quien sea que haya contestado, sonó como «diabólico» - ¿Aún recuerda qué fue lo que usted oyó por teléfono? -  Sí, lo recuerdo. La voz, que era así como «babosa», dijo algo como: «eatin-masitia-mitanti» - ¿Cómo es que puede recordar algo así? - No lo sé, pero no lo puedo dejar de pensar… (silencio prolongado). Cuando escuché «eso», sentí que algo en mi cabeza vibraba… (silencio prolongado). Después de escuchar aquello, el Dr. Hidalgo mandó a llamar a Marvin, quien es el enfermero más grande de este hospital. Después de hablar con Marvin, el doctor hizo otra llamada. Pero de esa última llamada, no pude entender nada de lo que dijo. -¿Por qué? - Porque todo lo que dijo lo dijo susurrado. En fin, el doctor terminó la misteriosa llamada, y junto a Marvin salió directamente hacía el Pabellón-M. - ¿Sabe usted que pasó allí? – No, señorita. No se nada, nadie sabe nada. Además, no hemos vuelto a ver al Dr. Hidalgo desde esa noche, y Marvin, dicen que fue trasladado a otro hospital… ¡Una cosa más! Pasado unos pocos minutos desde que Marvin y el doctor se habían marchado hacia el Pabellón-M, apareció el Señor que le digo que es del Gobierno, esta vez, venía acompañado con diez militares. Uno de los militares nos llevó a la capilla, y nos mantuvo allí durante una hora - ¿Pudo ver la insignia en el uniforme de los soldados? - Si, era un triángulo. -  ¿Y los pacientes de los otros pabellones?, ¿qué pasó con ellos? - Supongo que algo les hicieron los soldados, ya que cuando regresamos a nuestros lugares, todos los pacientes estaban profundamente dormidos, y en un psiquiátrico, dígame, ¿quién puede dormir realmente bien?».

Después de cerrar la entrevista, le pregunté a Natalia si tenía algún número telefónico que me pudiera servir para contactarme con Marvin. Ella solo tenía en su vieja agenda el número de la casa de Marvin, es decir, el número donde vivía su ex-esposa e hijos.
Cuando hablé a la antigua casa de Marvin, su ex-esposa, contestó. Después de convencerla que yo no era más que una periodista, aceptó reunirse conmigo en un centro comercial. 
Llegué un poco antes al lugar donde habíamos acordado vernos con la ex-esposa de Marvin, Teresa. Mientras la esperaba, trataba de tomarme un capuchino, convencida de que eso podría calmar un poco mi ansiedad, pero cuando Teresa apareció cruzando la puerta del restaurante, el capuchino aún seguía intacto. Reconocí a Teresa con un poco de complicación, ya que la descripción que Natalia me había dado sobre ella era demasiado inexacta. A simple vista parecía ser la típica imagen que creemos de una mujer divorciada de clase trabajadora intentado verse atractiva. Maquillaje excesivo, blusa demasiado ajustada que marcaba sus grandes pechos y un cuerpo flojo en pésima condición, uñas maltratadas, y una licra que desentonaba con la blusa y la edad.
Levanté mi mano desde la mesa para hacerle un señal a Teresa. Ella me vio, y se sentó sin siquiera saludar. Creí que era conveniente volver a presentarme, y sin darme la más mínima oportunidad de hablar, ella empezó violentamente nuestra reunión.
Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de poder activar la grabadora, pero al final de eso hubiese sido indiferente, ya que la plática con Teresa duró alrededor de 2 o 3 minutos. 

*

NOTA
Aquí una pequeña representación de dicha entrevista

Conversación con la exesposa de Marvin | Teresa

- ¡No tengo mucho tiempo niña, así que deja de mierdas conmigo, y pregunta lo que necesitas saber! - Teresa no solo me gritaba, sino que parecía que en sus gritos guardaba un gran rencor. Mantuve la calma, y continúe.

¿Sabe que sucedió en el Hospital Psiquiátrico, la madrugada del 23 de enero?

- Sí. Lo que dicen los periódicos. Eso es lo que sé.

- ¿Y sabe que su ex- esposo estaba de turno ese preciso día?

- No. Usted ya lo dijo, ex- esposo. Dígame, ¿qué putas tengo que saber al respecto de él? Ya me jodió lo suficiente como para que yo esté pendiente de él.

- No entiendo algo - procure no perder el control. 

- ¿Qué?

- Ayer, cuando hablamos por teléfono, percibí una actitud muy diferente en usted. Lo que intento decir, es que si he hecho algo que la haya molestad… - Teresa me machucó mi pie. Con tanto tiempo haciendo periodismo, llegas a un punto en que cada mueca, mirada, sonido, parpadeó, sudor y movimiento, es señal de algo. Luego de golpearme, Teresa, se acomodó el escote de aquella blusa de mal gusto y con un movimiento de dedos escurridizos sacó de su brasier un trozo de papel que puso junto a la servilleta que tenía enfrente. Continuó:

¡Me has hecho perder el tiempo, puta! Que te quede claro, ¡no sé nada de Marvin!

Teresa se levantó con violencia, pero antes de irse del lugar, estando en el marco de la puerta de vidrio, me lanzó una mirada. Una mirada de horror. Decidí tomarme el capuchino helado, y con la misma sutileza de Teresa logré guardar el papel en mi bolso. Verifiqué que nadie me estuviera observando, y salí de ahí. 
Fueron exactamente 32 minutos los que estuve caminando dentro del centro comercial, pensando en cuál debía de ser mi siguiente paso. La mirada de Teresa me había dejado afectada. Decidí volver a casa. Salí del centro comercial en busca de mi automóvil. Lo había estacionado cerca de una de las entradas principales del lugar, así que debía caminar poco para poder sentirme segura. 

      Mientras me dirigía al automóvil, no podía evitar ver hacía atrás, sentía que todo la gente me estaba observando. Vi mi automóvil estacionado, y un poco de calma apareció en mi corazón. Mientras buscaba mis llaves en el bolso, vi una ambulancia y una patrulla policial atravesar a toda velocidad el estacionamiento del centro comercial, y tuve un presentimiento. Ahora entiendo por qué es que se dice que las mujeres somos tan intuitivas*.
A pesar de que el carro ya no parecía aquel pequeño refugio en medio de la desconocida incertidumbre que envolvía todo el ambiente, con una ansiedad que me rasgaba las entrañas, decidí leer en ese momento el papel que Teresa me había entregado. Era una carta. 


NOTA*
Teresa había muerto asesinada por un supuesto ladrón. Según un periódico, Teresa se opuso a un robo dentro del parqueo del centro comercial. Le dieron cinco disparos, y el resto de periódicos tuvieron el homicidio de Teresa en primera plana; sin contar que la noticia se publicó de forma viral por todas las redes sociales. Casi ocho canales de televisión repitieron la noticia, como si una sola vez no fuera suficiente.Esta es nuestra realidad: Para ser un país que intenta luchar contra la violencia, realmente pareciera que la veneramos. Nuestra religión es la muerte.

viernes, 31 de mayo de 2019

El hombre que sabía demasiado






Inmenso, probablemente arriba de los dos metros, sostenía que las cosas se miran mejor desde abajo. Santificó la cerveza, criticó el trabajo. Para él, era más grande el hombre de una sola pierna que el hombre que tiene dos. Instauró la cacería de sombreros como deporte. Antes de su matrimonio: tomó un vaso de leche y compró una pistola. Amenazó con quemar el parlamento inglés si la niña pelirroja de los suburbios perdía tan solo uno de sus rizos por culpa de los piojos que son culpa de los suburbios. Decidió apoyar la abolición de capitalismo, nunca creyó en el comunismo, nunca aceptó el socialismo. Creía que todo hombre sentando en su sofá con los pies sobre una silla o sentando en una silla con los pies en un sofá eran una digna imagen de Dios. Imaginaba hombres gordos saltando sobre los techos de Londres, ejércitos de niños con espadas de madera. Creía que ahorcar a un culpable era una excelente idea. Le fascinaban las cabezas: o bien porque se pudieran cortar o bien porque podía haber dos donde solo había espacio para una. Teorizó sobre la evolución de los demonios (cosa hartamente difícil, sabiendo que no toma muchos años que una serpiente tenga alas). Necesitaba hechos, creía en la magia. Estaba agradecido con la conquista romana. Despotricó contra la evolución solo porque los caballos aún se niegan a diferenciar a Picasso de Rembrandt. Supo que no había nada de universal en el universalismo. Señaló que lo anticristiano es de origen cristiano. Predicó sobre el ateísmo de Dios, y ahora la iglesia discute sobre su posible canonización (el diseño inicial de su representación cuenta con una cerveza en una mano y un cigarro en la otra). Prefirió el microscopio antes que el telescopio. Neil Gaiman y Terry Prachett aseguraron que él, en un absurdo y fabuloso libro titulado ‘Good Omens’, “sabía de qué iban las cosas”. Borges lo admiró, Savater asegura que lo necesita y Hegel copió su trabajó incluso sin que él pudiera tan siquiera escribir. Creía en la razón, creía en Santa Claus. Creía que en el mundo hay verdades, creía que en el mundo hay contradicciones. Creía que un hombre sensato era el que creía en las verdades, y creía que un hombre era sabio cuando creía en las verdades y en las contradicciones: todo a la vez. Aceptó la ficción que sostiene que el hombre viene de las cavernas, solo porque descubrió las evidencias de que Dios nació en una caverna.

Lo más chistoso de todo esto, es que esto nada tiene de chiste.

***

Chesterton ha llegado al CBE, y me permito recibirlo con aquella frase de Henry escrita en un viejo post: “No sospecha el Camus de 1944, fumando su absurdo, que por su izquierda se acerca el Chesterton de 1935, cargando su legajo como las tablas de la ley de un nuevo Moisés. ¡Lo que se viene!”. La clarividencia profética de Henry hace ahora de las viejas cosas en cosas nuevas.

Chesterton había andado asechando, apareciendo de manera fugaz, rápidos carreras de un hombre gordo, entre ideas y enfrentamientos – como el caso de las entradas dedicadas  al Mito de Sísifo de Albert Camus –, su presencia se había vuelto acosadora, y la pomposidad de su nombre y todo el imaginario desperdigado entre palabras y recuerdos hicieron posible que este mes de Junio, como un acto de prestidigitación, Chesterton se nos apareciera en el centro del club; parado sobre un bastón de caramelo.  

El encuentro con Chesterton siempre esta rodeado de dificultades, de amplitudes y, aunque parezca contradictorio, de sencillez, de mucha sencillez y felicidad. Chesterton no es un escritor que busca convencernos de su genialidad literaria, a pesar de ser un brillante y genial literato. No busca convencer a nadie, aunque termina convenciendo, a él solo le interesa expresar la alegría de la vida, la alegría de los misterios, la alegría de las contradicciones.

Es, como han insistido los críticos de nuestros tiempos, el escritor que este mundo necesita.

El hombre que sabia demasiado, libro de 1922, es una serie de historias que tienen como protagonista a un simpático y melancólico ingles llamado Horne Fisher. Este se mira enrollado en complicadas y absurdas situaciones, donde lo político y lo inglés son el crimen principal que el gigante escritor intenta resolver. Chesterton no pretendía hacer de las historias de Horne Fisher los nuevos estándares de la literatura inglesa; ni tampoco buscaba eso con las historias del detective y clérigo, Padre Brown. El mismo estaría de acuerdo en que si alguien desea leer sobre detectives sería mejor que leyera a Poe, Doyle o Shakespeare y Blake; él quería hacer aparecer con su literatura a la verdad, ese enigma filosófico y científico. Quería que la verdad se manifestara en todas las maneras posibles, porque es costumbre de la verdad manifestarse de todas las posibles maneras.

Estamos a punto de entregarnos a la lectura de un libro que en todos los sentidos nada tiene que ver y poco puede resumir la inmensidad de Chesterton que es pequeña, y que fácilmente podría quedar en un libro. Estamos con un libro que hace de las tristezas, los sinsentidos y los sueños, en alegrías, razón y realidad. Estamos con un libro que Borges siempre considero como uno de sus favoritos y escrito por uno que siempre fue su favorito. Estamos ante un libro que contiene a todo el mundo, aunque solo trate de una sola persona. Estamos ante una parábola moderna que tiene un corazón viejo que late con tal vigorosidad, que, de llegar a morir, estoy seguro, no tardara mucho – a lo mejor tres días – en resucitar; y hará que lo viejo aparezca como lo que siempre fue: algo nuevo.

Es una terrible, increíble y monstruosa alegría leer a Chesterton, el verdadero hombre que sabía demasiado.




Firma de Gilbert Keith Chesterton

BIOGRAFÍA
(Gilbert Keith Chesterton; Campden Hill, 1874 - Londres, 1936) Crítico, novelista y poeta inglés, cuya obra de ficción lo califica entre los narradores más brillantes e ingeniosos de la literatura de su lengua. El padre de Chesterton era un agente inmobiliario que envió a su hijo a la prestigiosa St. Paul School y luego a la Slade School of Art; poco después de graduarse se dedicó por completo al periodismo y llegó incluso a editar su propio semanario, G.Ks Weekly. Desde joven se sintió atraído por el catolicismo, como su amigo el poeta Hilaire Belloc, y en 1922 abandonó el protestantismo en una ceremonia oficiada por su amigo el padre O'Connor, modelo de su detective Brown, un cura católico inventado años antes.
Además de poesía (El caballero salvaje, 1900) y excelentes y agudos estudios literarios (como los dedicados a Robert BrowningCharles Dickens o Bernard Shaw, publicados entre 1903 y 1909), este conservador estetizante, similar al mismo Belloc o al gran novelista Ford Madox Ford, se dedicó a la narrativa detectivesca, con El hombre que fue Jueves, una de sus obras maestras, aparecida en 1908.
A partir de 1911 empezaron las series del padre Brown, inauguradas por El candor del padre Brown, novelas protagonizadas por ese brillante sacerdote-detective que, muy tempranamente traducidas al castellano por Alfonso Reyes, consolidaron su fama. De hecho, Chesterton inventó, como lo harían un poco más tarde T. S. EliotEvelyn Waugh, una suerte de nostalgia católica anglosajona que celebraba la jocundia medieval y la vida feudal reflejada, por ejemplo, en Chaucer (a quien dedicó un ensayo), a la vez que abominaba de la Reforma protestante y, sobre todo, del puritanismo.
Maestro de la ironía y del juego de la paradoja lógica como motor de la narración, polígrafo, excéntrico, orfebre de sentencias de deslumbrante precisión, en su abundantísima obra (más de cien volúmenes) aparecen todos los géneros de la prosa, incluido el tratado de teología divulgativo y de gran poder de persuasión.
Los ya citados relatos del padre Brown siguen la línea de Arthur Conan Doyle, mientras que los dedicados a un investigador sedente, el gordo y plácido Mr. Pond (literalmente "estanque"), inauguraron la tradición de detectives que especulan sobre la conducta humana a través de fuentes indirectas, desde Nero Wolf hasta Bustos Domecq, el policía encarcelado que forjaron Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, dos de los lectores más devotos que Chesterton ha tenido en el siglo XX.

(extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/G._K._Chesterton)

EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO






«Chesterton es un maestro en el uso del diálogo ingenioso y humorístico, así como de la intriga.»
Iñaki Esteban, El Correo
«Cada relato encierra una ingeniosa paradoja sobre la condición de la sociedad o sobre la naturaleza humana.»
Gara
«Un deleite para la inteligencia que no rehúye la diversión.»
Héctor Porto, La Voz de Galicia
«Un a modo de fabulario político de lo más sabroso.»
Revista Leer
«Quien busque lecturas impactantes e intrigantes que no deje de leer El hombre que sabía demasiado, libro de cabecera del género.»
Cambio 16
“Una antología cautivadora, protagonizada por el investigador Horne Fischer”.
Va y ven (Uruguay)
Aunque habría que decir, para empezar, que hablar de novela en este caso es quizás muy pretencioso. Se trata, más bien, de una colección de ensayos, un tratado político encubierto bajo la forma de relatos detectivescos, con protagonistas en común, Harold March y Horne Fisher. Estos dos personajes son el nexo de unión de las historias que componen el libro. El primero es periodista y está dotado en un alto grado de lo que se podría llamar ingenuidad. El segundo no tiene oficio conocido, igual que tampoco tiene ni pizca de ingenuidad. A través de sus ojos se va conociendo el detrás de la escena de la política inglesa de principios de siglo XX.

La combinación de estas dos visiones tan diferentes surge efecto: los personajes son complementarios y consiguen crear un cuadro de lo más completo de las pasiones humanas disfrazadas de patriotismo y de lucha por el interés de los demás. La polis tal como la entendía Hannah Arendt, como el lugar de reunión de hombres libres e iguales, que se juntan para encontrar las mejores palabras y las mejores acciones para el buen funcionamiento de la ciudad, está muerta. En su lugar nos encontramos con políticos corruptos, débiles, mentirosos y cobardes, que intentan ocultar sus faltas con palabras huecas y actuación en pro de un dudoso bien común.

Para el moderador, el libro responde a la pregunta de cómo enfrentarse a la perversión política, eligiendo entre lo malo y lo peor. No es difícil darle la razón sabiendo que Chesterton da vida literaria a su hermano Cecil a través de Harold March y se traspone a sí mismo en la persona de Fisher, o que los hermanos Chesterton fueron activistas políticos muy implicados en asuntos como la guerra anglo-bóer. Cecil, el periodista, igual que su alter ego ficcional, March, se empeñan en intentar cambiar el mundo, mientras que Gilbert y Horne se resignan a él. Se hace patente en El hombre que sabía demasiado la incongruencia que Gilbert Chesterton percibe entre la vida privada y la pública, entre lo que se es y lo que se aparenta ser.

Escrito en 1922, el libro mantiene toda su vigencia en cuanto a las preguntas que plantea en torno a la vida política y a la reacción del público frente a ésta. Si bien es verdad que el estilo literario puede parecer a veces pesado a los lectores modernos, lo importante está en el fondo y no en la forma.


DIVISIÓN DE LA LECTURA

06 de JUNIO, hasta: El rostro en la diana (relato 1)
13 de JUNIO, hasta: El pozo sin fondo (relato 4)
20 de JUNIO, hasta: La manía del pescador (relato 6)
27 de JUNIO, hasta: Final del libro


LECTURA SUGERIDA 

El libro no pasa de las 220 paginas, es un libro pequeño. Por eso, y para ampliar la discusiones, quedando el miembro del club en la total libertad de optar o no por la siguiente opción, sugiero acompañar la lectura del libro de este mes, junto con la selección de relatos policiales protagonizados por el más famoso personaje de Chesterton, el Padre Brown. Esta colección, titulada EL CANDOR DEL PADRE BROWN, primer libro de lo que se convirtió en una de las sagas policiales más leídas de Inglaterra - que recientemente cuenta con una serie de televisión patrocinada por la BBC - posee historias que comparten algunos elementos comunes con las historias de Horne Fisher. De aceptar esta sugerencia, estoy seguro que la amplitud de experiencia que puede provocar Chesterton no solo se duplicara el interés y fascinación por la novela o relato de detectives, sino que indudablemente, se sentirá en la curiosidad de perpetrar en la médula del universo chestertoniano. EL CANDOR DEL PADRE BROWN cuenta con doce cuentos, de los que se seleccionara los siguientes y en el siguiente orden:

I. La cruz azul
II. El jardín secreto
III. Unos pasos extraños. 
IV. Las estrellas fugaces
VII. La forma anómala.
X. El ojo de Apolo

Le lectura de estos relatos no están sometidas a ninguna calendarización, así que pueden ser abordados en cualquiera de las fechas del mes de JUNIO. 


LECTURA SUGERIDA DENTRO DEL MISMO BLOG DEL CBE

CHESTERTON EL DETECTIVE (I)
CHESTERTON EL DETECTIVE (II)
DEL SALTO AL VUELO O LA CLAVE CHESTERTONIANA PARA HACER DE SISIFO UN JOB:
          PRIMERA PARTE
         SEGUNDA PARTE
         TERCERA PARTE

LECTURA SUGERIDA
https://borgestodoelanio.blogspot.com/2017/07/jorge-luis-borges-sobre-chesterton.html
https://chestertonblog.com/
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