domingo, 14 de marzo de 2021

Series CBE: La Montaña Donde Ascienden Las Luces (XIII)



Contemplación de la naturaleza y exaltación a Dios en el camino. 


Procuramos más el viaje que el descanso. En la medida que nos adentramos a la tierra ganamos confianza. Aprendimos a encontrar alimento y procuramos distribuir con ecuanimidad las provisiones otorgadas por el buen Guijarro, al que mantengo en mis oraciones. 

En el camino encontramos terreno y vegetación que refleja las maneras en que sucede cada estación y se manifiesta la temperatura. De pronto se es abrazado por una calidez que hace al cuerpo reposar, luego a pocos pasos, sin señales en el cielo de la blanca nieve, uno puede llegar a congelarse; cuando menos se espera, uno está bañado en sudor. En esta variedad se agregan las alternancias del terreno; se puede hacer llano, se eleva entre rocas, se deja caer en agujeros parecidos a las guaridas de los gusanos infernales. Los bosques de esta región son muchos. Los hay de pequeños árboles, los hay de arbusto, los hay de árboles gigantes. Cada nuevo día llega y la tierra despierta envuelta de espesa niebla donde la luz dibuja sombras. El sol no desaparece ante la llegada de nubes negras, porque este siempre encuentra el espacio para brillar, y después de cada tormenta queda marcado en los cielos la promesa de buena voluntad de Dios para con la humanidad. 

El mandato de Dios está aquí. En esta tierra todo crece, la vida se expande y retumba. En esta nueva tierra he evocado el recuerdo del viejo mundo. Héroes andando sobre los pasos de los dioses, voces de titanes estremeciendo el cielo y la delicadeza de la magia que no deja de tejer los lenguajes que unen a todas las cosas sin que estas dejen de ser lo que ya son. Esta tierra es arcana de la historia de los hombres, y podrá ser, si quiere, el eje del mundo, tierra santa donde veríamos al Jesucristo negro andar por sus veredas, cargando en su oscuridad el precio de la pureza de este insólito lugar; Jesucristo negro que otorga, en su injusta condena, esperanza en lo que es imposible esperar, misericordia en lo que es imposible perdonar y fe de lo que no se puede creer. ¿Habrá el primero de nosotros sentido lo que yo sentí, al ver este mundo tan vasto y perpetuo, cuando salió del polvo en la que fue concebido? ¿Habrá Dios derramado las lágrimas que yo derramé al darse cuenta de que la creación excedió su eternidad?

Aquí la grandiosidad de Dios, que siempre es exuberancia de él mismo, y también es ciego para reconocerlo. Ya que todo es más grande que Él, siendo Él más grande que todo.  





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