viernes, 2 de agosto de 2019

Rana, Mo Yan

"Para mí, que vengo del campo, la relación con la tierra es muy importante. Toda mi obra es como una planta que nació de la tierra".  Mo Yan en conversatorio en la Universidad de Los Andes, Colombia. 




Seis años después de haber descubierto a este coloso literario, el Club de la Buena Estrella vuelve a incluir a Mo Yan en su programa de lecturas en 2019. Nuestro antecedente con el laureado escritor chino se remonta al mes de abril de 2013, cuando leímos Sorgo rojo, una joya literaria que narra con una poco usual combinación de pasión, brutalidad, belleza y reverencia, los terribles eventos que vivieron los pobladores de Gaomi noreste, pueblo natal de Mo Yan, durante la invasión y ocupación japonesa. Sin lugar a dudas, uno de esos libros que dejan honda huella en el lector.

La obra de Mo Yan está llena de verdaderos imperdibles literarios. Rana, la obra que nos ocupará a lo largo de este agosto, era su publicación más reciente al momento de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2012, a mi gusto uno de los premios literarios más merecidos que ha otorgado la academia sueca en los últimos años. 

¿Cómo llegamos a elegir Rana?

La elección de Rana para nuestro programa de lecturas no ha resultado fácil. No sería una mala analogía decir que ha sido como con dolores de parto. Lo propuse tres veces, en las votaciones de 2015, 2016 y 2018 con los siguientes argumentos:

Después de la profunda impresión que dejó en mí la lectura de Sorgo Rojo en 2013, me prometí que leería más de este magnífico autor chino ganador del Premio Nobel en 2012. Aún no me he cumplido esta promesa. ¿Por qué Mo Yan? Porque su nombre me inspira profunda admiración y respeto, porque sus escritos sacuden al lector y sus afiladas frases lo traspasan. Una sola lectura me bastó para convencerme de que este polémico y genial escritor es el Premio Nobel más merecido, el menos cuestionable de los últimos años. ¿Por qué elegí Rana? Porque la crítica considera que es una de las tres mejores obras de Mo Yan, y probablemente sea la más atractiva por su poder simbólico y político, por lo escabroso del tema y por su interesante marco narrativo. 

Fue hasta el tercer intento cuando mi porfiada recomendación se erigió como una de las dos mejor votadas, empatada en el primer lugar con La rueda de la vida de Elisabeth Kübler Ross. Rana aún tuvo que ir a una reñida segunda vuelta, en la que se impuso apenas por un voto. Ergo, nuestra propuesta solo se hizo fecunda después de una intensa carrera, tras un sinfín de coleteos y cabeceos, tercos, persistentes y perseverantes. Hoy, por fin, el estimado lector asiste al parto doloroso y feliz de un larguísimo embarazo de seis años: nuestro desafío de lectura para este mes de agosto.

¿De qué va nuestro libro del mes? 

¿Se imaginan cómo sería si en nuestro país se decretara que cada pareja legalmente reconocida por el Estado solo debiera tener un hijo? ¿cómo se recibiría una medida como esa en cada grupo socio económico, entre personas con holgura financiera, en sectores urbanos populares o en zonas rurales, casi todos ellos gobernados por una serie de credos, prejuicios, valores y tradiciones que condicionan su percepción de maternidad, paternidad y familia? ¿qué grado de vigilancia e invasión sería necesario para controlar a cada ciudadano e imponer una ley así? ¿cómo se manejarían los casos en que una pareja concibiera otro hijo no permitido? ¿qué implicaciones y consecuencias tiene una ley de esa naturaleza en aquellos que la elaboran, en los que tienen la responsabilidad de ejecutarla y en la población que la vive en carne propia?

Pues bien, Rana es la historia de una mujer médico rural en la época de la China maoísta y de la reconstrucción cultural, es decir, el tiempo en que el Estado chino se vio en la necesidad de restringir la cantidad de hijos que cada pareja podía tener, hasta desembocar en la política del hijo único. La historia es contada de manera epistolar por Renacuajo, el sobrino de la médico, un aspirante a escritor que, inspirado por la visita que un importante literato nipón hace a su poblado, decide escribirle cartas para narrarle la vida de su tía y los hechos que se suscitaron entre los pintorescos personajes de su pueblo a lo largo de cincuenta años, en el marco de la política estatal de la planificación familiar.

La narración se desarrolla en cuatro partes, cuya quinta y última es la culminación del camino del escritor novicio: una obra teatral en nueve actos, basada en la apabullante y controversial historia de su tía, que es al mismo tiempo la palpitante historia reciente de su nación.

Rana es la primera de las obras de Mo Yan que ha sido traducida por Editorial Kailas directamente del chino al español.

FICHA DEL LIBRO


Mes: Agosto de 2019
Viñeta: Desafío
Título del libro: Rana
Autor: Mo Yan
Nacionalidad: China
Año de publicación: 2009
Esta edición: 2011
Editorial: Kailas
Número de páginas: 408


DIVISIÓN DE LECTURAS

Jueves 8 de agostoPrimera parte20%
Jueves 15 de agostoSegunda y tercera parte50%
Jueves 22 de agostoCuarta parte79%
Jueves 29 de agostoQuinta parte100%

SOBRE EL AUTOR


Mo Yan durante la Feria Internacional del Libro 2019 en Lima, Perú. Foto de Miguel Yovera.
Mo Yan no es un autor desconocido para el Club de la Buena Estrella. En 2013, publicamos un resumen de sus datos biográficos. En ese mismo mes, transcribimos la entrevista de Bernhard Zand al autor chino, publicada en Der Spiegel. En ella, Mo Yan nos da sus agudas valoraciones sobre la literatura y la política. El Premio Nobel 2012 también sorprende con unas impactantes revelaciones de la manera muy personal en que se ve involucrado en la historia que nos cuenta en Rana. 

Comparto con ustedes un breve vídeo del autor durante un conversatorio celebrado en la Universidad de Los Andes, Colombia, en 2015.


Quedan cordialmente invitados a leer con nosotros Rana de Mo Yan, nuestro libro del mes en el Club de la Buena Estrella. ¡Felices lecturas!

2 comentarios :

  1. Me tomé mi tiempo para escribir este mensaje, porque quería ser justa con Mo Yan, por ese dejé pasar el tiempo para tomar un poco de distancia.
    Primero quiero reconocer que en realidad me gustó la lectura, no digo que fue súper fácil de leer, pero tampoco considero que fuera una batalla por dejarme atrapar en el libro. Quizás fueron circunstancias más mías las que hizo que no tuviera mucha constancia en la lectura (no leí todos los días de agosto, debo ser sincera). También debo confesar que no soy partidaria del aborto, más que en una causal: cuando está en peligro la vida de la madre. Pero, no voy a discutir con ustedes mi posicionamiento en este tema, solo quiero expresarlo como dato curioso.
    Bien, entremos en materia.
    Creo que Rana es una historia bien escrita, y que no trata de ser moralizante. Desde mi perspectiva, Mo Yan nos describe la política de un solo hijo de la manera más cruda que puede, pero sin decir "está bien" o "está mal". Por eso es que, para mí, el personaje de la Tía no es juzgado duramente por Renacuajo, sino que más bien trata siempre de suavizar la dureza de la Tía.
    Debo decir que Renacuajo es un personaje con el que no logro empatizar, quizá porque lo considero demasiado blandengue. Simplemente se deja llevar por la vida y no asume ninguna posición ante ella. Ni siquiera cuando su esposa vuelve a embarazarse no trata ni de defenderla ni de enojarse con ella. Lo único que le importó en ese momento fue su carrera. Y luego, cuando lo casan con Leoncita, tampoco asume una postura a pesar de que en el proceso sabe perfectamente que estaba dañando a un amigo. De hecho, si voy a ser sincera, me cae mal el tipo.
    La Tía... creo que a ella solo la puedo entender desde el concepto de "banalidad del mal" de Hannah Arendt. Esta autora acuñó el concepto en el libro que escribió sobre el juicio de Eichmann que se llevó a cabo en Jerusalén. Arendt utilizó el término "para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias de sus actos, sólo por el cumplimiento de las órdenes. La tortura, la ejecución de seres humanos o la práctica de actos «malvados» no son considerados a partir de sus efectos o de su resultado final, con tal que las órdenes para ejecutarlos provengan de estamentos superiores" (wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Banalidad_del_mal)
    De esta forma, Arendt trata de explicar el comportamiento de aquellas personas que pueden participar en actos horrendos, pero que no pueden ser clasificados como personas "malas" por naturaleza o que no perciben el mal en sus acciones porque lo único que es importante es seguir las órdenes que se les dan. Sí, es un concepto discutible, como lo es todo sobre la faz de la tierra. Pero a mí me ayuda a entender a la Tía: si la alejamos de su rol en el cumplimiento de la ley China sobre la natalidad, no podemos encontrar a alguien que podamos clasificar de naturaleza malvada. Sí, es un personaje de carácter fuerte y apasionado que va a hacer lo que sea con tal de cumplir con lo que se le ha encomendado (la manera en como trata a la anciana que era partera en el primer parto que asistió lo demuestra). Pero también está la dimensión de la Tía buena partera que trajo al mundo a "miles" de niños y niñas, la que cuidó de sus madres, la que mejoró el sistema de salud para las madres y sus hijos, la que donó su sangre en un intento de salvar las vidas de las mujeres que ella misma obligó a abortar.
    (1/2)

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  2. Esa dualidad de este personaje (buena y protectora/dura y verduga), es la que hace que solo la pueda entender como un ejemplo claro de la banalidad del mal. Ella no obliga a abortar a las mujeres porque disfrutara de esta acción, Lo hacía porque estaba convencida en que tenía que contribuir con el desarrollo de la China y no solo de su país, sino del mundo (en un momento explica que el mundo se podría hundir por el peso de la población china). En fin, lo que persigue -por medio de actos totalmente violentos- es hacer cumplir la Ley. En este sentido, la Tía se vuelve en juez y en ejecutor, imperturbable, recta, y con un alto sentido ético (no deja aún que su parentesco con Renacuajo interfiera en el cometimiento de su deber). Y logra implementar la ley por medio de actos que son totalmente duros, pero que están en consonancia con su carácter: derriba árboles centenarios y con profundo significado para una familia, amenaza con derribar un vecindario entero, en fin, no le importa los medios con tal de cumplir con su fin (medio maquiavélica la señora.
    Mientras leía, en realidad comprendía ¿la denuncia? de Mo Yan: en un país tan grande como China tuvieron que existir miles, millones de Tías que ayudaran a que solo se tuviera un hijo, costara lo que costara. Si esto funcionó, no pudo ser sin la intervención de fiscalizadores. De otra manera, hubiera fracasado por completo.
    Y acá entra también en juego la ideología. Mao fue un líder indiscutible y su manera de gobernar no se aleja de lo que llamamos gobiernos totalitarios. En este contexto, y entendiendo lo que realmente significó la Revolución Cultural, podemos entender la razón de la motivación de la Tía para implementar lo que el Gobierno pidiera. Teniendo un padre que fue leal a su país, sin importarle que su esposa e hija hubiesen sido capturadas por el enemigo japonés, no es de extrañar que Tía pusiera por encima de sus inclinaciones las directrices del Partido Comunista Chino. De hecho, se nos dice que durante la Revolución Tía fue cuestionada por la deserción de su novio. Después de semejante puesta en duda de su lealtad, debía demostrar, a toda costa, que era una buena ciudadana.
    Por esto es no puedo tildar de mala a la Tía o de que me cae mal, porque el contexto donde se desarrolla el personaje me obliga de manera imperativa a ponerle matices.
    Y creo que en realidad ella, sino hubiera existido esta ley, no hubiera nunca pensado en el aborto como control de natalidad (quizá sí en otros contextos), porque el final del libro lo revela: pone a su esposo a hacer muñecos de los niños abortados por ella. Para mí esta acción es la que realmente da a conocer lo que ella hubiera querido hacer: que todos los niños y niñas hubieran nacido. Y aún más: su insistencia porque Leoncita y Renacuajo tuvieran un bebé en su vejez también -para mí- es un claro ejemplo de este deseo por la vida. En realidad, la Tía queda dividida entre su naturaleza y el seguir la Ley. Gana esto último porque su carácter se impone: Tía jamás podría ir en contra de las leyes; para mí: su vida tiene sentido solo dentro de una sociedad. Y si esa sociedad le exige ser verduga, pues lo hará.
    Como último comentario: la obra de teatro de Renacuajo es la cosa más "tediosa y redundante" que he leído en mi vida. Ni siquiera voy a comentarla.
    Y bien. Por esa complejidad del personaje de la Tía, porque me hizo pensar en matices en vez de juicios al estilo "blanco o negro", es que me gustó esta lectura, y puedo decir que volvería a leer a Mo Yan,
    Gracias Henry por esta propuesta!
    Karla Rodríguez.
    (2/2)

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