martes, 3 de diciembre de 2019

Series CBE: Viñetas de una biografía (III)



Art Spiegelman, METAMAUS (2011) Reservoir Books.

Para seguir hablando de cómics, sin perdernos en MAUS, y cómo presentar el cómic de una 'paciente' psicótica que tuve que atender este 2019
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"¿Hasta dónde puede llegar un cómic?”

Fue una pregunta que surgió de manera inmediata por los comentarios de Daniel Ortiz (casi gurú, casi mentor, casi etéreo, casi profeta) acerca de MAUS.
- Estoy casi seguro – se encorvó aún más, y unió las manos frente a la nariz – que Spielberg, tuvo que haber leído MAUS para hacer La Lista de Schindler – dijo eso, y el sol de un domingo terminó de oscurecer sus lentes. Me sonrió y cambió de tema; muy probablemente dijo algo sobre Lovecraft – A todo esto, ¿que pénsas de Shub-Niggurath?  

¿Hasta dónde puede llegar un cómic?

(De manera alternada a este post, usted amable lector, puede disfrutar del desmadre de cómic realizado por 'nosotros' - debido al terror que me causa escribir 'YO' - para discutir un asunto central de MAUS: las caras ratón. El título del experimento es: LA INTRICADA(N) SITUACIÓN DE HACER UNA MÁSCARA SALVATRUCHA. se recomienda que amplíen la imagen)


Los cómics han logrado convertirse en anomalías literarias. Si la crónica periodística fue en algún tiempo una quimera que poco a poco ha logrado encontrar su espacio dentro de la enorme ciudad de las letras, los comics son ahora esos desvaríos literarios que intentan usurpar espacios donde se yerguen las narrativas; probablemente el excesivo interés de la industria cinematográfica en los cómics de superhéroes, ha condenado a este arte a una marginalidad y al simplón comentario de considerarlo: bobo y fútil. “Solo son muñequitos” dicen los detractores, tambaleándose pretenciosamente por el peso de la ‘buena literatura’, y no hay que olvidar que llevan la cara torcida de Harold Bloom, aunque seguramente ni han oído hablar de él. 

Will Eisner, Jack Kirby, Alan Moore, Neil Gaiman, Chris Ware, y, en este caso, Art Spiegelman, son algunos de los nombres en los que recae la responsabilidad de que los cómics alcancen nuevas fronteras dentro del campo de la literatura; una revisión de los galardones de estos autores, o el interés político-social que han recibido sus trabajos, son señales de una marginalidad que se ha vuelto central.
Si Spielberg leyó o no el cómic es cosa que no hay manera de comprobarlo; pero que el comentario de Daniel Ortiz partiera de la íntima relación del cine con el arte de la secuencia serial – concepto de Will Eisner –  es algo por lo que estoy dispuesto a escupirme con cualquiera. El cómic le ha brindado al cine muchos aportes sobre el uso de la óptica y/o perspectiva; la deuda del cine con los cómics es inmensa. Las complicaciones que puede generar esta aseveración con La Lista de Schindler, radican en el grado de resonancia afectiva – o ‘humanidad’/’humanismo’ – que el filme logra alcanzar, y que espontáneamente, el prejuicio que ofrece un libro que juega las de ser un compilado de tiras de domingo, pretenda ser la partícula gestante de una sensibilidad como la que emana de la película de Spielberg, nos parece, más que locura, algo bobo y superficial; igual que todos los cómics (“O sea, ¡men! son muñequitos, estamos hablando de el holocausto, y lo peor que son ratones”). Pero esa sensibilidad en la película, si bien tiene una carga moral, funciona por una poderosa construcción de planos y perspectivas, en las que términos como el encuadre o la profundidad, no solo suponen estética, una buena fotografía, sino un elemento moral, ético. Es decir, que la sensibilidad específica de La Lista de Schindler es un efecto por el trabajo óptico que está en el uso de la cámara y el montaje cinematográfico.
El texto al interior del circulo del enclaustramiento, es una perorata sobre cual debería de ser la máscara de los salvadoreños, tomando en cuenta las representaciones de Art Spiegelman
Una de las secuencias del filme, con alta carga ‘comiquera’, es la transición de la ‘niña de rojo’ caminando en medio del moribundo gueto; suponiendo que esta transición se hubiese llevado a de una forma distinta, por ejemplo: la niña hubiese sido negada de esa particularidad del color rojo, y hubiera aparecido en escala de grises al igual que todos, la niña hubiese quedado soterrada en la indiferencia del espectador, disminuyendo la fuerza emocional de la escena misma; de haber sido de esta forma, el filme hubiera sido mucho más crudo y quizá más real, ya que la ‘niña de rojo’, como la mayoría de las víctimas de grandes masacres, terminan muertos en fosas, cubiertos de lodo y viseras, y en ese sepulcro todos tienen el mismo color, ahí adentro nadie brilla, todos son exactamente eso: cualquiera, uno más, o nadie. Lo característico del arte en el cine es lo que los autores de historietas habían descubierto desde hace mucho tiempo, ya que viéndose desprendidos de la precisión y acertividad (o cantidad) del texto, llamados a entregar un producto de uso popular, se vieron en la obligación de hacer que una imagen hiciera lo mismo que hacen las palabras (lo mismo aplica para la catedral gótica); no por nada, las valoraciones eruditas del cine siempre están dirigidas el uso primordial de la imagen por sobre el diálogo: "que los actores hablen cuando la imagen ya no tenga nada que decir..." o algo similar decía Hitchcock en la entrevista con Truffaut.
Steven Spielberg, La Lista de Schindler (1993). 'La niña de rojo'. 

Con la alteración cromática,
hay una sensible modificación en el proceso de la sensibilidad.

MAUS se introduce en muchos terrenos: biografía, crónica, historia, ficción. Las curiosidades nos arrastran a pensar en las razones que llevaron a Spiegelman para presentar una cuantiosa cantidad de temas dentro de un medio que, aparentemente, no posee una determinada solvencia artística o rigurosidad, o al menos cierta seriedad, de tipo esnobista, para hacer efectivo el mensaje que se quiere comunicar. La gente se mira fácilmente discutiendo la postura de Heidegger sobre el nazismo, pero nunca han pensado lo alegré e instructiva que sería una plática de nazismo si se hablara de Capitán América o de otros ridículos héroes en Take That, Adolf! de Jack Kirby. Un filme o libro, en ese sentido, a pesar de moverse en el lenguaje de la ficción, goza de una u otra forma de la facultad de la verosimilitud; cosa que parece estar divorciada, o al menos distante de los cómics. Si no me creen, uno se ve más propenso a citar a Orwell, con la Rebelión en la Granja, que a Batman: Dark Knight Returns de Frank Miller, Dan Dare de Gerry Finley-Day, o Judge Dredd de John Wagner, en lo que respecta al tema del fascismo. 

Take That, Adolf! (2017).
 Comic recopilatorio de las historietas realizadas por Jack Kirby entre 1941-1945.

Primera aparición del Capitán América (1941), de Jack Kirby & Joe Simon.
Para no detenerme en las implicaciones políticas y sociales de este cómic, dejó este enlace:
https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/La-importancia-de-la-imagen-del-Capitan-America-golpeando-nazis-20170827-0027.html

(Y a continuación, un poco más, pero nunca menos, de esta innecesaria historia llamada: LA INTRICADA(N) SITUACIÓN DE HACER UNA MÁSCARA SALVATRUCHA).


MAUS, con su imagen y texto, composición y color – porque blanco y negro no es ausencia de color – reconstruye vida, historia, hipótesis sociales, ideología, cultura y subjetividad, mejor que lo que un libro o un filme puede lograr. Reconstrucción en función de experiencia, de porción de tiempo. El cómic por la independencia y comunicación que genera entre la narrativa visual y la escrita, permite poner en evidencia, de manera simultánea, todos los elementos que confluyen en una situación que muchas veces no pueden ser percibidos de manera inmediata en su realidad manifiesta. Que MAUS ocupe ratones, que MAUS sea realizada en un formato de diario dominical, que MAUS parezca más un garabato, no es una condición meramente estética, es el arte en función de una interpretación moral de la realidad, y que en MAUS es mucho más que la realidad misma, si bien la idea aplica para la palabra caricatura, también funciona para el concepto meta realidad. 


(Aquí 'maté' dos veces más a Roque Dalton: dibujandolo, y mutilando el 'poema de amor'. Pero el estaría de acuerdo con que los muertos 'aguantan' cualquier cosa).

Cuando terminé de leer MAUS la primera vez, ya hace varios años, sin saber si era cierto o no, le dije a Daniel Ortiz que en efecto tenía razón: Spielberg había leído MAUS. 
No es mi intención con esta entrada dar mi opinión (desbocada) sobre MAUS. Este mes de diciembre, para los miembros del CBE, se llegó el momento de afrontarlo. Habrá tiempo ahí, en ese localito burgués que siempre me deja la intención postergada de comer un chocolate, para hablar de un cómic soberbio, titánico, cuya genialidad es solo una pretensión en muchas novelas y estudios serios, que una vez inmersos en esos mares de masacres, cultura, biografías y política, se ahogan, naufragan, y piensan que un dibujito podría haber servido mejor para explicar las cosas tan complicadas, serias, bobas y fútiles, del nuestro mundo.

MAUS sirve en esta entrada sólo como propaganda, para manifestar la versatilidad y el alcance del cómic para abordar y superar la realidad. Esto último, muy probablemente, no lo sabía una ‘paciente’ psicótica al momento de historiar un delito a través de la imagen y el texto. El trabajo en el que me desempeño desde hace un par de años, jamás lo vi como un catalizador entre lo que me vi obligado a estudiar y lo que realmente he estudiado Nunca me vi pensando que después de escuchar sobre los diferentes modos en que puede suceder una violación en los pequeños cuerpos de las niñas, en la experiencia de enamoramiento que aún puede palpitar en una mujer aún después de casi morir estrangulada por su pareja, en lo sencillo que resulta extorsionar a alguien con la debida construcción argumentativa, me terminaría encontrando un testimonio, un registro psicológico detallado, un reconstruccion hechos, una interpretación de conductas, una denuncia: un cómic. Un cómic para el uso forense. 





(DICE: ¡NO PUEDO!, pero mi caligrafía sufre al dibujar)



No estoy haciendo una pausa en el desarrollo de la propia biografía, advertí que mi intención era seguir una línea cronológica, pero es la imagen de MAUS y la de esta ‘paciente’ psicótica, que me tienen aquí, escribiendo a más de veinte años de la Biblia de Bruguera y El Progreso del Peregrino, pero sin duda en el mismo camino. 
***

En la siguiente entrada trabajaremos el cómic de esta persona, de las que brindaré algunos comentarios orientativos sobre el caso, teniendo el cuidado de no dar demasiada información que termine por individualizar a los comprometidos, ya que el caso posiblemente tenga vigencia judicial, cosa que sería algo así como una… severa ilegalidad, pero siendo irónicos: más es una falta que un delito. Futura entrada deberá de ser tomada explícitamente como el contacto y el análisis de un trabajo artístico (y escribo esto, por si pasa que algún abogado o Juez llega a leer esa entrada, entienda que ha sido escrita y presentada con fines didácticos, ya que al decir que algo es educativo, parece que solapa toda pretensión de alboroto, chambre e ilegalidad): ¡Pota, solo con este párrafo tengo para que me despidan! 

En fin, qué le vamos a hacer...

#YOLO.




a.e.-



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