domingo, 5 de enero de 2020

Narraciones CBE: Cuerdas

Monumento al Niño Miguel, onubense prodigio de la guitarra flamenca. 
Sentado en la barra de un bar de Huelva, el turista melancólico fuma su cigarro y bebe de su vaso de cerveza. Hace algunos minutos que el ambiente se nutre de la música proveniente de la guitarra desvencijada de un viejo vagabundo. El melodioso lamento que emana de la caja de madera es mágico y envolvente. La ejecución raya en una pulcritud inusual, sobre todo viniendo de dos fuentes inesperadas: un instrumento visiblemente desgastado y un virtuoso en evidente estado de desgracia, en claro desperdicio. Ni siquiera alguna falseta mal venida desentona en ese armónico derroche de recuerdos olvidados, sueños truncados, razones incomprendidas, gritos acallados, corazones estrujados y sentimientos desparramados. 

Demasiado espectáculo para un bar de poca monta —​piensa el turista—​, demasiada alma para tan poco cuerpo, demasiado flamenco para los oídos indiferentes de ese público escaso y desabrido que nunca dio palmas, zapateos ni compás; demasiado arte para mal venderlo por algunos duros.

Al terminar la pieza, el viejo vagabundo se pasea por entre las mesas en busca de unas monedas de reconocimiento. Lo escuchado es impagable. El turista presiona su cigarro contra el cenicero, pone en pausa su cerveza y se vuelve para extenderle al viejo su buena voluntad. 

Al tiempo de encontrar la expresión agradecida en el tímido y envejecido rostro, el turista descubre también, maravillado, que la deteriorada guitarra del vagabundo solo tiene tres cuerdas…

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