sábado, 3 de julio de 2021

El reino de este mundo | Alejo Carpentier

 


«Todos los árboles se acostaron, de copa al sur, sacando las raíces de la tierra. Y durante toda la noche, el mar, hecho lluvia, dejó rastros de sal en los flancos de las montañas».
Alejo Carpentier | El reino de este mundo


Queridos amigos,

Hemos llegado al libro 193 en nuestro club de lectura. Se trata de El reino de este mundo del escritor cubano Alejo Carpentier, el cual resultó ganador en nuestra viñeta País/Región/Caribe Insular.

Gracias a todos los que votaron por esta opción. Sin duda un libro bien valorado por la crítica internacional y por educadores de algunos países que lo han incluido en su cánon académico. 

Algunos de estos críticos han calificado esta obra como "realismo mágico", no obstante, en su prólogo, el propio autor lo describe como «real maravilloso» o maravilloso real que, grosso modo, implica un sentido de sorpresa frente a lo inusual e inesperado, o un fenómeno improbable que se puede manifestar de diversas formas: naturalmente, como resultado deliberado de la manipulación de la realidad, por la percepción del artista, o por intenciones sobrenaturales. 

Lo maravilloso, según comenta Carpentier en su prólogo, comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una alteración de la realidad (el milagro), de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a modo de «estado límite». La sensación de lo maravilloso presupone una fe; el que no cree en santos no puede curarse con milagros de santos.

Carpentier, ya muy alejado de los surrealistas, concluye que «lo real maravilloso» es patrimonio natural de Latinoamérica, porque

¿Qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?

VIÑETA PAÍS REGIÓN

Esta es una viñeta que tiene como objetivo hacernos explorar las obras literarias que por las barreras del idioma, la distancia geográfica o las implicaciones mercadológicas de las editoriales, no suelen llegar con facilidad a nuestra región.

Cada año modificamos el país o la región de la cual seleccionamos nuestra lectura. Es así como hemos podido conocer obras de escritores procedentes de países como Nigeria (Chinua Achebe), Australia (Paul Cleave) o Polonia (Stanislaw Lem), entre otros. 

A veces, la intención de la viñeta es elegir una nación de la que ya hemos leído algún representante, pero cuya colección de autores y obras es tan vasta que bien vale la pena repetirse. 

En otras, como en esta ocasión, es simplemente para corregir una omisión que ya nos resulta penosa como club.

¡¿Pero en serio no habíamos leído autores originarios de Cuba?!


SINOPSIS

Esta novela narra, a través de la voz del esclavo negro Ti Noël, el tránsito que sufrió Haití al pasar a convertirse de colonia francesa gobernada por blancos a una nación negra regida por el primer monarca coronado del Nuevo Mundo. Recrea los acontecimientos que, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, precedieron y siguieron a la independencia haitiana.

En una atmósfera lujuriosa y sensual que delata el barroquismo y el realismo mágico de su autor, este relato nos permite conocer las rebeliones de Mackandal, las aventuras de Pauline Bonaparte, así como la tiranía del rey negro Henri Christophe.


Novela calificada por Mario Vargas Llosa como «una de las más acabadas que haya producido la lengua española».


DIVISIÓN DE LECTURAS

Convenientemente, el libro está estructurado en cuatro partes, cada una de las cuales será comentada en los jueves de Julio destinados para su discusión.

Los esperamos siempre en nuestras reuniones virtuales vía Zoom.

¡Ojalá no se pierdan estas interesantes sesiones!





EL AUTOR

Alejo Carpentier (Lausana, Suiza, 1904 - París, 1980) Novelista, narrador y ensayista cubano con el que culmina la madurez de la narrativa insular del siglo XX, además de ser una de las figuras más destacadas de las letras hispanoamericanas por sus obras barrocas como El siglo de las luces.

Sobre su biografía existen lagunas y contradicciones. Según el propio autor, nació en La Habana, fruto del matrimonio de un arquitecto francés y una pianista rusa, y se formó en escuelas de Francia, Austria, Bélgica y Rusia. Tras su muerte se empezó a documentar una biografía muy distinta que sitúa el nacimiento del autor en Suiza, procedente de una familia humilde que emigró a Cuba y se instaló en el pueblo de Alquízar, donde el futuro escritor trabajó como repartidor de leche.

Su obra literaria se enmarca entre lo "real maravilloso" y el surrealismo. En 1933 publicó en Madrid su primera novela ¡Ecué-Yamba-Ó!, aunque su madurez literaria es evidente en El reino de este mundo.




¡Felices lecturas!

Fuentes:

- Wikipedia.

- www.clubdelabuenaestrella.net

martes, 1 de junio de 2021

Vigilancia permanente | Edward Snowden


Después de la inusual experiencia de leer y comentar dos libros de poesía seguidos a lo largo de mayo, este mes de junio iniciamos la lectura de Vigilancia permanente del estadounidense Edward Snowden, libro elegido para nuestra viñeta de No ficción.

Ha pasado un año desde que leímos la última biografía en el CBE (Una educación de Tara Westover) y aunque ya hemos leído varias novelas que incluyen una sutil o declarada carga biográfica o autobiográfica, el libro de Snowden es probablemente el octavo en nuestro historial de lecturas que puede ser clasificado como tal. Quizá la diferencia fundamental de nuestro libro de junio con respecto a sus predecesores (Confieso que he vivido de Pablo Neruda, Persépolis de Marjane Satrapi, El cuerpo en que nací de Guadalupe Nettel, El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, Crónicas de Bob Dylan, La dama de los velos de Mauricio Orellana Suárez y el ya mencionado Una educación de Tara Westover) es que aun cuando es posible encontrar elementos de identificación con todos ellos, la  problemática señalada por Snowden en Vigilancia permanente traspasa los límites de los líos individuales, las vivencias personales y los fenómenos políticos particulares de un país, para abordar una realidad global que, la conozcamos o no, termina por afectarnos a todos. Ergo, debería importarnos. Al menos lo suficiente como para estimularnos a dedicarle nuestro tiempo y atención por los próximos treinta días. Luego cada quien sabrá.

Sinopsis

«Me llamo Edward Snowden. Antes trabajaba para el gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo.»

En 2013, Edward Snowden, responsable de la mayor filtración de inteligencia en la historia, sacudió al mundo revelando que el gobierno estadounidense tenía la capacidad de leer cada correo electrónico, escuchar cada llamada y entrometerse en los rincones de la vida privada de todos y cada uno de los ciudadanos del mundo.

En Vigilancia permanente, Snowden desgrana por primera vez por qué lo hizo, cómo ayudó a construir un sistema de vigilancia masivo y la crisis de conciencia que le llevó a destaparlo todo y poner en jaque al sistema. Como resultado de aquello, se inició una caza y captura internacional que a día de hoy sigue abierta.

Un protagonista fascinante, ingenioso y con una mente prodigiosa convertido a lo largo de su vida en soldado, analista de inteligencia, agente de la CIA y, ya en el exilio, en activista por el derecho a la privacidad. Un libro que nos alerta sobre la deriva autoritaria de los Estados, que denuncia la colaboración entre el espionaje y las grandes multinacionales de la era digital y que destapa cómo nos vigilan y de qué manera se comercia con nuestra información personal. Porque como anuncia Snowden en su libro, «la lucha por el derecho a la intimidad es la nueva lucha por nuestra libertad».

Quedan cordialmente invitados a leerlo y comentarlo a lo largo del mes. ¡Felices lecturas!

¡Un abrazo y feliz lectura!


FICHA DEL LIBRO





DIVISIÓN DE LAS LECTURAS





EL AUTOR


Edward Snowden nació en Elizabeth City, Carolina del Norte, y creció muy cerca de Fort Meade, Maryland. Ingeniero de sistemas de formación, sirvió como agente de la CIA y trabajó como experto informático para la NSA. Un joven prodigio que con veinte años ya estaba al cargo de la seguridad nacional, que con 21 se alistó en el ejército y estuvo a punto de entrar en los Navy Seal; que a los 24 fue reclutado por la CIA y ejerció de agente en Viena; y que los 29, escandalizado por el uso que el Estado estaba haciendo de nuestra información más íntima, decidió revelar a la prensa la red de vigilancia masiva para así ponerle fin. Ha recibido numerosos premios por su servicio público, entre ellos el Premio Right Livelihood, el German Whistleblower Prize, el Ridenhour Prize en la categoría “Truth-Telling” y la medalla Carl von Ossietzky de la Liga Internacional por los Derechos Humanos. Actualmente es presidente del comité de dirección de la fundación Freedom of the Press. 

FUENTES

Wikipedia

- www.planetadelibros.com




domingo, 2 de mayo de 2021

El iris salvaje | Louise Glück

El iris salvaje de Louise Glück será la primera lectura de poesía en el CBE desde el año 2007.  

 "Ahora, querida clase, aprenderán a pensar otra vez por sí mismos. Aprenderán a saborear las palabras y el lenguaje. A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. [...] Les contaré un secreto. Acérquense. ¡Acérquense! No leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos".

El fragmento anterior, un parlamento del profesor John Keating (Robin Williams) extraído de la película de 1989 La sociedad de los poetas muertos, vino a mi memoria mientras pensaba en la manera de introducir las lecturas 190 y 191 en el Club de la Buena Estrella. Los libros elegidos para este mes de mayo de 2021 son El iris salvaje y Averno, ambos de la poeta estadounidense Louise Glück, ganadora del Premio Nobel de Literatura el pasado mes de octubre.

Robin Williams en La sociedad de los poetas muertos (1989).

La lectura de El iris salvaje, obra galardonada con el Premio Pulitzer de Poesía de 1993 y con la presea William Carlos Williams concedida por la Sociedad de Poetas de América un año antes, supone un hito en nuestro club por ser el primer libro de poesía que leemos desde octubre de 2007, cuando fue incluido en nuestro programa de lecturas El día interminable del autor salvadoreño Jorge Galán. 

Desde aquel año, por una u otra razón, el Club de la Buena Estrella se ha enfrascado en la lectura de novelas, cuentos, crónicas, biografías y otros géneros y subgéneros, haciendo a un lado la obra poética. No han sido pocas las veces en que Loida Pineda, una de las fundadoras de nuestro club y amante de la poesía, ha propuesto volver a la lectura del género, pero hasta ahora sus iniciativas no encontraron eco en el grupo. La voluntad del club, expresada en la elección democrática de nuestros libros, ha probado ser implacable en el veto a los poetas. Si este año la señora Glück se ha colado en nuestro calendario, solo ha sido gracias al hecho de que la lectura del Premio Nobel, al margen de quien lo ganara, ya estaba predefinida para este mes de mayo. Ergo, leeremos poesía por un acto de la Providencia o bien de la Academia Sueca.

Esta reticencia hacia leer poesía por parte de nuestro club (y me atrevo a decir que la misma actitud predomina en la sociedad en general) me ha hecho pensar un poco en las causas y en las consecuencias de semejante soslayo. Me parece que en buena medida se debe a que muchos estamos prejuiciados por ideas bastante generalizadas que asocian y limitan la poesía a lo cursi y romántico. Vivimos además en un mundo vertiginoso y apabullante, pletórico de información y de distracciones, donde cada vez hay menos espacio para la contemplación. En ese contexto la lectura en general compite en clara desventaja contra muchas otras actividades que acaparan el tiempo de las personas. Y no es extraño entonces, que cuando finalmente se concede espacio para leer, la mayoría valore mejor un libro de formación, superación o mero entretenimiento, antes que uno de poesía.

Pero, ¿qué es la poesía? ¿Por qué leerla? Según la omnisapiente Wikipedia, la poesía es un "género literario considerado como una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa". Leer esa definición me hizo recordar la gran cantidad de veces que en las reuniones del club hemos comentado sobre las frases bonitas que rescatamos de un libro. Es evidente que muchos de nosotros valoramos no solo una buena historia sino la manera en que está contada, la belleza lírica, el uso armonioso de las palabras y la musicalidad de una frase bien construida. ¿No les parece contradictorio que luego digamos que no somos de leer poesía? 

En una entrevista que el escritor Rafael Menjívar Ochoa hizo en 2008 al poeta y narrador Jorge Galán, este último argumenta que "la poesía es varias cosas, la poesía es música, la poesía es ritmo, la poesía es cadencia, la poesía es revelación, la poesía es un acto de magia". Nótese que la definición de poesía de Jorge es prácticamente un poema. Y si retornamos al inspirador profesor Keating de La sociedad de los poetas muertos, este dice que "la poesía más hermosa puede ser sobre lo más simple, como un gato, una flor o la lluvia. La poesía puede ser acerca de cualquier cosa con poder de revelación. Solo no deje que sus poemas sean ordinarios". Nuestra autora del mes remata diciendo que "los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado."

¿Nos animamos entonces a tirar los muros de nuestros prejuicios y hacemos un breve espacio en nuestras vidas para la contemplación y el aprecio de la belleza? Los invito cordialmente a la lectura del primero de los dos cortos libros de Louise Glück, que a punto estuvimos de no conseguir a tiempo, merced a la escasez de ejemplares por las disputas legales entre la autora y Pre-Textos, la editorial española que viene publicando su obra traducida al castellano desde mucho antes de que la ganadora del Nobel obtuviera fama y reconocimiento mundial, en el veredicto de la Academia Sueca "por su característica voz poética, que con su austera belleza hace universal la existencia individual".

Vuelvo, para cerrar esta introducción, al personaje del profesor John Keating citando un poema de Walt Whitman, una poderosa y emotiva respuesta a la pregunta medular y existencial que todos alguna vez nos hemos hecho en la vida: 


¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!

de sus preguntas que vuelven,

del desfile interminable de los desleales,

de las ciudades llenas de necios.

De mí mismo, que me reprocho siempre 

(pues, ¿quién es más necio que yo, ni más desleal?).

De los ojos que en vano ansían la luz, 

de los objetos despreciables, 

de la lucha siempre renovada,

de los malos resultados de todo,

de las multitudes afanosas y sórdidas que me rodean.

De los años vacíos e inútiles de los demás, 

yo entrelazado con los demás.


La pregunta, ¡oh, mi yo!,

la pregunta triste que vuelve 

- ¿qué de bueno hay en medio de estas cosas, 

oh, mi yo, oh, vida? -


Respuesta:


Que estás aquí,

que existe la vida y la identidad,

que prosigue el poderoso drama 

y que tú puedes contribuir con un verso.

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FICHA DEL LIBRO



DIVISIÓN DE LAS LECTURAS



LA AUTORA

Louise Elisabeth Glück (Nueva York, 22 de abril de 1943)

Poeta estadounidense en lengua inglesa. Fue la duodécima poeta laureada (2003-2004) por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El 8 de octubre del 2020 se anunció que ganó el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la decimosexta mujer en recibir el galardón.

Se licenció en 1961 por la George W. Hewlett High School en la ciudad de Hewlett, Nueva York. Posteriormente asistió al Sarah Lawrence College en Yonkers (Estado de Nueva York), y a la Universidad de Columbia. En 1993, ganó el Premio Pulitzer de poesía por su poemario El iris salvaje.

Ha recibido también el National Book Critics Circle Award por Triumph of Achilles (El triunfo de Aquiles), el Premio de la Academia Americana de Poetas por Firstborn (El Primogénito), así como numerosas becas Guggenheim. En este momento vive en Cambridge, Massachusetts, y desarrolla actividades de docencia en el departamento de lengua inglesa del Williams College en Williamstown, Massachusetts. De forma paralela, imparte clases en la Universidad de Yale y fue profesora invitada en la Universidad Industrial de Santander en Bucaramanga.

Louise Glück es autora de once libros de poesía, entre los que se incluye Averno, The seven ages, Vita Nova, por el que fue galardonada con el Premio de Poesía de The New Yorker, Meadowlands, The Wild Iris (El iris salvaje), que recibió el Premio Pulitzer de poesía y el Premio William Carlos Williams de la Poetry Society of America, Ararat que recibió el Premio Nacional de poesía Rebekah Johnson Bobbit; y The triumph of Achiles que recibió, entre otros, el National Book Critics Circle Award. The First Four Books es una compilación de su poesía temprana.

También ha publicado una colección de ensayos, Proofs and Theories: Essays on Poetry (1994), que recibió del PEN Club Internacional el premio Martha Albrand de literatura de no ficción. La editorial Sarabande Books publicó en formato de bolsillo un nuevo poemario constituido por seis partes, titulado October. En 2001 la Universidad de Yale concedió a Louise Glück su premio de poesía Bollingen Prize, que concede de forma bienal a un poeta destacado por su obra. Entre otros galardones y honores se incluyen el Lannan Literary Award, el Sara Teasdale Memorial Prize, la Medalla al mérito del MIT, el Premio Wallace-Stevens​ y diferentes ayudas y becas a la creación de instituciones como la Guggenheim y la Rockefeller.

FUENTES

- Wikipedia

- Tribulaciones y asteriscos 

viernes, 23 de abril de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XX/Final/Epílogo)






Encontré el librito de La Montaña Donde Ascienden Las Luces y Otras Historias En Una Tierra Sin Nombre en el baúl de mi abuelo. El libro se encontraba en perfectas condiciones, probablemente restaurado. 

Si los detalles de la impresión no mienten, el libro parece ser del siglo XVI o XVII; lo cual vendría a corroborar las fechas que aparecen en su interior. Sobre los datos que contiene el libro, en especial los de los cabalistas Cordovero y Luria, y también las referencias a John Dee, se puede encontrar la suficiente información en la web y en bibliotecas para certificar su verosimilitud. De Maximiliano Ravidabia sólo existe un portal en internet que expone, de manera fragmentada, parte del Tomo VI de su Partum Magnum Mysterium. Salvo por este librito, y la entrada Web, en nuestro país no hay rastros del tal Ravidabia.

Del lugar al que se refiere el texto, así como de la montaña, no hay datos que hayan sido recabados  posteriormente; ni en tratados de viajes, geográfico o de navegación. 

El descubrir un libro como este en los cachivaches familiares, lo que quisiera averiguar es cómo es que mi abuelo logró hacerse de este ejemplar y qué interés podría tener él en los escritos de un místico, sabiendo la ligereza, más no escepticismo, que tenía para tratar estos temas. 

Mi abuelo nació en 1932 en San Vicente. Es legado familiar una historia de mi abuelo, en la que se cuenta que en 1934, con sólo dos años de edad,  le dio la mano al presidente Maximiliano Martínez en uno de los viajes que el militar hizo al interior del país. Creció en Apastepeque, no concluyó la educación media, se casó, tuvo cuatro hijos y perdió a uno. Fue entrenador de fútbol de un equipo de Sacacoyo conocido como el San Francisco, y el resto de su vida la dedicó a trabajar en ANTEL. Escribió un pequeño libro de poemas y fábulas que terminó publicando en el 2005; solo imprimió 500 ejemplares. Nunca nada de lo que él escribió me ha logrado gustar. 

Y en todo lo que escribía, sin importar su relevancia, siempre firmaba, con el uso de una estilográfica, como: 

Maximiliano Alfonso Blanco Molina R. 

Hasta el día de ahora, nadie sabe en la familia que significa la R.


-a.e, Mejicanos, 2018.




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Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XIX)







Testimonio de Froilán Puigdorfila sobre lo que sucedió en la parte alta de la Montaña donde ascienden las luces.


Froilán Puigdorfila es el nombre al que he respondido desde siempre. Se puede saber con certeza de mí porque en mis brazos llevo marcas hechas con tintes de islas olvidadas cerca de las indias, porque mi pierna derecha carece de un trozo de carne, porque mi cabello está trenzado en cuatro partes y porque llevo en mis orejas dos aretes; uno de oro y uno de plata. Mis padres han sido el barco y la mar, fuera de ellos no tengo familia. Durante años he servido a Nuestro Señora de Almudena debido a deudas con el capitán. En este último viaje tomado en Ragusa hemos encontrado con la tripulación una región extraña, desconocida, incluso para mí que navegar ha sido mi vida.

En este naufragio fui enviado por el capitán a obedecer al pasajero de mantos negros, Maximiliano Ravidabia. Hombre de cuidado, debido a los fantasmas que rondan su alrededor. En esta empresa hemos andando por la tierra durante días, buscando explicación para las luces que ascienden sobre una Montaña. En esta empresa hemos perdido a dos marineros y otro perdió la cordura. En esta jornada hemos sido testigos de un país que no tiene nombre, de criaturas extrañas, de pueblos malditos y de señales que no son de los hombres. No soy versado en el arte de la escritura, porque mis talentos se encuentran guardados para el mar, pero me fue solicitado que hiciera de escriba para dar testimonio de lo que vimos en la Montaña.

Llegamos junto a Ravidabia a la parte alta. Ordoño, el artillero, aguardó pasos atrás junto a Pelayo de Urries. En ese lugar alto no hay vegetación; estaba recubierto el suelo de piedras como las que se vieron en la playa. Desde la altura de la Montaña era visible el mar, el fin del mundo. El sol aún no había salido pero el lugar estaba repleto de claridad. Observando hacía la ruta que hicimos con la compañía todo me era oscura, pero mi vista no me traicionó; a lo lejos divisé una mancha en el mar, era nuestro barco que venía buscando la Montaña por la vía del agua.

Maximiliano Ravidabia me tomó del brazo y me miró a los ojos. En todo este tiempo entre hombres, no vi hombre con tal mirada. Mirada que esconde una tristeza más vieja que el tiempo pero que es devuelta en sonrisas. Mirada que abarca un vacío, pero que a su vez es el espacio donde emerge la vida. Mirada que confiesa la sencillez del corazón que descansa bajo la piel de un hombre sabio. Mirada que era, no del hombre inusual que creí, sino de uno más como nosotros. Mirada de un hombre común, hombre que comparte el pan y la cerveza, hombre de juegos y adivinanzas, hombre que come con sus manos, hombre que cuida de los suyos, hombre tan pecador como lo somos nosotros. Ante esa revelación mi corazón fue sorprendido por el fuego de Dios que quemó mis huesos y entrañas. Intenté decirle tanto a Ravidabia pero de mi boca solo salieron palabras sin sentido, llanto y dolor.

Preso de una pena de espíritu, Maximiliano Ravidabia me dio consuelo. Noté que de sus ojos brotaban lágrimas y su rostro dibujaba una sonrisa. Aquel instante de hermandad se vio interrumpido, varios hombres se acercaron a donde estábamos. Rodeado por estos hombres, vi que todos estos podían ser los que dijo él señor Guijarro, los hombres que pasaron por su pueblo. El grupo de hombres, que no eran más de diez, eran similares a Maximiliano Ravidabia. Similares en rostro y estatura, algunos hasta en cabello y barbas, pero ninguno lo era en edad y ropas. Creo que de ser todos estos igual que Maximiliano Ravidabia venían de otros lugares. 

Una vez congregados, el Maximiliano Ravidabia que yo conocí, puesto en pie, fue hacia el centro del lugar. Varias aves volaban en círculos, y al oriente vi al sol salir de manera magnífica, así como lo hicieron los reyes de la antigüedad se elevaban en medio de su pueblo. La luz del sol y el ardor dejado por mi llanto poco me permitieron ver lo que sucedió después. Aquí vi que, en el centro, Maximiliano Ravidabia ascendía al cielo, como esas historias que aparecen en las Sagradas Escrituras. Alrededor de él brillaban millares de luces que se unían en comunión de luz con el sol. Una vez alcanzó la plena ascensión, fui testigo de cómo el manto negro de Ravidabia, manto de eremita y pordiosero que cubría su cuerpo, fue convertido en manto escarlata; manto precioso. 

Vi rosas crecer en las piedras, y vi al guardián de la Montaña correr entre mariposas y montar las espaldas de una bestia blanca; está, lucía tal contrario de la fiera que capturó a Comares para el ritual en el valle. Exaltado el hombre el sol lo tragó todo. Su luminosidad me dejó ciego y grabó una imprenta en la oscuridad de mis ojos, pues al cerrarlos o al dormir, veo un enorme rostro dorado y sonriente, tal medallón robado de las arcas del más rico de los galeones. Perdí el conocimiento y quedé tendido en las piedras.

Ordoño fue quien me asistió, subió a la parte alta llamado por las luces que ascendieron horas antes del amanecer. Me sirvió agua y agradecí, y fueron los agradecimientos las primeras palabras que yo proferí a alguien de la tripulación de Nuestra Señora de Almudena. Ordoño se regocijó al escuchar mi voz, y me entregó el cuaderno en el que ahora escribo. 

Dice el artillero que pasadas las luces vio aquí a un hombre parecido a Maximiliano Ravidabia, que le dijo dónde encontrar el cuaderno dentro de las cosas dejadas por él en nuestro campamento en la Montaña.

También dijo que este hombre le mandó a dejar la Montaña porque el barco estaría en la costa cercana esperando, y que el capitán ya tenía ruta en dirección a Castilla. Ordoño también me hizo saber que este hombre solicitó de mí el que yo escribiera lo que presencié en la Montaña; que escribiera en las palabras que más fácil fueran a mis costumbres. Terminado mi testimonio, y al estar en Castilla, tenía yo que buscar en la tierra de Córdoba a un hombre llamado el Ramac a quién le entregaría este cuaderno. Una vez cumplido, su agradecimiento sería eterno para conmigo.

Todo cuanto se me pidió, todo así será hecho. No obstante, he de comentar, que luego de que Ordoño me entregara detalle sobre mis tareas, yo le pregunté por la semblanza del hombre que relaciono con Maximiliano Ravidabia. Ordoño solo supo responder que, en una cosa, este hombre era diferente a Ravidabia: en lugar de usar un manto negro llevaba sobre su cuerpo un manto escarlata; y añadió, que el hombre que le visitó era el mismo que vimos en la playa los primeros días en esta tierra sin nombre. 



Froilán Puigdorfila, 1569? - 1570?


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Nota del editor al cierre de este cuaderno


En el año 1571 me encontraba en Córdoba en casa de la familia de rabí Moshe Ben Jacob Cordovero, conocido entre los suyos como el Ramac. Llegué para avisar sobre la muerte de éste en Safed, así como dar por terminados algunos de sus compromisos. 

Una noche, mientras nos encontrábamos con la familia del Ramac compartiendo la comida, alguien tocó la puerta. Atendí el llamado y vi que era un hombre alto, de fuerza como toro, que irradiaba paz en su rostro. Se presentó como Froilán Puigdorfila, antiguo delincuente de mar y actual siervo de Nuestra Señora de Almudena. Le invité a pasar, pero este solo extendió su mano y me entregó un cuaderno, mentando que era de Maximiliano Ravidabia; viejo amigo del Ramac, de gran conocimiento, presto a la terquedad y soberbia, y de excelsa belleza de corazón. 

El marinero dijo que fue voluntad de Maximiliano Ravidabia entregar este cuaderno al rabí Cordovero, el cual tomé en su nombre. Agradecí e intenté pagar los servicios con unas monedas las cuales fueron denegadas por el hombre. 

He leído aquí las cosas que Ravidabia ha compilado en su diario de viaje, y resultan enriquecedoras sus elucubraciones alrededor de esa tierra que no tiene nombre, y más aún de las cosas que sucedieron en la parte de alta de La Montaña donde ascienden las luces. Más será de ayuda este cuaderno a la mística de la Cábala que a otras ciencias o técnicas, pues la agudeza de mente de Ravidabia, adornada de los dones de un niño, ofrece al cabalista afirmación y pistas de cómo avanzar sobre este jardín que tantos senderos posee. 

Me he atribuido el trabajo de imprimir parte del cuaderno de Maximiliano Ravidabia, preservando su lenguaje e intención, y organizando sus venturas con la ubicación de pequeños títulos al inicio de cada segmento del viaje. Es en lo escrito por Froilán Puigdorfila, donde tuve que intervenir en busca de consonancia y significado, pero he procurado preservar la nobleza de sus palabras.

Este cuaderno es el vivo testimonio del misterio del hombre natural que en todo es sobrenatural. 



Isaac Luria, Safed, 1572.












Dar adoración y gloria a la luz del Ein Sof, que de esta ha venido a nosotros el Árbol y el Carro de Fuego, camino de la salvación. I.L.A. Imprimióse el presente libro de LA MONTAÑA DONDE ASCIENDEN LAS LUCES Y OTRAS HISTORIAS EN UNA TIERRA SIN NOMBRE, revisado por Juan Navarro. Año MDLXXII.








Próximo Capítulo 

Epílogo

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Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XVIII)




De la piedra verde cerca de lo alto de la Montaña y de la aparición del guardián.

Salimos del pueblo llegadas maitines. Una helada brisa trotaba en el ambiente y se escuchaban animalillos tarareando sus baladas. Íbamos a caballo, excepto Ordoño que cedió su montura para el enfermo Pelayo de Urries; los escalofríos de su enfermedad le arrancaban palabras que sonaban tal grimorio y hechicería. 

Por lo que se preveía, el camino a la Montaña estaba libre de peligros, pero no era este motivo para andar con tranquilidad, ya que existía un mal posible en la Montaña del que fuimos avisados.

Era tiempo de atardecer cuando el trecho final apareció; y el camino se vio interrumpido. Divisé una gran piedra verde que brillaba por efecto de su humedad impregnada. No avanzamos porque el monolito reiteró el recuerdo de que faltaba una prueba más; aún quedaba encarar el rostro del guardián de la Montaña. Demonio o ángel, el guardián tenía por deber vigilar el acceso a la Montaña. Abandoné el caballo y con movimientos cautelosos me dirigí a la piedra. En ella no se divisaba inscripción o grabado que sirviera de instrucción. Dispuse probar si en la piedra había función alguna y di unos pasos más allá de su sitio. Caminé un poco y una voz llenó la Montaña, silenció con su grandeza el ruido de la vida; tal era su inmensidad que hasta mandó a callar al mismo viento. 

La voz no era como la que dicen haber tenido los dragones, ni mucho menos era voz de demonio u hombre, era la voz de una niña la que detuvo el tiempo. Me preguntó si había traído yo la ofrenda. Retrocedí hasta la roca con mi cabeza inclinada. Disponía arrodillarme ante la voz del guardián de la Montaña y esta me ordenó permanecer erguido, aseverando que no era dios o Ser mayor para recibir gestos de sometimiento; al guardián sólo requería la ofrenda que yo debía de poner frente a la roca verde.

Habré pensando en entregar mis ropas o los caballos, incluso en entregar mi vida, ya que la vida podía ser parte de esos intercambios y tratos que los hombres suelen hacer con las entidades mágicas y sagradas para obtener su favor, pero solo hubo algo que pudo convencerme para ser usado como ofrenda. Basado en el comentario del guardián, su aparente sencillez demandaba el ingenio para permutar de cosas pequeñas en grandes. Pedí a Ordoño que me acercara la bolsa que cayó del regazo de nuestro compañero enfermo. Con toda la dedicación clerical de la que en pasados días me tuve que valer, puse los frutos animales frente a la piedra. 

Por un momento nada se escuchó en la Montaña y mientras se extendía el mutismo que precede a la catástrofe, el guardián carcajeo.

Esperamos a que el guardián nos hablará mientras estábamos arrodillados cerca de la piedra. Adelante, en el sendero, vimos dos niñas; de edad en la que se ha abandonado el pecho. Las dos caminaban hacia nosotros, descalzas, apacibles. Vestidas de blanco, tomadas de la mano, se acercaban cantando cosas que solo en la tierra de las hadas se puede escuchar según la tradición. 

La primera niña llegó a nuestros caballos y les acarició. Los animales respondieron con el afecto propio de las bestias. La segunda niña se acercó a los alimentos que dejé frente a la piedra, y de sus ropas blancas extrajo una bolsita roja en donde los guardó. La primera niña abandonó a los animales y se mantuvo fija en nosotros, con especial detalle a mí persona. El guardián, que era la primera niña, sonrió cuando encontró mi mirada y en ese momento todo lo que concierne a mí le tuvo que ser revelado. Puso sus pequeñas manos en mi nariz, y del contacto una enorme mariposa azul salió revoloteando en el aroma dulce que exprimía cada movimiento de la niña. El guardián, que es la segunda niña, después de haber guardado la bolsa de los alimentos, posó su mano en el lugar donde estuvo la ofrenda. Vimos como en medio de roca y tierra germinaron flores de color púrpura. Tal fue el encantamiento que hasta las ramas de los árboles cerca de la roca verde dieron flores que cayeron al reventar. El guardián se tomaron de la mano y regresó de donde vino. 

Estando a la distancia, las dos niñas nos llamaron con sus manos para seguirlas. La Montaña estaba abierta a nuestros pasos.

Desde la última luz del atardecer, y con la ayuda de la fogata donde Ordoño cuida de Pelayo de Urries, he logrado escribir lo que esta tierra nos ha permitido ver. Tierra que me ha mostrado el profundo misterio que funde la vida y la muerte, el tiempo y la eternidad. Estoy a punto de partir a la cumbre de la Montaña en compañía de Froilán Puigdorfila. Tendré que ausentarme nuevamente del hábito de la escritura por desconocer lo que arriba pueda estar esperando y lo que será de mí una vez esté arriba. Guardo en mí el deseo de encontrar lo que Dios haya dispuesto a la búsqueda, y estoy claro que antes del tesoro que aquí podría residir, en mi alma descansa verdadera esperanza, tremenda fe y el amplio perdón; virtudes en las que creía y de las que me vanaglorié haber entendido, pero que han aparecido en estas tierras para enseñarme su verdadero corazón. 

Sabrá Dios qué tipo de hombre soy ahora que dispongo a subir a la Montaña. Espero que Dios esté de acuerdo conmigo, que aún y mis muchos pecados, he logrado aprender que mi debilidad es el lugar donde su poder se manifiesta. 

La próxima vez que escriba en estos cuadernos será para revelar el misterio de las luces que ascienden la Montaña. 

Que Dios perdone nuestros pecados. 


Amén.


Maximiliano Ravidabia, 

en la Montaña donde ascienden las luces, 1569? - 1570?






Próximo Capítulo 

Testimonio de Froilán Puigdorfila sobre lo que sucedió en la parte alta de la Montaña donde ascienden las luces.

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Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XVII)





De como Pelayo de Urries enloqueció. Lo encontrado en una bolsa y que luego sería de gran utilidad en la Montaña donde ascienden las luces.  

El grito de Pelayo de Urries era un llamado de ayuda. Lo encontramos con Ordoño tirado en las ruinas de una casa hablando lenguas ignotas y empapado por la fiebre. Le intenté cuestionar, pero este no acataba palabras. Ordoño me hizo saber que una carreta transitaba cerca de nosotros, y antes de que prestara sus esfuerzos en la búsqueda de ella, le detuve. Estaba seguro de que aquella carreta era responsable de lo que sufría Pelayo de Urries. Le dije a Ordoño que era menester llevar a nuestro compañero a la iglesia blanca, evitando caer en la tentación de conocer qué es lo que venía y traía la carreta. Levantamos a Pelayo de Urries y del regazo cayó una bolsa de gruesa tela, revisé el contenido y ahí habían huevos; eran parte de las provisiones de las que el compañero se privó. 

Entramos en la iglesia que ya estaba iluminada gracias a Froilán Puigdorfila, y pasamos la noche sin dar con el reposo. Afuera escuché el sonido de una carreta rodeando la iglesia.



Próximo Capítulo 

De la piedra verde cerca de lo alto de la Montaña y de la aparición del guardián.

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