lunes, 5 de agosto de 2019

Series CBE: "Y sin embargo se mueve" (Capítulo 8)

Jorge Luis Borges, Foto de Gianni Mestichelli. 

El encuentro
Buenos Aires, 1956

Contemplo la impoluta blancura del papel que estuve a punto de profanar y me divierte mi propia estupidez. ¿Qué sentido tiene ahora escribir una carta en respuesta a Ñato Iberra? En breves instantes no existiré más. De mí, de Jacinto Chiclana... no quedará recuerdo, vaho ni huella. Si no hay creador no hay obra. Si no hay pies no hay pasos. Si no hay puño tampoco puede haber letra. 

En cuanto a Iberra, el pobre diablo se desvanecerá en la nada mientras me espera en la esquina de Rincón y Rivadavia, del mismo modo en que yo me borraré del todo a varias cuadras de ahí, en este edificio de la calle México, en esta babel de libros y volúmenes: el majestuoso reino del dios ciego cuyos días me apresuro a cortar con un cuchillo. No pude haber elegido mejor lugar y tiempo para matar y morir, para nacer al olvido, para abortarme de cuajo de todas las realidades y ficciones, para arrancarme de raíz de todas las dimensiones y épocas. 

Nunca antes fui tan consciente de que al matar a un hombre también se mata de un tajo su simiente, se evita su descendencia. Si matas a un dios también acabas con su obra, lo despojas de su divinidad, impides su culto. Eliminar al hacedor antes de que me haya creado será el suicidio más excelso y la rebelión más sublime. Me lo llevaré conmigo.

Hurgo en mi decrépita memoria y no encuentro remordimiento alguno. Apenas he sido el arma ejecutora en la mano del criminal, y no se puede culpar al cuchillo por la sangre derramada. Es mi naturaleza, mi propósito, acaso mi destino. He visto a los ojos a Maneco Uriarte, Duncan, Juan Dahlmann, Juan Almanza y Juan Almada. Incluso a Juan Iberra, a quién eliminé para salvar a su hermano menor, el Ñato, de la indigna muerte de un balazo. Todos me han entregado una última mirada de buey manso resignado al degüello. Como yo, cada uno de ellos también fue creado con las mismas letras. Son mis hermanos de tragedia. 

Pero yo no moriré la muerte que está escrita para mí. He abierto los ojos, sé la verdad. Ergo, soy libre de morir a mi manera. Ahora puedo distinguir con claridad cada detalle, cada contorno. Mi lucidez contrasta de manera aguda con la ceguera del hacedor. Le veo recorriendo los pasillos, deteniéndose frente a cada anaquel, tomando cada volumen entre las manos, esforzando sus ojos sin luz en un vano intento por descifrar las letras. Le veo suspirando, aceptando la noche, contemplando la ironía, acariciando los lomos de los libros ya ilegibles para sus ojos apagados.

—​Señor Borges.

—​Al fin te decides a hablarme.

—​¿Me conoce? ¿cómo puede conocerme? ¿cómo, si no ha podido verme, sabía que yo estaba aquí?

—​Habrás notado que mis ojos no perciben nada que no sea una luz intensa, y estoy seguro de haber visto el destello de un cuchillo. Además, he podido sentir tu presencia, Jacinto. 

—​No es posible, ¡no hay manera de que sepa quién soy, aún no ha escrito nada sobre mí!

—​Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente.

—​¿De qué tercero habla? ¿qué paradoja?

—​Es con tus ojos que puedo ver con claridad, es a través de ti que me someto a la ley del cuchillo, a la vida que no tuve, a la muerte que no tendré. ¿Pensaste que te escribí yo? No Jacinto, te equivocas. Te escribió hace mucho el otro Borges, el joven que seguiste por el Buenos Aires de otros pagos. Acabar conmigo no acabará contigo, porque es para eso que has venido, ¿no es cierto?

—​¿El otro Borges? ¡no es verdad! ¡no puede serlo! ¿cuántos Borges hay?

—​Miles. El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me lleva, pero yo soy el río; es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. Y del mismo modo hay miles de instancias de Jacinto Chiclana, de Ñato Iberra, de Buenos Aires, del universo. Hay tantas instancias, con tantas y tan diversas variaciones, como bifurcaciones hay en cada sendero del jardín. A veces eres mi hijo leal, en otras mi hijo pródigo, y en otras tantas eres mi Absalón sublevado. Algunas veces incluso eres Iberra. En la más genial e inesperada de las bifurcaciones, yo soy Chiclana y tú eres Borges. Tu historia y la mía forman un volumen cíclico cuya última página es idéntica a la primera. Esta es la última página. ¿Crees que no la hemos vivido antes? ¿que no se repetirá hasta el infinito? Otro Jacinto Chiclana camina ahora por Rivadavia, dirigiéndose a lo inevitable, hacia la esquina maldita donde lo espera Ñato Iberra. El filo de la muerte es tu destino, el más digno de los finales. Tu sacrificio es tu gloria. Sin embargo hay otra mano, otro sentido. Puedes quedarte aquí, puedes matarme. En realidad me encantaría que lo hicieras. Puedo darte mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón, estoy tratando de sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota. Porque la palabra escrita queda indemne, rematando el final oficial y eterno, que solo inmortaliza la verdad del victorioso.


viernes, 2 de agosto de 2019

Rana, Mo Yan

"Para mí, que vengo del campo, la relación con la tierra es muy importante. Toda mi obra es como una planta que nació de la tierra".  Mo Yan en conversatorio en la Universidad de Los Andes, Colombia. 




Seis años después de haber descubierto a este coloso literario, el Club de la Buena Estrella vuelve a incluir a Mo Yan en su programa de lecturas en 2019. Nuestro antecedente con el laureado escritor chino se remonta al mes de abril de 2013, cuando leímos Sorgo rojo, una joya literaria que narra con una poco usual combinación de pasión, brutalidad, belleza y reverencia, los terribles eventos que vivieron los pobladores de Gaomi noreste, pueblo natal de Mo Yan, durante la invasión y ocupación japonesa. Sin lugar a dudas, uno de esos libros que dejan honda huella en el lector.

La obra de Mo Yan está llena de verdaderos imperdibles literarios. Rana, la obra que nos ocupará a lo largo de este agosto, era su publicación más reciente al momento de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2012, a mi gusto uno de los premios literarios más merecidos que ha otorgado la academia sueca en los últimos años. 

¿Cómo llegamos a elegir Rana?

La elección de Rana para nuestro programa de lecturas no ha resultado fácil. No sería una mala analogía decir que ha sido como con dolores de parto. Lo propuse tres veces, en las votaciones de 2015, 2016 y 2018 con los siguientes argumentos:

Después de la profunda impresión que dejó en mí la lectura de Sorgo Rojo en 2013, me prometí que leería más de este magnífico autor chino ganador del Premio Nobel en 2012. Aún no me he cumplido esta promesa. ¿Por qué Mo Yan? Porque su nombre me inspira profunda admiración y respeto, porque sus escritos sacuden al lector y sus afiladas frases lo traspasan. Una sola lectura me bastó para convencerme de que este polémico y genial escritor es el Premio Nobel más merecido, el menos cuestionable de los últimos años. ¿Por qué elegí Rana? Porque la crítica considera que es una de las tres mejores obras de Mo Yan, y probablemente sea la más atractiva por su poder simbólico y político, por lo escabroso del tema y por su interesante marco narrativo. 

Fue hasta el tercer intento cuando mi porfiada recomendación se erigió como una de las dos mejor votadas, empatada en el primer lugar con La rueda de la vida de Elisabeth Kübler Ross. Rana aún tuvo que ir a una reñida segunda vuelta, en la que se impuso apenas por un voto. Ergo, nuestra propuesta solo se hizo fecunda después de una intensa carrera, tras un sinfín de coleteos y cabeceos, tercos, persistentes y perseverantes. Hoy, por fin, el estimado lector asiste al parto doloroso y feliz de un larguísimo embarazo de seis años: nuestro desafío de lectura para este mes de agosto.

¿De qué va nuestro libro del mes? 

¿Se imaginan cómo sería si en nuestro país se decretara que cada pareja legalmente reconocida por el Estado solo debiera tener un hijo? ¿cómo se recibiría una medida como esa en cada grupo socio económico, entre personas con holgura financiera, en sectores urbanos populares o en zonas rurales, casi todos ellos gobernados por una serie de credos, prejuicios, valores y tradiciones que condicionan su percepción de maternidad, paternidad y familia? ¿qué grado de vigilancia e invasión sería necesario para controlar a cada ciudadano e imponer una ley así? ¿cómo se manejarían los casos en que una pareja concibiera otro hijo no permitido? ¿qué implicaciones y consecuencias tiene una ley de esa naturaleza en aquellos que la elaboran, en los que tienen la responsabilidad de ejecutarla y en la población que la vive en carne propia?

Pues bien, Rana es la historia de una mujer médico rural en la época de la China maoísta y de la reconstrucción cultural, es decir, el tiempo en que el Estado chino se vio en la necesidad de restringir la cantidad de hijos que cada pareja podía tener, hasta desembocar en la política del hijo único. La historia es contada de manera epistolar por Renacuajo, el sobrino de la médico, un aspirante a escritor que, inspirado por la visita que un importante literato nipón hace a su poblado, decide escribirle cartas para narrarle la vida de su tía y los hechos que se suscitaron entre los pintorescos personajes de su pueblo a lo largo de cincuenta años, en el marco de la política estatal de la planificación familiar.

La narración se desarrolla en cuatro partes, cuya quinta y última es la culminación del camino del escritor novicio: una obra teatral en nueve actos, basada en la apabullante y controversial historia de su tía, que es al mismo tiempo la palpitante historia reciente de su nación.

Rana es la primera de las obras de Mo Yan que ha sido traducida por Editorial Kailas directamente del chino al español.

FICHA DEL LIBRO


Mes: Agosto de 2019
Viñeta: Desafío
Título del libro: Rana
Autor: Mo Yan
Nacionalidad: China
Año de publicación: 2009
Esta edición: 2011
Editorial: Kailas
Número de páginas: 408


DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de agostoPrimera parte20%
Jueves 15 de agostoSegunda y tercera parte50%
Jueves 22 de agostoCuarta parte79%
Jueves 29 de agostoQuinta parte100%

SOBRE EL AUTOR


Mo Yan durante la Feria Internacional del Libro 2019 en Lima, Perú. Foto de Miguel Yovera.
Mo Yan no es un autor desconocido para el Club de la Buena Estrella. En 2013, publicamos un resumen de sus datos biográficos. En ese mismo mes, transcribimos la entrevista de Bernhard Zand al autor chino, publicada en Der Spiegel. En ella, Mo Yan nos da sus agudas valoraciones sobre la literatura y la política. El Premio Nobel 2012 también sorprende con unas impactantes revelaciones de la manera muy personal en que se ve involucrado en la historia que nos cuenta en Rana. 

Comparto con ustedes un breve vídeo del autor durante un conversatorio celebrado en la Universidad de Los Andes, Colombia, en 2015.


Quedan cordialmente invitados a leer con nosotros Rana de Mo Yan, nuestro libro del mes en el Club de la Buena Estrella. ¡Felices lecturas!

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